Un Licenciado en Filosofía, con el mejor promedio en la 419ª Colación de Grados
Santiago Ignacio Cordero Salusso se convirtió en el graduado más destacado en la última entrega de diplomas.
Un flamante Licenciado en Filosofía resultó el egresado más destacado al obtener el mejor promedio en la 419ª Colación de Grados de la Universidad Nacional del Sur.
Santiago Ignacio Cordero Salusso tuvo 9,44 puntos de promedio durante su paso por la casa de Altos Estudios.
La entrega de diplomas tuvo lugar en el Aula Magna de avenida Colón 80, con la presencia de autoridades, profesores, alumnos y las familias que acompañaron este significativo momento en la vida de los graduados.
La ceremonia fue presidida por el doctor Daniel Vega, rector de la institución.
La entrega se dividió en dos turnos. En el primero estuvieron los Departamentos de Biología Bioquímica y Farmacia, Ciencias de la Administración, Derecho, Ciencias de la Salud, Geología, Ciencias e Ingeniería de la Computación, Humanidades y Economía. La Directora Decana, doctora Karina Temporelli tuvo a cargo del discurso a los flamantes profesionales.
En el segundo participaron las Unidades Académicas de Agronomía, Ciencias de la Educación, Geografía y Turismo, Ingeniería Eléctrica y Computadoras, Ingeniería, Química, Ingeniería Química y Física. El Director Decana de esta última, doctor Marcelo Costable pronunció las palabras alusivas.
El listado completo de flamantes egresados es el siguiente:
Doctor en Biología: Joana Paola Haedo.
Doctor en Bioquímica: Ana Clara Lugones.
Doctor en Economía: María Sol González.
Doctor en Filosofía: Fernando David Lima.
Doctor en Letras: María Agustina Arias.
Magister en Salud Colectiva: Ania Clemant.
Especialista en Gestión de Recursos Humanos: Eugenia Cazenave y Solange Oviedo Elizalde.
Especialista en Educación para Profesionales de la Salud: Martín Alejandro Biaggioni.
Especialista en Derecho Empresario: Adriana Maibel Ionni.
Especialista en Derecho Penal: Juan Sebastián González.
Especialista en Gestión de la Tecnología y la Innovación: Carolina Pereyra Huertas.
Bioquímico: Maximiliano Ezequiel Germán Mamani y Huilén Zárate Cantero.
Licenciado en Ciencias Biológicas: Agostina Blanco de las Heras.
Contador Público: Matías Battos, Luis Sebastián Fabra, Micaela Danae Farquharson y Nerina Soledad Franco.
Licenciado en Administración: Agustina Micaela Barrios, Candela Cardone y María de los Ángeles Fernández.
Técnico Universitario en Acompañamiento Terapéutico: Daiana Adela López y Bárbara Karina Minor.
Ingeniero en Sistemas de Información: Lucas Bazán, Nicolás Andrés Geoffroy Stoessel y Gino Nicolás Giordano.
Licenciado en Ciencias de la Computación: Matías Nicolás Ilz Zambrano.
Abogado: Paloma Alejandra Castellani Pascuale, Delfina Diez Canosa, Santiago Segundo Furlong, Martín Mazzucchelli, Anastasia Mina Diehl, Josefina Anahí Seijas, Dorian Emilene Torrejón Gonzales y Walter Maximiliano Valdebenito.
Licenciado en Seguridad Pública: Agustín Marcelino Pardo Sena.
Licenciado en Economía: Mikael Ignacio Bilbao y Mateo Puthod.
Licenciado en Ciencias Geológicas: Alejo Julián Albin, Isabella Donnini y Esteban Andrés González.
Técnico Universitario en Medio Ambiente: Camila Ayelén Torres.
Licenciado en Filosofía: Santiago Ignacio Cordero Salusso.
Licenciado en Historia: Milagros Benito Nacir y Lucio Emmanuel Martín.
Profesor en Historia: Lucas Almada Montovio.
Profesor en Letras: Ana Belén Zaletti.
Doctor en Agronomía: María Clara Franchini.
Doctor en Física: Marcos Miguel Meo.
Doctor en Ingeniería Química: Ángel Federico Miranda.
