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Bahía Blanca 78, Yugoslavia 75: “Como equipo fue el partido más importante de nuestras vidas”

Reconocimiento a la Selección que venció al campeón del mundo, hace 55 años. Y, también, a las chicas de 9 de Julio.

La distinción en el Concejo Deliberante. Foto: ABB.

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Nota publicada en la edición impresa)

“Los recuerdos se van diluyendo después de 55 años”, admitió Jorge Cortondo, en referencia a lo que sucedió el 3 de julio de 1971 en Olimpo, día que se le impuso al estadio el nombre del recordado Norberto Tomás, fallecido el sábado 17 de octubre de 1970, a los 21 años cuando, reforzando a Estudiantes en un cuadrangular en Córdoba, se desvaneció a falta de 1m37 para el final del primer tiempo, contra Comunicaciones de Buenos Aires.

La cita con la historia convocaba, al mismo tiempo, al partido -probablemente- más relevante de la Selección. Y en este contexto, Cortondo uno de los mejores jugadores de la historia de nuestro básquetbol, fue uno de los que esa noche se encargó de aguantar a los gigantes yugoslavos, que llegaban con la chapa de campeones del mundo. Y acá, Bahía les ganó: 78-75.

También se la bancaron Alfredo Adrián Monachesi, Raúl Alvarez, Adolfo Scheines y Roberto Requi (más Giorgio Ugozzoli), los otros que, con su presencia (también estuvo Guillermo Alvarez Rojo y el reconocido utilero Coco Bruni), jerarquizaron el reconocimiento impulsado por la concejala Fabiana Úngaro y el edil Mauro Reyes, que se realizó el lunes en el Concejo Deliberante, para resaltar una de las páginas más importantes del deporte por excelencia en la ciudad.

Claro que también hubo otro momento, en el mismo contexto, destinado a ellas, las que escribieron el capítulo más relevante del básquetbol femenino para la ciudad, metiendo a 9 de Julio en la Liga Nacional.

Es decir, pasado y presente coincidieron en ese camino en el que distintos protagonistas fueron dejando su huella.

“Somos parte de la historia, o de la prehistoria, por lo que hicieron Manu, Pepe y el Puma”, dijo Cortondo, en una muestra de absoluta sinceridad y reconocimiento puro para los tres campeones olímpicos y subcampeones del mundo.

Claro que ellos tres crecieron escuchando estas historias cargadas de triunfos y momentos de gloria, como aquella del 3 de julio.

Fruet no pudo jugar por una infección en su brazo izquierdo. Se encargó de encender el pebetero de Colón y Brunel. Lo acompaña Rafael Emilio Santiago.

Todo comenzó a tomar color dos días antes a la fecha estipulada para el partido, cuando el gran capitán, Atilio Fruet -ya sabiendo que se perdería el encuentro a raíz de una lesión- encendió la flamante luminaria y convirtió el primer doble, mientras se probaban los tableros en Olimpo.

Se habían colocado las tribunas detrás de los cestos, más tablones a la grada lateral de calle O’Higgins, butacas en la parte alta y alrededor del rectángulo, sumado al novedoso tablero electrónico, todo estaba listo para recibir a la visita, esa que llegó, acaso, sin dimensionar dónde venía.

“Ellos tomaron el partido medio a la ligera y nosotros los sorprendimos”, reconoció Cortondo.

Lo cierto que la conjunción del juego con ese intangible que supo caracterizar a la Selección bahiense, empezó a incomodar a los yugoslavos.

“Nosotros éramos todos petisos, medio faltos de forma, pero teníamos nuestras virtudes y habilidades que no se imaginaban”, agregó.

A la defensa de los grandes se sumó el derroche en toda la cancha de Beto Cabrera, Polo De Lizaso, Roberto Ojunián y Jorge Mac Donald.

El calor de un equipo que estaba en llamas contagió a las tribunas (estimaron unos 3.500 espectadores), mientras que a los yugoslavos les empezó a correr el frío -literal- de una noche bien de julio, al punto que se cubrieron con frazadas cuando el partido se detuvo por el desprendimiento de la red del aro de espaldas a calle Ángel Brunel.

En la reanudación, Bahía siguió apretando, sin darle libertades a Marter y Plecas, al tiempo que incomodaron a los grandes cada vez que la pelota pasaba cerca del cesto, básicamente, para los internos Jelovac y Kapicic.

Bahía sacó la máxima de 10 (42-32) en el inicio del complemento, provocando la reacción de los visitantes, con Cermak en la mitad de cancha y Jelovak convirtiendo 10 puntos consecutivos, en poco más de 3 minutos.

Y Bahía lo fue llevando, cargando adelante con Cabrera, Monachesi y De Lizaso.

Justamente, restando 2m15 y 75-71 arriba Bahía, salió Beto y hubo que hacer posesiones largas.

“Cuando el partido se iba terminando y estaba parejo, no pudieron reaccionar”, recordó Cortondo.

Lo cierto que Bahía esa noche representó a todo un país, y el público así lo sintió haciendo retumbar el “¡Argentina... Argentina... Argentina...!”, una vez que terminó el partido, épico por cierto.

“Al equipo lo vi muy bien respecto de 1967 (triunfo visitante 85 a 82), cuando jugamos aquí. Ahora tienen más fuerza y una marca estupenda”, elogió el entrenador visitante Ranko Zeravica.

“Creo que recién una semana después de ganar tomamos dimensión del logro. Era lo más importante que había sucedido en Bahía. Como equipo fue el partido más importante de nuestras vidas. Se me ocurre que fue uno de los partidos más importantes que se jugaron en Bahía”, aseguró Monachesi.

Sin dudas, así fue Mona...

La síntesis:

Bahía Blanca (78): Alberto P. Cabrera (18), José Ignacio De Lizaso (15), Alfredo Adrián Monachesi (19), Jorge Cortondo (7), Giorgio Ugozzoli (9), fi; Roberto Ojunián (1), Adolfo Scheines (3), Raúl Alvarez (2), Jorge Mac Donald (4) y Roberto Requi. DT: Bill A. Brusa. No ingresaron: Guillermo Alvarez Rojo y Néstor Sánchez.

Yugoslavia (75): Radivodje Zivkovic (5), Dragan Kapicic (24), Peter Marter, Nikola Plecas (14), Damir Ivkovic (2), fi; Dragusin Cernak (12), Blagoje Georgijeveski, Vinko Jelovac (18), Bizjar, S. Knezevic, R. Davor y Mireljub Damnjanovic. DT: Ranko Zeravica.

Primer tiempo: Bahía Blanca 34, Yugoslavia 32.

Arbitros: Juan Sastre y Francisco Lombardo (Capital Federal).

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