Se encuentra clausurado

Valentín Vergara, un instituto que fue modelo y hoy es olvido, abandono y ruinas

7/3/2021 | 07:00 |

Sufrió un incendio devastador en 2013. Desde ese momento, mucho se habló de recuperarlo o mudarlo, pero nada se hizo.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Audionota: Malena Ruppel 
Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Inmueble histórico de la ciudad, la casona de Almafuerte 737 alojó al primer instituto de menores de la provincia y fue, hasta 2013, un centro de contención.

   Hoy es un edificio en ruinas, abandonado, ignorado y descartado por la Provincia, que anunció en 2017 reemplazarlo por uno en su reemplazo y luego cambió de planes. Las imágenes captadas por fotógrafos de este diario dan cuenta de un final injusto y una muestra de desidia por parte de los responsables de atender este tipo de cuestiones.

   Se lo conoció hasta su último día de funcionamiento como “el Vergara” (en memoria del ex gobernador Valentín Vergara), un centro de recepción donde permanecían los menores involucrados en algún delito hasta tanto la justicia resolviera su situación.

   El último día de octubre de 2013 un incidente entre algunos de los siete internados originó un incendio en la centenaria vivienda, que originó daños que obligaron a su clausura para cualquier uso.

   Los primeros informes técnicos elaborados desde la Provincia sobre el inmueble dieron a entender que se podía recuperar, más allá de exigir un cuidadoso proyecto técnico y una importante inversión. Han pasado más de 7 años desde aquel incidente y la casona ha sido completamente olvidada, abandonada y está cerca de ser considerada una ruina.

   El lugar fue habilitado en 1942 como Instituto receptor de menores, momento en el cual se le practicaron algunas reformas, sobre todo creando dos grandes dormitorios colectivos. Su destino era recibir a menores sometidos a proceso mientras duraba su sustanciación.

   Un funcionario detalló: “El niño delincuente tiene aquí oportunidad de readaptarse al trabajo, disciplina y honor que han de inculcársele, con vigilancia permanente, instrucción adecuada y consejos para nuevas formas de conducta cívica y moral”.

   Con un estado general lamentable durante sus últimos años, las llamas cerraron en 2013 sus 71 años de servicio. De nada le ha servido ser bien patrimonial de la ciudad, ni que su falta de funcionamiento obliga a derivar a los menores a cientos de kilómetros, contrariando a lo que la ley exige en la materia.

   “No se sabe nada, no hay ninguna referencia: el Vergara quedó como borrado del mapa desde el momento en que se anunció, en 2017, la construcción de un nuevo Centro de Contención en su reemplazo”. Eso comentó a “La Nueva”. Viviana Marfil, secretaria general de Asociación Trabajadores del Estado (ATE), que ha seguido las marchas y contramarchas del lugar.

   “Y no solo eso. En su momento los arquitectos detectaron la presencia de asbesto que hoy se esparce por todo el barrio, un material cancerígeno. Además de que el edificio está cada vez en peor estado”, añadió.

   No es necesario ser un entendido para detectar que el edificio está en ruinas, aunque nunca es tarde para que funcionarios y legisladores activen mecanismos para ponerlo otra vez en el mapa. La peor lucha, se sabe, es la que no se hace.

El principio, un alemán y un norteamericano

   La casona que ocupaba el Vergara es de fines del siglo XIX. Cuando la calle Almafuerte todavía se llamaba Atacama y el barrio era lindero al área que ocupaba la empresa británica Bahía Blanca al Noroeste (absorbida en 1905 por el Buenos Aires al Pacífico).

   Allí aparecía, organizada en dos cuerpos alrededor de un patio central cubierto, muros de ladrillo y cubierta de chapa, con un destacado acceso a una puerta doble principal.

   La vivienda fue diseñada por un arquitecto alemán José Baüerle y concebida para un norteamericano, William Bremen Harding Green, gerente del Pacífico, “el gran coloso” que operaba puerto Galván, el Mercado Victoria, el barrio Inglés, el servicio de electricidad y gas de la ciudad y el transporte urbano de tranvías.

William Bremen Harding Green y esposa

   El lugar era una suerte de pensionado, una “casa hotel”, según se la mencionaba. No era para menos. Contaba con 12 habitaciones, además de recibidores, comedor, cocina, sanitarios, oficinas o escritorios.

   Si bien era la vivienda de la familia Green, así lo deja en claro sus iniciales grabadas en bronce en la puerta de ingreso, servía también para alojar a visitantes o empleados de jerarquía de la empresa.

   Fue ocupada por Green al menos hasta 1912, cuando en uno de sus viajes de descanso a Europa la empresa tomó la decisión de vender absolutamente todo el mobiliario de la “casa habitación completamente alhajada”, con mesas del oriente, perchero paragüero y bastonero, camas de bronce, vitrinas para porcelana, juegos de mimbre y bambú, juego de croquet, sillones y un riquísimo menaje.

   Green dejó nuestra ciudad en 1924, cuando su empresa fuera adquirida por el Ferrocarril del Sud. Falleció 15 años después, en Londres, a sus 80 años de edad. Un barrio y el estadio de basquet de un club (Pacífico, del cual fue fundador) llevan su nombre.

La nueva obra, una deuda que sigue estando

   A poco del incendio de 2013, el gobierno provincial –gobernación Daniel Scioli-- aseguró que se pondría manos a la obra para la reconstrucción de la casona. La dirección provincial de arquitectura hizo un relevamiento, elaboró informes y remitió todo el material a La Plata.

   Luego de cuatro años de espera, el ministerio de Desarrollo Social anunció, a mediados de 2017, que en lugar de recuperar el Vergara construiría un nuevo Centro de atención integral para menores. El anuncio fue anticipado por el propio intendente Héctor Gay y ratificado por el ministro Santiago López Medrano.

   El centro se ubicaría en un amplio terreno de Fragata Sarmiento y Los Tamariscos, organizado en dos edificios, uno para Centro de Admisión y Derivación y, por otro, de Contención.

   “Es una idea superadora al Vergara, un instituto multifunción, con un equipo interdisciplinario -integrado por médicos, psicólogos y asistentes sociales-, talleres y actividades recreativas”, detalló el ministro. Para agregar: "Es una deuda histórica de la Provincia con Bahía”.

   La licitación del Centro –que serviría de modelo a reproducirse en otras localidades— se convocó para el 2 de agosto de 2019, con un presupuesto oficial de 88,9 millones de pesos (1,4 millones de dólares blue de ese mes), para una superficie cubierta de 643 m2.

   Días antes de esa fecha se anunció la que sería su primera postergación, al 10/09/19, “para alentar, se dijo, una mayor concurrencia de oferentes”. Luego se postergó al 4/11/19, luego al 23/12/19 y finalmente al 22/01/2020, siempre con la misma explicación.

   Hasta que finalmente, llegada esa fecha y con nuevo gobernador, el Organismo Provincial de la Niñez y la Adolescencia del Ministerio de Desarrollo, solicitó dejar sin efecto la licitación, “en virtud de encontrarse en evaluación la situación de los establecimientos con el fin de redefinir prioridades”.

   En consecuencia, remató el escrito, se cancelaba el acto por razones de “oportunidad, mérito y conveniencia”.

   Sin el pan y las tortas, sin el Vergara y sin el Centro, sin expectativas y sin respuestas. Solo las penosas imágenes de la casona perdida y algún nuevo expediente que algún día se iniciará para terminar, vaya uno a saber cuántas veces más, esperando para el centro “su oportunidad y mérito”.

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