Doctor en Química: Mariana Belén Gentile y María Belén Pérez Adassus.
Magister en Ciencias Agrarias: Darío Gabriel Morris.
Ingeniero Agrónomo: Lucas Hollender y Pedro Larraburu.
Técnico Universitario en Parques y Jardines: Silvina Mercedes Gauna.
Licenciado en Ciencias de la Educación: Santiago Joaquín Alderete y Nazarena Pierrestegui.
Licenciado en Física: Matías Sebastián Belsito y Francisco Nahuel Quintanilla.
Arquitecto: Pedro Fernando Minervino, Martín Eugenio Olivero y Angélica Isabel Solís.
Licenciado en Turismo: Berenice Bartel, Juan Manuel Martínez, Emiliana Partal y Natalia Soledad Valenzuela.
Profesor en Geografía: Cristina Valeria Sanfilippo.
Ingeniero Civil: Juliana Macarena Fraihaut y Camila Scheffel.
Ingeniero Industrial: Joaquín Aller, María Jimena Argañin, Ernesto Barbieri, Sofía Luana Benítez, Candela Casarsa, Santiago Blas Di Giulian, Rocío Iampolsky, Bianca Rocío Lucero, Federico Rodríguez, Sol Huilén Subranni y Joaquín Velovich.
Ingeniero Mecánico: Nicolás Emanuel Coviaga, Baltasar Fernández y Gino Montani.
Ingeniero Electricista: Ulises Biscussi.
Técnico Universitario en Sistemas Electrónicos Industriales Inteligentes: Matías Gabriel Buñes.
Ingeniero Químico: Antonella Oriana Bonifazi, Melina Campos, Marianela Yanel Díaz e Ivo Ringelmann Ferradás.
Técnico Universitario en Operaciones Industriales: Mariano Alejandro Casé, Valentín Cornejo y Manuela Fotti.
Técnico Químico Universitario y Licenciado en Química: Ana Clara Krause Montenegro.
Técnico Químico Universitario: Antonela Dana Barca y Joaquín Emanuel Ochoa.
"Hoy nos vamos con un título. Pero nos llevamos muchísimo más que eso"
Mateo Puthod, licenciado en Economía
Hoy estamos aquí reunidos por una razón muy especial. Hoy celebramos que concluimos un ciclo y que, a partir de este acto, oficialmente dejamos de ser estudiantes para convertirnos en profesionales. No es poca cosa, porque un graduado de la Universidad Nacional del Sur es un graduado de una de las mejores 15 universidades del país (tanto públicas como privadas) según los rankings académicos. La UNS es motivo de orgullo no sólo bahiense, sino regional y del sur argentino.
Sin embargo, esta distinción y reconocimiento no es en vano: todos nosotros sabemos lo exigente que es estudiar en esta casa de altos estudios. Porque cuando uno mira un título universitario, mira un papel, un nombre, una carrera, una fecha, pero no se toma conciencia de lo que hay detrás. Nadie ve aquel primer día que entrábamos a la universidad sin tener idea que estábamos haciendo, como tampoco las veces que nos preguntamos: ¿por qué elegí esta carrera?, ni la cantidad de veces que amagamos con dejar todo y empezar de cero. Nadie ve esas clases en donde salías sin entender nada, las veces que pensábamos que nos fue mal y terminábamos aprobando, como tampoco las veces que pensábamos que nos había ido bien pero después pasaban cosas.
Los que estamos acá sabemos las horas y horas que hemos estado sentados en nuestras habitaciones leyendo, las juntadas entre amigos que hemos suspendido, los cumpleaños a los que nos hemos retirado temprano o las veces que simplemente deseamos salir un domingo por la tarde, pero teníamos que estudiar. Sabemos de días enteros repasando ese final, hasta el punto de terminar haciendote amigos en las salas de lectura. Todo este sacrificio es lo que conocemos en economía como “costo de oportunidad” y vaya que vale la pena afrontarlo. Hoy, estamos cosechando los frutos de esta inversión.
