Bahía Blanca | Sabado, 30 de agosto

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Vaca Muerta acelera hacia la meta del millón de barriles diarios

La producción de hidrocarburos alcanzó niveles inéditos en un cuarto de siglo, con récords sucesivos, nuevas inversiones y proyectos.

La industria energética argentina atraviesa un momento de expansión que redefine su papel en la economía nacional. 

Con la producción de petróleo y gas en los niveles más altos desde fines de los años noventa, Vaca Muerta se consolidó como el corazón del nuevo ciclo de crecimiento y se prepara para cumplir una meta largamente esperada: alcanzar el millón de barriles diarios de crudo hacia el final de la década.

Las cifras muestran el cambio de escala. En julio, la extracción nacional de petróleo llegó a 811.200 barriles por día, el mayor nivel desde 1999. 

En Neuquén, epicentro de la formación no convencional, se alcanzó un hito histórico: 529.291 barriles diarios, lo que significó romper por primera vez la barrera del medio millón, con un detalle decisivo: el 95% de ese volumen provino de desarrollos no convencionales.

El incremento se da en paralelo con el gas. La producción alcanzó los 160,6 millones de metros cúbicos diarios, un registro comparable a los niveles de comienzos de siglo. 

La expansión estuvo apalancada por el aporte de Fortín de Piedra, yacimiento operado por Tecpetrol, que este año alcanzó un récord de 25 millones de metros cúbicos por día. La compañía, que fue protagonista del boom gasífero, decidió ahora diversificar y acelerar su perfil petrolero con el desarrollo de Los Toldos II, un bloque con cuatro horizontes productivos que se proyecta a largo plazo.

En paralelo, Pan American Energy viene desplegando una estrategia paciente pero de gran alcance. 

La compañía trabajó durante años en desriesgar y conocer a fondo la geología de sus áreas para luego iniciar el escalamiento. 

Hoy produce 30.000 barriles diarios en Vaca Muerta, con infraestructura de tratamiento y evacuación en operación. 

El siguiente paso, según el diario La Nación,  es el desarrollo masivo, un proceso que requiere más equipos de perforación y fractura, logística integrada y tecnología de punta. 

Además, abrió un frente innovador en Cerro Dragón, el campo convencional más grande del país, donde incursionó en el shale con resultados alentadores y planes de nuevos pozos horizontales de hasta 3.000 metros.

Estos avances se dan en un marco de alta exigencia. Los costos de perforación y completación en Argentina son hasta un 45% superiores a los de Estados Unidos, lo que obliga a maximizar eficiencia. Las operadoras impulsan una transformación cultural: incorporar tecnología a la operación cotidiana y transferir conocimientos directamente al personal de campo. 

El objetivo es bajar costos y ganar competitividad en un mercado global que no perdona ineficiencias.

La macroeconomía también condiciona

Con un precio del Brent en torno a 67 dólares, por debajo del promedio de 80 del año pasado, los márgenes de rentabilidad se reducen. 

A esto se suman las retenciones del 8% a las exportaciones, las limitaciones para realizar coberturas financieras y un costo de capital elevado respecto de otros mercados. 

Aun así, el atractivo geológico de Vaca Muerta y la magnitud de sus reservas sostienen el interés de las empresas.

El momento del GNL

El horizonte más ambicioso está en el gas natural licuado. 

Con proyectos de GNL en marcha, la industria ya planifica inversiones del orden de los 25.000 millones de dólares: 15.000 millones para plantas de licuefacción y otros 10.000 millones para asegurar el abastecimiento de los primeros barcos. 

El potencial exportador es significativo: se calculan divisas por 15.000 millones en los primeros cinco años de operación.

En el corto plazo, la mirada está puesta en dos objetivos inmediatos. El primero es superar el récord histórico de producción de petróleo de 1998, cuando se alcanzaron 840.000 barriles diarios. 

Con el ritmo actual, esa marca podría quedar atrás antes de fin de año o en los primeros meses de 2026. 

El segundo es sostener la actividad a un nivel suficiente para perforar entre 400 y 420 pozos por año, condición necesaria para alcanzar el millón de barriles diarios hacia 2028 o 2029. 

En un escenario optimista, con más de 600 pozos anuales, la producción podría incluso crecer un 50% adicional.

Oleoducto hasta Puerto Rosales y Bahía Blanca

La infraestructura empieza a acompañar este crecimiento. 

El Oleoducto del Valle, cuya ampliación llevó la capacidad de evacuación hasta 540.000 barriles diarios por los puertos Rosales y Galván, liberó un cuello de botella clave. 

A medida que se sumen nuevas obras de transporte y almacenamiento, la producción podrá fluir con mayor facilidad hacia los puertos del Atlántico.

El impacto sobre la balanza energética es evidente. 

Con una demanda interna estabilizada en torno a los 530.000 barriles diarios, todo el excedente actual se destina a la exportación. 

Alcanzar el millón de barriles significará que el país estará en condiciones de exportar lo mismo que consume, una situación inédita en su historia.

Más allá de los desafíos de costos, precios y regulaciones, la tendencia es clara. Vaca Muerta pasó de ser una promesa a consolidarse como motor energético y productivo de la Argentina. 

Su capacidad para generar divisas, atraer inversiones y posicionar al país en el mercado mundial de hidrocarburos será decisiva en los próximos años. 

Un objetivo posible

El millón de barriles diarios ya no es solo una meta ambiciosa: es un horizonte alcanzable que marca el rumbo del desarrollo energético nacional.

El impacto trasciende lo estrictamente energético. Alcanzar la meta del millón de barriles diarios no solo significará mayores ingresos por exportaciones, sino también un cambio estructural en la matriz económica argentina. 

Vaca Muerta, además, se posiciona como vector de integración regional. 

Los proyectos de ductos hacia Chile, las terminales en la costa atlántica y las potenciales alianzas con países vecinos para exportar gas y petróleo refuerzan la idea de una plataforma energética sudamericana. 

En este escenario, la Argentina tiene en sus manos una oportunidad única: transformar sus recursos en un motor de crecimiento sostenible, capaz de proyectar competitividad más allá de los ciclos de precios internacionales.