Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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Diplomacia y profesionalidad

Gonzalo Puente Ojea, en un ensayo sobre El diplomático profesional, comenta que "decidir una profesión a la cual se dedicará toda la vida es, para una persona, decidir la clase de individuo que quiere ser". Momento trascendental para cada joven que debe decidir el ámbito de consagración de su vida. En este contexto, se entiende que la vida tendrá sentido cuando se la pone al servicio de una causa, de una tarea o de un quehacer. Es este el punto de partida de la vocación diplomática, cuyo único fin será defender el interés nacional, mejorar la imagen de nuestro país, difundir su cultura y bellezas naturales, promocionar sus productos, insertarse en el concierto internacional, entre otros, para bienestar de todos sus conciudadanos.

 Gonzalo Puente Ojea, en un ensayo sobre El diplomático profesional, comenta que "decidir una profesión a la cual se dedicará toda la vida es, para una persona, decidir la clase de individuo que quiere ser". Momento trascendental para cada joven que debe decidir el ámbito de consagración de su vida. En este contexto, se entiende que la vida tendrá sentido cuando se la pone al servicio de una causa, de una tarea o de un quehacer. Es este el punto de partida de la vocación diplomática, cuyo único fin será defender el interés nacional, mejorar la imagen de nuestro país, difundir su cultura y bellezas naturales, promocionar sus productos, insertarse en el concierto internacional, entre otros, para bienestar de todos sus conciudadanos.




 Las funciones básicas de un diplomático serán brindar información, prever situaciones y negociar. Para estas tareas, se necesitan habilidades naturales y adquiridas. En este sentido, se debe tener una habilidad específica para captar lo esencial de una situación, para luego informar. Según el mismo autor, la función informativa comporta dos cualidades: inteligencia observadora y honestidad informadora. La primera condición significa descubrir líneas de tendencia ordenándolas intelectualmente, teniendo de esta forma una idea clara de la situación, para que las autoridades puedan tomar decisiones. La segunda condición exige decir la verdad, aunque sea amarga. El diplomático debe ser veraz ante su propio gobierno y para con aquel ante el cual está acreditado.




 La segunda función del diplomático será la de prever acontecimientos. Metternich decía que el "diplomático debe tener el futuro en su mente". Ello no significa acertar un resultado, dentro de repertorio de lo posible, sino acotar la imprevisibilidad. Ser convincente e inspirar confianza exigen especiales cualidades de las que no puede carecer un diplomático.




 La tercera función sería la de negociar. Siguiendo al mismo autor, una información honesta y una previsión correcta concluyen o pueden concluir en una negociación oportuna. Es esta la culminación de un esfuerzo que permitirá concluir exitosamente una gestión diplomática.




 En las no fáciles tareas descriptas, el carácter, temperamento, formación y experiencia del funcionario diplomáticos son fundamentales. Para ello, el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), creado en 1963, ha estado formando profesionales para desempeñar las delicadas funciones, brindando previsibilidad, transparencia y proyección de futuro a la política exterior y a la gestión diplomática. El ISEN ha democratizado las posibilidades de ejercer las complicadas funciones descriptas. Ha puesto al servicio de los interesados la posibilidad de representar a nuestra Nación. Ha otorgado igualdad de oportunidades a los postulantes. A través del concurso público de ingreso, cursos de selección y, luego, de constante capacitación para todos los niveles de la carrera, el ISEN tiene la alta responsabilidad de preparar sus cuadros profesionales para brindar excelencia a las relaciones internacionales.




 El escenario internacional es cada vez más complicado; con la globalización, han surgido nuevos temas, que se interrelacionan y se retroalimentan. Con ello han surgido nuevos actores, nuevos interlocutores, que en algunos casos aclaran y en otros dificultan la comprensión de la problemática internacional.




 Algunos autores hablan de la "tecnificación" de las relaciones internacionales. Es así que, ahora, es necesaria una comprensión profunda de la actualidad, en un contexto político, económico y social determinado. Para hacer frente a este desafío, es necesario vocación, talento, conocimiento y preparación técnica. Tal como fuera manifestado por el embajador Miguel Angel Espeche Gil, "la idoneidad es el único requisito que la Constitución impone para el desarrollo de los cargos públicos. En las carreras jerárquicas --y la diplomacia una de ellas--, esa idoneidad es el resultado de la capacitación que sus integrantes adquieren gradualmente en el ejercicio de los sucesivos grados del escalafón".




