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Por qué los adultos mayores tienen mayor riesgo frente a las infecciones respiratorias

La disminución de las defensas con el paso de los años puede favorecer cuadros más graves, especialmente en personas con enfermedades crónicas.

El fenómeno es todavía más marcado después de los 75 y 80 años

Las infecciones respiratorias se encuentran entre las enfermedades más frecuentes en la población adulta y, en la mayoría de los casos, tienen origen viral. Con el avance de la edad, además, aumenta la posibilidad de desarrollar cuadros graves debido al deterioro progresivo de la respuesta inmunológica.

El neumonólogo Martín Luis Sívori (M.N. 74.003), profesor adjunto regular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y director del Centro Universitario de Neumonología de esa institución, explicó que este proceso comienza a hacerse más evidente después de los 50 años y se profundiza a partir de los 70.

"Claramente, después de los 50 años se produce un fenómeno de inmunosenescencia. Quiere decir que nuestro sistema inmunitario de defensa se va poniendo viejo, con lo cual nuestra respuesta de defensas ante agresiones infecciosas, con el correr de la edad, va disminuyendo", señaló en diálogo con la Agencia Noticias Argentinas.

Según el especialista, el fenómeno es todavía más marcado después de los 75 y 80 años. Entre los principales virus que afectan a los adultos mencionó al de la influenza, el virus sincicial respiratorio (VSR) y el SARS-CoV-2, además de otros agentes como los virus parainfluenza y el metapneumovirus.

En cuanto a las infecciones bacterianas, el neumococo ocupa un lugar central, aunque también pueden intervenir bacterias como Haemophilus influenzae.

Cuándo aumentan las infecciones respiratorias

Las enfermedades respiratorias pueden presentarse durante todo el año, pero tienen períodos de mayor circulación. Sívori explicó que existe una "curva bimodal anual", con dos momentos de incremento.

El primero comienza habitualmente durante el otoño y alcanza su mayor intensidad entre junio y julio. Luego, los casos tienden a disminuir. El segundo aumento se produce durante la primavera, aunque suele ser de menor magnitud.

El riesgo, sin embargo, no depende únicamente de la época del año. Las personas que tienen enfermedades respiratorias crónicas pueden presentar una mayor vulnerabilidad frente a las infecciones, especialmente cuando esas patologías no están adecuadamente controladas.

Entre las condiciones que pueden incrementar el riesgo, el especialista mencionó el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), además de otras enfermedades que afectan al pulmón, como la fibrosis pulmonar y las bronquiectasias.

Por qué la edad aumenta el riesgo

La disminución de las defensas no es el único factor. Con el paso del tiempo, también pueden reducirse los mecanismos naturales que protegen al aparato respiratorio.

"A pesar de lo que se cree, la piel no es el órgano que está más en contacto con el medio ambiente, es el pulmón", sostuvo Sívori, quien explicó que si se extendieran todas las vías aéreas y los alvéolos ocuparían aproximadamente la superficie de una cancha de tenis.

Por ese motivo, las personas mayores y aquellas que presentan enfermedades respiratorias de base pueden tener mayores dificultades para enfrentar determinados virus y bacterias.

La vacunación ocupa en este contexto un lugar importante, ya que permite reducir el riesgo de desarrollar formas graves de distintas infecciones y, en consecuencia, de requerir internación.

Las vacunas que cobran importancia en la adultez

Sívori destacó seis grupos de vacunas vinculadas con la prevención de complicaciones respiratorias en adultos: antigripal, antineumocócica, doble o triple bacteriana, contra el VSR, contra el herpes zóster y contra el COVID-19.

En Argentina, la vacuna antigripal está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación para mayores de 65 años. También corresponde a personas menores de esa edad que integren grupos de riesgo por presentar determinadas enfermedades crónicas o condiciones que comprometan sus defensas.

El especialista también mencionó las formulaciones antigripales adyuvantadas y de alta dosis, disponibles en el país para determinados grupos.

La vacuna antineumocócica, por su parte, busca prevenir las formas graves e invasivas de las infecciones producidas por el neumococo y forma parte del calendario oficial para mayores de 65 años y personas que presentan determinados factores de riesgo.

