Apuntes para la "memoria"
En Buenos Aires, frente a la ESMA, se ha levantado un muro, y en él se han grabado los nombres de miles de desaparecidos. ¿Qué sucedió para que se diera semejante matanza?
Como nada sucede sin una causa que lo explique, trataremos de sintetizar la línea histórica que une este tristísimo resultado con las causas que lo hicieron posible. Nada sucede porque sí.
La causa remota de estos sucesos tiene que ver con el bando al que la Argentina debía incorporarse durante la Guerra Fría: o se unía al bloque capitalista y más o menos democrático que encabezaba Estados Unidos, o decidía unirse al bloque comunista que encabezaba la URSS (Rusia y sus aliados). La declamada tercera posición era cada vez más difícil de mantener y, en ese ajedrez mortal que enfrentaba a las dos superpotencias, cada país era una ficha sumamente valiosa.
La causa próxima de este proceso tiene que ver con la revolución cubana. La isla estaba gobernada por un corrupto dictador, Fulgencio Batista, quien entregó los intereses cubanos a los peores elementos de la mafia norteamericana, que la convirtieron en un lugar ideal para la explotación laboral, la prostitución y el juego.
En 1953, un grupo de universitarios nacionalistas, encabezado por Fidel Castro, inició una rebelión que, por cinco años, sólo consiguió modestos avances. Sin embargo, el pueblo fue tomando conciencia de que estaba apoyando a un gobernante indigno, que terminaría siendo abandonado, incluso, por EE. UU.
El descrédito moral de Batista facilitó que los guerrilleros, hasta entonces parapetados en los peñascos de Sierra Maestra, descendieran al llano y, encabezados por el médico argentino Ernesto "Che" Guevara, el 1 de enero de 1959, entraran triunfantes en La Habana.
El nuevo gobierno, encabezado por Fidel Castro, inicialmente estaba integrado por una amplia coalición, ideológicamente heterogénea, que realizó una admirable tarea en el campo de la alfabetización de los campesinos, de la reorganización del sistema educativo y de la atención sanitaria de toda la población. Hasta aquí, todo bien.
Los conflictos comenzaron cuando Castro empezó a expropiar las propiedades urbanas y a llevar adelante un proyecto de reforma agraria igual al modelo vigente en la URSS. Poco a poco, todas las industrias y comercios comenzaron a pasar a manos del Estado cubano; entre ellas, las empresas azucareras y de electricidad de origen estadunidense. Muchos cubanos comenzaron a fugar a Florida y las relaciones con Estados Unidos se tensaron fuertemente.
Luego de un intento de invasión a la isla realizado por sus opositores con ayuda norteamericana, Castro se proclamó marxista leninista y pidió apoyo económico y militar a la URSS, que, por supuesto, se lo dio, y, entre otras cosas, instaló los misiles nucleares que provocarían una recordada crisis con Estados Unidos.
El triunfo de la revolución cubana ejerció un fuerte impacto en toda América Latina y, especialmente, en la Argentina. En muy poco tiempo, se fueron diseñando, respecto de Cuba, dos posiciones completamente enfrentadas:
1) Para unos, Cuba era la prueba de que el comunismo se estaba extendiendo y ningún país de América Latina debería aceptarlo sin presentar batalla. No podían aceptarse sus banderas (el ateísmo, el estatismo absoluto, la abolición de la propiedad privada, del sistema democrático y de las libertades políticas).
Para frenar el avance comunista, EE. UU., por medio de John Kennedy, impulsó la Alianza para el Progreso, para ayudar al desarrollo de los países más débiles y ofreció asistencia militar y doctrinaria a todos los ejércitos latinoamericanos en la Escuela de las Américas, en Panamá.
En algunos países, se hicieron reformas para disminuir la agitación social y restar impacto a la propaganda sobre el modelo cubano. Sin embargo, miles de jóvenes latinoamericanos eran invitados a la isla, para que vieran los éxitos que se estaban logrando y luego volvieran a sus países, para exportar la revolución socialista.
El grupo mayoritario estaba firmemente opuesto a que el régimen comunista de Cuba fuera implantado en la Argentina.