Pero si algo nos enseñó la Universidad, además de una profesión, fue la humildad: porque cuando uno creía que podía solo contra el mundo, siempre aparecía alguien que te daba ese empujón final. No llegamos hasta acá solos; hay una cantidad enorme de personas que, a pesar de no ser poseedores del título, son constructores del mismo:
-Nuestras familias, que fueron el sostén principal de cada uno de nosotros. Que te preguntaban cómo te fue, aunque a veces no tenías ganas de hablar de nada. Que probablemente no entendían demasiado de lo que estábamos rindiendo, pero que igual estaban ahí.
- Nuestros amigos, que nos decían “seguí” cuando queríamos dejar todo.
-Nuestros docentes, que nos explicaron una y otra vez todo aquello que no entendíamos, que respondían nuestras decenas de preguntas en las consultas y que, muchas veces, fueron maestros también fuera del aula: dándonos consejos, escuchándonos y ayudándonos a construir nuestro propio camino.
-Los que conocimos en una clase y terminaron formando parte de nuestra vida. Porque hay amistades que nacen de una coincidencia. Y hay otras que nacen de algo mucho más profundo: de estar juntos cuando las cosas se ponen difíciles. Y quizás eso sea una de las cosas más lindas que nos llevamos de la universidad: no solamente lo que aprendimos, sino a quiénes conocimos mientras aprendíamos. Porque algún día vamos a olvidarnos de una fórmula, de una fecha, o de
un modelo. Pero probablemente no nos olvidemos de quién estaba sentado al lado nuestro cada mañana, cada tarde, o cada noche de sábado.
Muchos de nosotros comenzamos esta etapa en medio de una pandemia. En un contexto en el que no sabíamos cómo íbamos a seguir adelante y en el que, justamente cuando más necesitábamos de un guía, todo parecía alejarse.
Más adelante, por allá en marzo de 2021, algunos empezamos a transitar presencialmente nuestros primeros pasos por estos pasillos. En las famosas “burbujas”, con bancos a distancia y barbijos de por medio, empezamos a conocernos poco a poco las caras, a intercambiar nuestras primeras palabras, a conocer a nuestros profesores y a rendir –en medio de un huracán de nervios– nuestros primeros exámenes. Para ninguno de nosotros fue sencillo atravesar aquellos años de cambios, incertidumbre y adaptación constante. Pero pudimos hacerlo. Y quizás eso sea, justamente, una de las cosas que hoy debemos recordar: que, aun cuando las circunstancias no fueron las que imaginábamos, seguimos adelante. Y llegamos hasta acá.
Si algún día dudamos, tenemos miedo, o lo que fuere, debemos recordar que hubo un momento en el que también pensamos que no íbamos a llegar, y llegamos. Que hubo una materia que parecía imposible, y la aprobamos. Que hubo una noche en la que pensamos que “no podíamos más”, y pudimos. Que dudamos de nosotros mismos, pero aun así seguimos. Eso también es parte del título.
Algunos de nosotros seguiremos transitando los pasillos de esta Universidad, ya sea como docentes, como nodocentes, como estudiantes de posgrado, como investigadores o simplemente graduados que vuelven de visita. Quizás caminemos por estos mismos lugares y veamos estudiantes con caras de no haber dormido. Y quizás los miremos y pensemos: “Qué lindo que todavía no saben todo lo que les espera.” Porque nosotros ahora sí sabemos algo que ellos todavía no: que estos años pasan muchísimo más rápido de lo que parece.
La Universidad Nacional del Sur es motivo de orgullo por diversos motivos. En tiempos donde la palabra auditoría se puso de moda, hoy nuestra UNS se ubica entre las universidades más transparentes del país, muy por encima del promedio nacional en el Índice de Transparencia. Una Universidad que viene sufriendo recortes presupuestarios durante los últimos 5 años, pero que, gracias a una gran gestión de recursos, se mantiene en pie sin sacrificar sus actividades. Una Universidad que sufrió, como todos los bahienses sabemos, 2 catástrofes climáticas en un año y medio, pero que gracias a su inmensa comunidad se puso de pie rápidamente.