En relación con la vacunación contra difteria y tétanos, los adultos deben recibir refuerzos de la doble bacteriana cada diez años. También se recomienda la formulación triple bacteriana acelular para brindar protección frente a la tos convulsa o coqueluche, de acuerdo con las indicaciones correspondientes.

La vacuna contra el VSR se aplica de manera gratuita a embarazadas entre las semanas 32 y 36 de gestación, con el objetivo de proteger a los bebés durante sus primeros meses de vida. Para adultos, actualmente no integra el Calendario Nacional, aunque está disponible en Argentina para determinados grupos de riesgo.

También existe vacunación contra el herpes zóster para adultos mayores de 50 años y para personas con determinadas condiciones que incrementan el riesgo. La inmunización contra el COVID-19 continúa formando parte de las estrategias de prevención, con esquemas que pueden variar según la edad y las condiciones particulares de cada persona.

Cuánto pueden reducir las complicaciones

De acuerdo con los datos mencionados por Sívori, las vacunas pueden disminuir de manera significativa las hospitalizaciones y las formas graves de las enfermedades respiratorias.

El especialista señaló que la vacunación antigripal puede reducir las hospitalizaciones aproximadamente entre un 30 % y un 40 %, mientras que la antineumocócica disminuye entre un 80 % y un 90 % las formas invasivas de la enfermedad.

En el caso del VSR, indicó que la reducción de hospitalizaciones en mayores de 60 años puede ubicarse entre el 60 % y el 80 %, con una efectividad particularmente elevada entre los mayores de 75 años.

Respecto del COVID-19, sostuvo que las vacunas pueden reducir las hospitalizaciones hasta cerca de un 90 % y la mortalidad hasta alrededor de un 95 %, aunque la protección concreta puede variar según la población y las circunstancias epidemiológicas.

El beneficio de la vacunación no se limitaría, además, al aparato respiratorio. Según el especialista, algunas infecciones pueden desencadenar complicaciones cardiovasculares, cerebrovasculares o metabólicas, por lo que prevenirlas también puede contribuir a disminuir otros eventos asociados.

Qué ocurre después de una internación

Una infección respiratoria grave puede tener consecuencias que se prolongan más allá del episodio agudo. Sívori advirtió que los adultos mayores que atraviesan una hospitalización por una infección respiratoria pueden quedar durante meses con mayor fragilidad y dependencia.

También mencionó posibles descompensaciones de enfermedades preexistentes, como la diabetes, y eventos cardiovasculares o cerebrovasculares que pueden aparecer asociados a determinadas infecciones.

Por ese motivo, señaló que la prevención resulta especialmente importante en personas mayores y en quienes presentan enfermedades crónicas.

Medidas para reducir los contagios

Además de la vacunación, las medidas de higiene y prevención continúan siendo herramientas útiles para disminuir la transmisión de los virus respiratorios.

Entre las recomendaciones se encuentran el lavado frecuente de manos, el uso de alcohol en gel, la ventilación de los ambientes y evitar compartir vasos, toallas u otros objetos con personas que atraviesen una infección.

En caso de tos, se recomienda cubrirse con el pliegue del codo. El uso de barbijo también puede contribuir a reducir los contagios, especialmente cuando una persona presenta síntomas respiratorios.

El especialista remarcó, además, la importancia de mantener los ambientes ventilados incluso durante los meses fríos. Una de las opciones es generar circulación cruzada mediante la apertura de ventanas o puertas.

Cuándo consultar al médico

Algunos síntomas pueden indicar que una infección respiratoria requiere una evaluación médica rápida. Entre ellos se encuentran la falta de aire, el aumento de la frecuencia respiratoria, la fiebre persistente, el dolor intenso o punzante en el pecho, los silbidos al respirar y la presencia de sangre al toser.

Ante estos signos, la recomendación es buscar atención médica sin demoras.

Como parte de la prevención, Sívori también destacó la importancia de llevar una alimentación saludable, dormir adecuadamente, controlar el estrés y evitar el tabaquismo y el consumo de alcohol.

Finalmente, recomendó aprovechar las consultas médicas para revisar el esquema de vacunación y comprobar si las dosis correspondientes están al día, especialmente entre los adultos mayores y las personas que presentan enfermedades crónicas. (NA)

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