 Luis Melo Lecaros consideraba la diplomacia como "la primera línea defensiva del país, de su seguridad e integridad territorial, de sus intereses y aspiraciones legítimas, y su acción debe inspirarse en el más puro patriotismo (...) sin deformaciones ni claudicaciones. El patrioterismo o "chauvinismo" desprestigia al patriotismo, que debe ser un sentimiento sólido y sereno".




 Sin duda, se trata de una profesión amplia, integral, que exige del interesado su más alta predisposición y su más alta entrega para afrontar las importantes responsabilidades ya mencionadas. La definición que se transcribe a continuación refleja el adecuado equilibrio entre profesionalidad y vocación: "La diplomacia exige del hombre/mujer su presencia física, su inteligencia, su simpatía, su ingenio, su tino, su idioma, su vida privada, sus familiares, su salud, su moral, su sagacidad, su valor, su arte, su lealtad, su resolución, su sensibilidad, sus pasiones, su tenacidad y sus costumbres cotidianas".




 Todas las cualidades y condiciones descriptas son elementos fundamentales para hacer valer el interés nacional sobre otros particulares y encuadrarlo dentro de estructuras jerárquicas respetuosas del orden político-administrativo. La ley del Servicio Exterior (N° 20.957) es sabia al legislar sobre el equilibrio entre las designaciones políticas, en forma excepcional, y el profesionalismo.




 Es evidente que "el pluralismo político que emana de los regímenes democráticos exige un cuerpo profesional activo, ejecutivo y neutro, regulado por criterios impersonales, que tenga una visión de largo plazo poniéndose al servicio de los grandes intereses nacionales". La ley del Servicio Exterior debe ser respetada en su integridad y sin condicionamientos.




 Es así que, a través de los cuadros profesionalizados y objetivos políticos ya descriptos, se puede garantizar la continuidad de una política exterior que sirva para insertar adecuadamente a la Argentina en el mundo y se convierta en una política de Estado, alejada de vaivenes políticos de corto plazo. Asegura Talleyrand que "en diplomacia, puede hacerse de todo, menos improvisar".




 La profesionalidad exige la defensa de las instituciones y su proyección futura. El cuerpo profesional del Servicio Exterior cree, practica y defiende la democracia como único medio de convivencia política. Sostiene que esta práctica está permitiendo a nuestro país una inserción internacional adecuada, en un contexto en donde la libertad, la justicia y los derechos humanos deben prevalecer, para bien de los pueblos que conforman la comunidad internacional.




 Desde 1963, el Instituto del Servicio Exterior de la Nación ha permitido no sólo formar y capacitar cuadros profesionales, sino, también, ha hecho que la carrera diplomática sea accesible a todo joven ciudadano que cuente con los requisitos exigidos, de idioma, título universitario y aptitudes diplomáticas. Lejos están los días de aquellos dichos de que la diplomacia era sólo para las familias tradicionales de Buenos Aires.




 En este contexto, en búsqueda de la excelencia profesional, se ha permitido extender las posibilidades de acceso a la diplomacia a profesionales del interior del país. Podríamos asegurar que la carrera diplomática se ha federalizado y democratizado. De esta forma, durante la consideración de los temas en cuestión, el servicio exterior tiene una voz amplia, federal y popular.




 La vocación y profesionalización ya descriptas van más allá de cumplir instrucciones y planes de acción. En su cumplimiento, se ponen en evidencia los servicios que los miembros del Servicio Exterior brindan a la comunidad empresarial, a la comunidad argentina en el exterior, la ayuda otorgada en caso de desastres naturales (Haití, Perú, Chile, entre otros, por nombrar algunos recientes), o las actividades de miembros de nuestro servicio exterior profesional en el fortalecimiento institucional, en defensa de la democracia y las instituciones. Prueba de ello ha sido la participación de colegas en procesos de paz internacionales, en la enseñanza y/o investigación en universidades y/o centros de estudios, en la publicación de libros o ensayos, extendiendo de esta forma el conocimiento sobre temas jurídicos, políticos, económicos, culturales, y/o sociales.




 Como conclusión de este breve ensayo, se podría asegurar que la tarea no es fácil y las responsabilidades mayores; por ello no se puede ni debe improvisar en la implementación de la política exterior. El cuerpo profesional del Servicio Exterior permanente sabe lo que debe hacer y tiene los medios y capacidad para hacerlo, sólo falta la oportunidad.

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Jorge Osella es ministro plenipotenciario de primera clase del Servicio Exterior de la Nación e integrante de la comisión directiva de la Asociación Profesional del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación (APSEN).