Muchas veces criticamos las cosas que están mal en el país, pero no dimensionamos las cosas fantásticas que tenemos. La UNS es una de ellas. Aquí trabajan más de 5.000 personas para brindar un servicio académico de primer nivel para alumnos preuniversitarios, de grado y posgrado. Porque la Universidad no es solamente un edificio: son las personas que enseñan, las personas que investigan, las personas que administran, que limpian, que gestionan y también las que estudian. Todos ellos hacen posible que hoy nosotros estemos acá.
Cabe también un agradecimiento a quienes muchas veces trabajan en silencio para mejorarla: consejeros departamentales, superiores y asambleístas que dedican horas de trabajo, sin remuneración, a discutir, proponer y tomar decisiones que afectan a toda nuestra comunidad en pos de mejorarla, y transformarla a través de ideas innovadoras.
Y ahora nos toca a nosotros: a partir de hoy, además de ser profesionales, nos convertimos también en embajadores de esta Universidad. Y eso implica una responsabilidad. Debemos exigirnos llevar con nosotros no solamente los conocimientos de nuestra carrera, sino también los valores que esta casa de estudios nos transmitió: el compromiso, la responsabilidad ciudadana, la excelencia académica y, sobre todo, la ética. Porque la UNS es ese lugar donde te forma como profesional, pero también como ciudadano.
Hoy nos vamos con un título. Pero nos llevamos muchísimo más que eso. Nos llevamos recuerdos, aprendizajes, amistades, personas que nos acompañaron y una historia que, de alguna manera, todos compartimos. Fue el lugar donde pasamos una buena parte de nuestras vidas. Y por eso, para muchos de nosotros, siempre va a ser nuestra segunda casa.
"Hoy celebramos un cierre y, al mismo tiempo, un nuevo comienzo"
Celeste Chaz, secretaria de Investigación y Posgrado del departamento de Economía
Es un honor y una gran alegría compartir con ustedes este momento. Actos como este quedan grabados entre los recuerdos más queridos de la vida universitaria, y como docente, pocas cosas me llenan más de satisfacción como ver que tanto esfuerzo sostenido en el tiempo se convierta, finalmente, en un diploma.
Antes que nada, quiero felicitar a los graduados y saludar también a los padres, madres, hermanos, parejas y amigos que hoy los acompañan. No están aquí por casualidad: fueron el sostén silencioso de este recorrido, quienes escucharon las dudas, festejaron los exámenes aprobados y sostuvieron los momentos difíciles. Este logro, entonces, no le pertenece solo a quien recibe el título; es un logro compartido entre ustedes, sus familias y toda la comunidad universitaria que participó de su formación. Y en un sentido más amplio, es también un logro de la sociedad, porque en cada egresado de la universidad pública se hace visible el fruto de haber invertido en educación.
Hoy celebramos un cierre y, al mismo tiempo, un nuevo comienzo. Para ustedes es la culminación de un proyecto y el alcanzar un día que llevaban tiempo imaginando. Para la universidad, es la enorme satisfacción de formar nuevos profesionales que aportarán al desarrollo de nuestro país. Sabemos que llegar hasta acá no fue sencillo: hubo noches de estudio, materias que costaron más de lo previsto y momentos en los que la meta parecía lejana. Ese esfuerzo les dejó un título que muestra que han adquirido las bases de una disciplina, pero apenas es el punto de partida. Ya sea que elijan seguir estudiando o insertarse en el mundo laboral, el compromiso será el mismo: seguir aprendiendo, porque el ritmo de los cambios que vienen exige actualizarse de manera permanente.
Se cierra la etapa universitaria, pero se abre un capítulo nuevo. Todo lo que incorporaron estos años —no solo conocimientos, también valores, criterio y actitudes— será clave para atravesar los desafíos que van a encontrar en su vida profesional. Ya no son las mismas personas que entraron por primera vez a un aula: la universidad los transformó, les enseñó a mirar la realidad con una mirada más crítica y, sobre todo, les dio las herramientas para asumir el rol que la sociedad les pide ahora, uno que incluye el compromiso de contribuir a cambiar un país que todavía tiene mucho por resolver.
