El automóvil, esa presencia al por mayor
Desalentar el uso del automóvil particular a favor de otros medios menos agresivos: el gran desafío de la ciudad.
Un estudio realizado entre 2022 y 2024 estableció que en nuestra ciudad 4 de cada 10 vecinos se mueven en auto, un promedio por encima de la media nacional.
El análisis fue realizado por profesionales de la Universidad Nacional del Sur, participantes de una convocatoria de la Organización Universitaria Iberoamericana para considerar los objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.
El objetivo principal fue hacer un diagnóstico de las decisiones de movilidad y la implementación de propuestas que alienten el desarrollo de una movilidad sustentable.
Se determinó que en nuestra ciudad el 42% de las personas utiliza el automóvil, un 21,4% que se traslada a pie, un 16,3% en colectivo y un 11,8% en bicicleta.
Para que una ciudad sea sustentable en términos de movilidad, hay bastante consenso entre especialistas (urbanistas, organismos como la ONU-Hábitat o el Banco Mundial) en que no se trata de elegir un solo medio, sino de priorizar una combinación jerárquica de transportes según su impacto ambiental, social y urbano.
Se sabe, y muchas ciudades del mundo trabajan en ese sentido, que caminar y usar bicicleta son los modos más favorables. No emiten contaminantes, mejoran la salud y reducen el uso de espacio.
La manera de alentar estas prácticas es generar ciudades compactas, con veredas amplias, ciclovías seguras y cercanía de servicios. Bahía Blanca está un tanto alejada de esa situación, una ciudad que se ha extendido, cuyas ciclovías son cuestionadas y falta consolidar los centros barriales.
Para fortalecer el sistema de colectivos es necesario que se cubran todos los barrios, con frecuencias acordes, algo que se cumple pero que necesita ajustes. Cuanto más atractivo es el transporte público, menos dependencia se tendrá del auto.
El automóvil es claramente el menos eficiente, ocupa mucho espacio, genera congestión, es contaminante. Las ciudades no lo eliminan, pero si implementan medidas para desincentivar su uso.
La respuesta para lograr ese funcionamiento exige una adecuación urbana seria y competente, que a la hora de planificar defina que sistemas son los que merecen toda la atención y prioridad.