"Me duele, doctor..."
Si una persona se golpea un dedo martillando o se quema levemente con una comida le duele. Es un dolor momentáneo, pero imaginemos que ese dolor persiste día tras día, se suman las semanas, los meses e, incluso, los años. Ese dolor se transforma en el eje de vida de esa persona.
Es lo que describe el doctor Juan Carlos Flores, especialista en medicina del dolor.
"En este contexto, es una conducta inmoral del médico demorar o impedir la gestión de un profesional capacitado en aliviar a quien sufre", considera el medico, que se desempeña en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires y que preside la Fundación Dolor, una organización no gubernamental dedicada a impulsar normas para la atención de pacientes que padecen este mal.
Los médicos clasifican dos tipos de dolor: el crónico y el agudo.
El primero es producto de enfermedades, en general, originadas por padecimientos inflamatorios persistentes u oncológicos.
El dolor agudo es considerado también como un dolor fisiológico, dado que tiene una causa identificable.
Dentro del dolor agudo está, por ejemplo, el dolor posoperatorio, el que aparece después de una cirugía.
El 70 por ciento de las consultas médicas relacionadas con este tema surgen luego de una cirugía y están relacionadas con ellas.
Umbrales del dolor
Frente a los dolores existen distintas estrategias de tratamiento, cada cual con su capacitación específica: medicina de rehabilitación, psicofarmacología, psicoterapias, reumatología, medicación y hasta medicina alternativa.
Flores explica que hace veinte años la medicina probaba distintos esquemas analgésicos, ya que no había tantos recursos.
"Hasta era común --ejemplifica-- encontrar un paciente que ante tantos `me duele, doctor', recibían como respuesta `algún dolor había que tener'. Hoy la medicina del dolor se concentra en tratar de encontrar la causa del dolor para atenderla con la estrategia más correcta".
Existen distintos indicadores del dolor, scores, el funcionamiento de su físico, de su psiquis, su relación con su entorno, etcétera.
"Claro que hay uno que no siempre se tiene en cuenta y es preguntarle al paciente por su dolor. Por ejemplo, pedirle que él mismo lo califique en una escala de 1 al 10. De alguna forma --advierte Flores-- esto le devuelve el protagonismo y es un punto de partida indispensable para el
tratamiento".
El dolor es subjetivo y está relacionado con el "umbral de dolor" que tenga el individuo que lo padece.
Ese umbral es la intensidad mínima con la que un individuo es capaz de percibir un estímulo doloroso.
Existen factores psicológicos, físicos e, incluso, genéticos que pueden modificar la acción de las drogas usadas contra ese dolor y que recién ahora se están empezando a conocer.
"Algunas personas requieren para un mismo procedimiento mayor cantidad de analgésico que otras; los ancianos necesitan menos que las más jóvenes, los niños en proporción requieren más que los adultos: todo esto tiene que ver con cuestiones orgánicas", afirma el especialista.
Tipos de dolores
A grandes rasgos pueden identificarse tres causales del dolor: somáticos, viscerales o neuropáticos.
El dolor somático ocurre por la activación de los receptores celulares sensibles --nociceptores-- ubicados en tejidos cutáneos y profundos.
En general, puede adoptar dos formas: si el estímulo se localiza a nivel de la piel, entonces se habla de dolor superficial (por ejemplo un pinchazo), mientras que el que se produce a nivel muscular, óseo o del tejido conjuntivo ya es considerado como un dolor profundo.
El dolor de las metástasis óseas es un ejemplo de este tipo de dolor.
El dolor visceral resulta de la infiltración, comprensión, distensión o elongación de vísceras torácicas o abdominales.
Los estímulos generan un grado de dolor según el tejido o víscera que se trate.
Por ejemplo, el "dolor de estómago" es producido por inflamación, espasmo o trauma de la mucosa gástrica, representando el dolor visceral.
El dolor neuropático ocurre por daño al sistema nervioso central o periférico, por el crecimiento del tumor o por el tratamiento.
A diferencia de los dolores somáticos o viscerales responden al tratamiento en mayor o menor medida en forma efectiva, este dolor neuropático tiende a responder poco al tratamiento, haciendo su manejo difícil en algunos pacientes.
"Para que tenga sentido, el tratamiento debe tener en cuenta la causalidad del dolor y actuar en consecuencia", resume el titular de la Fundación Dolor.
Los mecanismos causales de dolor son varios y pueden presentarse aisladamente o combinados.
Esto implica que para su tratamiento pueda ser necesaria una combinación de medicamentos o procedimientos.
"Además --dice Flores-- hay que tratar los efectos del subtratamiento del dolor, ya que muchas veces la sobreabundancia de medicación produce efectos que son nocivos para la salud del paciente, produciendo un desequilibrio".
Cuando el dolor persiste
El dolor crónico se ha convertido en un problema grave que debe resolver la salud pública.
Estadísticas norteamericanas informan de 90 millones de personas que sufren dolor, poco menos de un cuarto de la población de ese país.
"Las consecuencias de estos padecimientos son fácilmente imaginables y abarca todos los planos, laborales, afectivos, familiares, etc.", explica el doctor Flores.
Es por ello que en Estados Unidos, y también en Francia, han proliferado nuevos centros multidisciplinarios para el dolor que prestan ese tipo de servicios.
También se han creado sociedades y organizaciones para coordinar y facilitar el análisis de los problemas asociados a esa asistencia.
En Francia, por ejemplo, ya han puesto en marcha políticas de salud sobre el tema dictando una ley que obliga al financiamiento del tratamiento del dolor.
Esas normas alcanzan a los financiadores del sistema de salud (obras sociales y prepagas) y, por supuesto, al ámbito de lo público.
La situación es muy distinta en la Argentina.
El sistema de Prestaciones Medicas Obligatorias implementado no contempla la medicación para el dolor en los casos crónicos.
Para el doctor Flores hay que cambiar esta situación.
"Este es una de los objetivos de la Fundación Dolor, impulsar un cambio en la legislación. Un tratamiento sólo es efectivo si puede garantizarse el acceso a la medicación correspondiente".
Actualmente, la Fundación Dolor, de la Asociación Argentina de Anestesiología, trabaja en conjunto con muchos hospitales públicos en centros de tratamiento del dolor crónico.
Dónde informarse
Para saber más consultar con la Fundación Dolor (www.fundaciondolor.org.ar) o en la Asociación Médica Argentina (www.ama-med.org.ar)