En nuestro país donde todavía son pocos los jóvenes que logran terminar una carrera universitaria, ustedes tuvieron el privilegio de hacerlo en una universidad pública. Eso también es una responsabilidad: la de devolver, de algún modo, lo que la sociedad invirtió en ustedes. Les toca un tiempo de incertidumbre, donde muchas de las respuestas que funcionaban antes ya no alcanzan. Pero también es un tiempo de oportunidades enormes, donde la tecnología y la información avanzan a una velocidad que hace apenas una generación era impensada. Recuerden que cuando comenzaban a estudiar la Inteligencia Artificial era una herramienta casi desconocida.
Vivimos en medio de transformaciones constantes, tanto sociales como productivas, y ahí es donde la universidad encuentra su sentido más profundo: formar profesionales capaces de enfrentar problemas que todavía no existen. Más allá de los contenidos específicos de cada carrera, lo que hoy se lleva cada uno de ustedes es la capacidad de adaptarse, de pensar con creatividad y de resolver lo que se presente, fundamentalmente cuando no haya un manual que lo explique.
Quiero compartir con ustedes, desde mi rol de docente y también desde mi lugar de madre, algunas ideas que espero les resulten útiles en la etapa que empieza hoy:
1. Pongan energía y compromiso en todo lo que hagan. Elijan trabajos que los apasionen y pónganse metas exigentes. Va a haber momentos de frustración o de ganas de bajar los brazos: recuerden que también de esas etapas difíciles se aprende y se crece.
2. No pierdan la confianza en ustedes mismos. Son los únicos responsables de construir su propio camino, nadie más lo va a hacer por ustedes.
3. Comprométanse con la mejora continua, tanto profesional como personal. Sean conscientes del privilegio que significa haber podido estudiar, y usen ese privilegio con responsabilidad: su formación, sus contactos y su voz pueden generar un impacto positivo en otros.
4. El mundo va a seguir cambiando a gran velocidad. Mantengan la flexibilidad y la curiosidad como herramientas de trabajo, y no le tengan miedo a lo nuevo.
5. Anímense a dialogar con respeto, incluso con quienes piensan distinto. Escuchen con empatía, busquen puntos en común y no dejen de someter sus propias ideas a revisión de tanto en tanto.
6. Cuiden el equilibrio entre lo profesional y lo personal. Dedíquense con intensidad a lo que eligieron, pero sin dejar de lado a quienes quieren. Vivan con libertad.
Antes de cerrar, quiero reconocer especialmente a nuestros docentes, que además de sus materias transmiten día a día valores que van mucho más allá de un plan de estudios. Gracias a ellos y a todo el personal de nuestra universidad por sostener, durante todos estos años, la confianza que cada uno de ustedes depositó en ella. En tiempos donde la educación pública suele ser puesta en duda, es más necesario que nunca reafirmar su valor como garantía de acceso y de calidad, y ustedes son la mejor prueba de eso.
Me despido recordándoles que el vínculo con nuestra Universidad Nacional del Sur no se termina hoy: se renueva con cada paso que den de ahora en más. Van a seguir siendo, siempre, parte de esta comunidad, y esta casa de estudios va a seguir siendo parte de sus historias. Los invito a mantener ese lazo vivo, a seguir aportando a esta comunidad académica y a llevar consigo, dondequiera que vayan, algo de lo que aprendieron en estas aulas.
"Nos vamos con la responsabilidad de usar bien el título"
Francisco Quintanilla, Licenciado en Física
Es un honor que me hayan dado el privilegio de estas palabras, y voy a tratar de que sean cortas, porque sé que lo que todos estamos esperando en realidad es el diploma.
Hace unos años entramos a esta universidad sin tener demasiada idea de lo que nos esperaba. Y quizás estuvo bien que no la tuviéramos, si alguien nos hubiera explicado en detalle todo lo que venía, más de uno lo hubiera pensado dos veces. Y durante años nos preguntaron para qué servía lo que estudiábamos. No sé si ya tenemos la respuesta, pero por lo menos ahora tenemos el título que dice que servía para algo.