2) Para otros, Cuba era el ejemplo perfecto de un socialismo comunista exitoso, y era la única alternativa para salir del subdesarrollo latinoamericano, inevitable si se seguía bajo la órbita de EE. UU. Pensaban que, con el modelo cubano, habría casa, trabajo, educación y salud para todos. Pero también estaban seguros de que las burguesías nacionales harían lo imposible para impedir el cambio de estructuras y, debido a eso, habría que dejar de lado las formas democráticas y acceder al poder directamente por las armas, como en Cuba. Por eso había que crear organizaciones armadas para hostigar y, con el tiempo, destruir los ejércitos nacionales. Ganarían el apoyo de las masas una vez que, gracias a las armas, estuvieran en el poder; los éxitos las convencerían.
En la Argentina, los grupos que querían imponer el modelo marxista cubano crearon cuatro ejércitos ilegales: FAR, FAP, ERP y Montoneros; este hizo su aparición pública secuestrando y asesinando al ex presidente defacto Pedro Eugenio Aramburu, al ex ministro del Interior Arturo Mor Roig, al secretario general de la CGT y representante personal de Perón, José I. Rucci, y otros. Eliminaron a militares, periodistas y políticos que se opusieron a sus objetivos.
Muchos integrantes de estos grupos armados habían recibido entrenamiento militar en Cuba, Argelia o Líbano. Las armas las conseguían asaltando policías, comisarías o regimientos.
El accionar de estos grupos se inició bajo gobiernos militares; por eso, Perón creía que, con un gobierno democrático, se quitaría justificación a la violencia y volvería la paz. Pero eso no fue así y por eso el choque fue tan inevitable como cruel.
Como la guerrilla urbana había pasado a la clandestinidad, podía golpear con impunidad, razón por la cual el gobierno democrático de entonces respondió con la misma metodología, creando la Triple A, que, bajo la dirección del ministro de Bienestar Social, José López Rega, ejecutó a cerca de mil quinientos presuntos guerrilleros. Esta es la primera manifestación del terrorismo de Estado.
Muerto Perón, la sensación de caos y de vacío de poder llevó a las Fuerzas Armadas a intervenir. Lo hicieron convencidos de que se había iniciado una Tercera Guerra Mundial no declarada entre el mundo comunista y el capitalista; de hecho, había guerrilla activa en casi todos los países del mundo, incluidos, por ejemplo, Italia, Alemania y Japón.
Por otra parte, la extrema debilidad del gobierno democrático de entonces y la declaración hecha por el Ejército Revolucionario del Pueblo de que Tucumán era un "territorio liberado" de las autoridades nacionales y provinciales parecían exigir actitudes decididas.
Lo que sucedió después del 24 de marzo fue más de lo mismo, pero fuertemente potenciado. Se respondió al terror guerrillero con más terror. Se pensó, con criterio militar, que una situación de violencia sólo podía ser eliminada con un poder destructivo devastador y que, para ello, todos los medios quedaban justificados. El tiempo del diálogo y la persuasión había finalizado.
Y se usaron todos los medios: el secuestro, la tortura para sacar información, los campos de concentración, la desaparición de personas, la simulación de ejecuciones, los asesinatos, etc.
Semejantes métodos lograron, en pocos años, el resultado militar esperado, pero fue una tragedia que no tiene antecedentes en nuestra historia. Desde el punto de vista moral, nunca un fin bueno (establecer la ley y el orden) justifica el uso de medios malos. Pero en las guerras, lo que se persigue es la efectividad, aunque esté reñida con la moralidad.
La década del 70 fue una tragedia, donde todos los actores sociales, por acción u omisión, tuvieron parte de responsabilidad; es una herida abierta que exige una lectura absolutamente honesta de lo que sucedió, para que nunca más vuelva a repetirse.
Ese período está lleno de lecciones. No hubo asesinos buenos y asesinos malos: hubo asesinos; unos y otros.
Hegel nos recuerda que los pueblos que no conocen los errores de su pasado están condenados a repetirlos.
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Humberto Guglielmin ([email protected]) es docente; reside en nuestro medio.