Jabalíes: una invasión que avanza sobre los campos y se acerca a las zonas pobladas
La expansión del jabalí europeo genera preocupación en el sudoeste bonaerense por los daños sobre cultivos, suelos y biodiversidad, pero también por los riesgos sanitarios y los accidentes que puede provocar.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
Lo que durante años pudo parecer un problema limitado a determinados establecimientos rurales comenzó a adquirir otra dimensión. El jabalí europeo (Sus scrofa), una especie exótica introducida en la Argentina con fines cinegéticos, amplió progresivamente su área de distribución y hoy constituye una preocupación ambiental, productiva y sanitaria en distintos sectores del territorio bonaerense.
El sudoeste de la provincia no es ajeno a ese fenómeno. Su presencia está documentada en zonas cercanas a Bahía Blanca, Villarino, Patagones y las áreas serranas. En algunos establecimientos rurales, productores vienen denunciando daños sobre cultivos y otras instalaciones.
La expansión no es casual. El jabalí tiene una gran capacidad de adaptación, una dieta muy amplia y una elevada capacidad reproductiva. Puede alimentarse de granos, raíces, frutos, pequeños animales y carroña, además de aprovechar fuentes de alimento generadas por las propias actividades humanas.
Esa flexibilidad le permite ocupar ambientes muy diferentes y desplazarse entre montes, campos, cursos de agua y sectores próximos a poblaciones.
Daños que van más allá del cultivo
Uno de los principales impactos se produce sobre la actividad agropecuaria. Las piaras pueden ingresar a lotes cultivados y alimentarse de los granos, pero los perjuicios no terminan allí. Al buscar raíces, insectos y otros alimentos, los animales remueven grandes cantidades de suelo mediante el hociqueo y provocan el pisoteo y destrucción de plantas.
Ese comportamiento puede favorecer procesos erosivos y alterar la vegetación. También afecta a especies nativas al modificar los ambientes que utilizan y competir por recursos.
En los establecimientos ganaderos puede generar situaciones de competencia por alimento y agua y, además, existe preocupación por su capacidad para actuar como reservorio o transmisor de distintas enfermedades.
El problema tampoco queda restringido al campo. Los jabalíes pueden desplazarse por caminos rurales y rutas, aumentando el riesgo de accidentes, y acercarse a zonas periurbanas en busca de alimento y agua. La presencia de animales silvestres cerca de viviendas también incrementa las posibilidades de encuentros con personas o mascotas.
Un riesgo sanitario concreto
La dimensión sanitaria dejó de ser una posibilidad lejana para la región.
En julio de este año, las autoridades confirmaron en Mayor Buratovich, partido de Villarino, un brote de triquinosis que afectó a más de 50 personas. Los afectados habían consumido salamines y otros chacinados elaborados con un jabalí silvestre cazado por el propio grupo.
El episodio puso en evidencia uno de los riesgos asociados a la caza y el consumo de fauna silvestre. La triquinosis puede transmitirse a las personas mediante el consumo de carne insuficientemente cocida de animales infectados. Por eso, los organismos sanitarios recomiendan analizar la carne antes de elaborar chacinados y extremar las medidas de prevención.
El jabalí también puede participar en la transmisión de otras enfermedades que afectan tanto a animales domésticos como silvestres, lo que convierte a su expansión en una cuestión que excede el ámbito ambiental.
Caza para controlar la expansión
Frente al crecimiento de las poblaciones, el Gobierno bonaerense habilitó la caza plaguicida del jabalí europeo como herramienta de control.
La medida fue establecida mediante la Disposición 313/2025 del Ministerio de Desarrollo Agrario y posteriormente se ampliaron las áreas alcanzadas por esta modalidad.
El objetivo es reducir las poblaciones y limitar los daños que la especie provoca sobre los suelos, la vegetación, la fauna y las actividades productivas, además de disminuir los riesgos sanitarios.
La autorización, sin embargo, no implica una habilitación para cazar sin restricciones. La normativa establece condiciones y medidas de seguridad, contempla la prohibición de la actividad en zonas urbanas, suburbanas y lugares con presencia habitual de personas, y exige la documentación correspondiente.
La decisión provincial abre también un debate ambiental: ¿alcanza con cazar para controlar una especie invasora?
La respuesta dependerá, en buena medida, de la continuidad y la planificación de las acciones. El jabalí no reconoce límites entre campos ni partidos y posee una importante capacidad reproductiva y de desplazamiento. Una reducción puntual de ejemplares puede ser insuficiente si las poblaciones vecinas continúan creciendo.
Por eso, los especialistas coinciden en la necesidad de complementar el control con monitoreo y conocimiento de las poblaciones, identificación de corredores de desplazamiento, seguimiento de los daños productivos y vigilancia sanitaria.
Una señal de cambios
La expansión del jabalí también permite observar un problema ambiental más amplio. Las especies invasoras prosperan cuando encuentran alimento, refugio y condiciones favorables para reproducirse. La transformación de los ambientes naturales y la expansión de las actividades humanas pueden generar nuevos escenarios de interacción entre fauna silvestre, producción y población.
En ese contexto, el desafío no pasa solamente por determinar cuántos animales deben ser cazados, sino por conocer dónde están, cómo se desplazan, qué daños producen y qué estrategias resultan realmente eficaces para contenerlos.
La caza puede ser una herramienta dentro de ese esquema. Pero el verdadero desafío será lograr que forme parte de una política sostenida de manejo de fauna invasora, acompañada por monitoreo, prevención sanitaria y coordinación entre productores, municipios y organismos provinciales y nacionales.
Porque el problema no es solamente que haya más jabalíes.
Es que una especie que alguna vez fue introducida por el hombre encontró en los ambientes transformados por nosotros las condiciones necesarias para expandirse y convertir su presencia en un desafío para toda una región.