En el camino aprendimos lo que figuraba en el programa de las materias, y también muchas cosas que no. Aprendimos a estudiar de verdad, a adquirir los conocimientos necesarios por lo menos para aprobar. Aprendimos que un apunte a las tres de la mañana se entiende bastante menos que a las once. Aprendimos que, a veces, uno estudia, se esfuerza y hace todo lo posible, pero el examen no sale como esperaba. Y que, cuando eso pasa, al cuatrimestre siguiente hay que volver a sentarse a estudiar, presentarse nuevamente y no bajar los brazos. Porque también se aprende de los intentos que no salen bien.
Nos enseñaron que todo problema empieza con una hoja en blanco y que casi nunca encontramos solución en el primer intento. Que hay que probar, equivocarse, volver a empezar y seguir buscando. Este aprendizaje sirve mucho más allá de la facultad, porque en la vida también hay que animarse a empezar de cero.
Y aprendimos, sobre todo, que esto no se hace solo. El título que recibimos hoy tiene un solo nombre, pero detrás de cada uno de nosotros hay mucha gente. Los compañeros, que empezaron siendo caras en un aula y terminaron siendo amigos, y sin los cuales más de una materia no se aprobaba. Los docentes, que nos exigieron en serio, nos enseñaron a pensar y no a repetir. Y por último, pero para mí lo más importante,nuestras familias, que nos sostuvieron durante años con una paciencia difícil de explicar, y que aguantaron épocas de exámenes en las que no éramos precisamente agradables.
Y gracias a esta universidad, que durante todos estos años fue nuestra segunda casa, que nos exigió, nos desafió y nos enseñó a superarnos. En su momento, quizás no supimos valorar del todo esas exigencias. Pero hoy, con el paso del tiempo, entendemos que también fueron parte de lo que nos formó y sabemos apreciarlas.
Nos vamos con un título, con la responsabilidad de usarlo bien, y con la certeza de que de acá en adelante vamos a volver a no tener idea de muchas cosas. Y está bien porque ahora sabemos algo más importante: sabemos cómo aprender, cómo preguntar y cómo encontrar el camino. Esta institución nos preparó para ello.
Felicitaciones a todos. Disfrútenlo, que se lo ganaron.
"Llévense el título, pero llévense también la curiosidad y la pertenencia a esta casa pública"
Marcelo Costabel, Director Decano del Departamento de Física
Cuando me dijeron que me tocaba el discurso pensé en hablarles de un tema que hoy nos rodea y nos sorprende. Pensé en abordar un discurso alrededor de la inteligencia artificial: de cómo está cambiando, a toda velocidad, las profesiones que acaban de abrazar. Hay para decir mucho sobre eso y sin dudas, plantear conceptos interesantes.
Pero cuanto más lo pensaba, más se me imponía otra idea: que hoy no es el momento de hablar de máquinas, sino de personas. Lo que estos años les dejaron a ustedes no fue solo un título, sino cosas profundamente humanas: constancia, amistad, generosidad, paciencia. Una inteligencia artificial puede escribir un informe perfecto, pero no puede sentir lo que ustedes sienten hoy; ni tampoco tener ese profundo sentimiento al recordar la noche en que pensaron que no iban a poder llegar sabiendo que llegaron, y que hoy están acá recibiendo su título. Así que, guardo ese otro discurso más bien para una charla o un debate.
Hoy les hablo de lo humano. Ninguno de ustedes llegó solo hasta acá. Busquen con la mirada a quienes hoy los acompañan. A los que se levantaron temprano para llevarlos a un parcial, o cocinaron mientras estudiaban, o simplemente preguntaron "¿cómo te fue?", sabiendo ya la respuesta. Padres, madres, hermanos, parejas, hijos: gracias por acompañar en forma incondicional. Pero no son los únicos.
Gracias también al personal no docente, que hace que la universidad funcione todos los días sin que casi nadie lo note. Y, por supuesto, a sus docentes, en especial a quienes, con un comentario al margen o una segunda oportunidad, les mostraron que valía la pena seguir. Y a sus compañeros de cursada! A quienes resolvieron un problema imposible a las tres de la mañana, acompañaron cebando un mate, o simplemente estuvieron en el pasillo antes de un final para decir "va a salir bien".
La universidad se transita en red, sostenidos unos por otros. Permítanme hacer un poquito de historia, porque creo que hoy es importante. La Universidad Nacional del Sur nació en Bahía Blanca en 1956, con la convicción de que el sur del país merecía su propia usina de ciencia y de formación. Setenta años después, ustedes son la prueba de que esa apuesta funcionó: una universidad pública, gratuita y de calidad sigue siendo una de las mejores inversiones que una sociedad puede hacer en sí misma. Y lo digo sin ingenuidad: estudiar acá no fue gratis en el sentido amplio. Costó horas de sueño, trabajar y estudiar a la vez, sostener la motivación en contextos que no siempre acompañaron (y hoy sabemos mucho de eso!)
Por eso lo que lograron no se mide solamente en un promedio, se mide en constancia, en esfuerzo, en momentos vividos. Pertenecer a esta casa no termina hoy. Se van a encontrar, en cualquier rincón del mundo, con otro egresado de la UNS, y va a bastar comentar sobre una materia o una anécdota del comedor para sentir un lenguaje compartido. Esa pertenencia es también una responsabilidad: esta universidad los formó con recursos que puso la sociedad entera. Devolver eso es, simplemente, ejercer la profesión con la misma seriedad con la que fueron formados.
Carl Sagan, quien fue uno de los astrofísicos y, sobre todo, divulgador de la Ciencia, más maravilloso, escribió en su libro Cosmos algo que siempre me cautivó: "Somos una manera que tiene el cosmos de conocerse a sí mismo". Somos átomos que, tras miles de millones de años de evolución, aprendieron a hacerse preguntas sobre su propio origen. Me parece una hermosa idea para hoy, porque ustedes acaban de terminar ese proceso de entrenamiento donde preguntar, dudar, no conformarse con la primera respuesta es el objetivo principal.
Eso es lo que debe hacer una universidad: no llenar la cabeza de certezas sino entrenar la curiosidad. Sagan también escribió sobre lo que él llamó el "punto azul pálido": esa fotografía de la Tierra tomada desde miles de millones de kilómetros, un punto casi invisible suspendido en un rayo de luz. Ese punto, decía, es todo lo que tenemos: el único hogar que conocimos jamás. En un lugar tan pequeño y frágil, dedicarse a construir conocimiento y a cuidar a los demás es, contra toda proporción cósmica, algo enorme. Pero, para hacer equilibrio con tanta inmensidad cósmica, traigo algo más terrenal: una frase de Ted Lasso, ese entrenador de fútbol absurdamente optimista que seguramente muchos vieron. Lasso dice: "sean curiosos, no tengan prejuicios". Se lo dice a un rival que lo subestimó, en vez de simplemente vencerlo en silencio.
La curiosidad siempre rinde más que el prejuicio: te enseña algo del otro y algo de vos mismo. Es la misma curiosidad de Sagan, aplicada ahora a la persona que tienen al lado. Hay otra imagen de la serie que me gusta: los peces dorados, el animal más feliz del planeta porque tienen una memoria de diez segundos. "Sean un pez dorado"», les dice Lasso a sus jugadores después de un error: no para que no aprendan, sino para que no se queden pegados a él. Curiosidad y algo de memoria de pez dorado: no es mala caja de herramientas para empezar cualquier carrera.
Empecé diciendo que hoy no tenía sentido hablar de inteligencia artificial; y por eso les hablé de gratitud, de pertenencia, de un astrónomo que miraba las estrellas para entender a las personas, y de un entrenador que entendía de personas bastante más que de fútbol. Creo que fue la elección correcta: el mundo que viene va a seguir necesitando lo mismo que necesitó siempre: personas curiosas, agradecidas, capaces de recordar de dónde vinieron. Y no importa dónde lleguen el día de mañana.Ustedes siempre van a llegar siendo parte de esta universidad, de esta ciudad (aunque algunos no nacimos acá), de estas familias que hoy los miran con orgullo y alivio.
Llévense el título, pero llévense también la curiosidad, la pertenencia a esta casa pública, y la certeza de que siempre pueden volver a levantarse y seguir. Felicitaciones, graduados de la Universidad Nacional del Sur. El cosmos, parafraseando a Sagan, encontró en cada uno de ustedes una manera más de conocerse a sí mismo.