Bahía Blanca | Martes, 03 de febrero

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Más empleo, menos derechos: el avance silencioso de la informalidad en el país

Mientras el empleo informal crece y sustituye al trabajo registrado, los datos del INDEC exponen un mercado laboral cada vez más precario, con salarios en caída y un sistema previsional al borde del colapso. En 2025, el trabajo no registrado superó niveles históricos.

En la era Javier Milei, el mundo del trabajo sigue presentando fisuras, de acuerdo a los números del INDEC. A ello se le suma la caída en el nivel salarial.

El empleo informal en Argentina continuó expandiéndose durante 2025, consolidándose como un fenómeno estructural que supera ampliamente al trabajo registrado y refleja el deterioro del mercado.

Una marca registrada de la era libertaria que parece no encontrar respuestas al tema y que muestra por qué el sistema previsional se desangra.

Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la proporción de asalariados “en negro” en el sector privado alcanzó niveles históricos, y la informalidad general —incluyendo trabajadores por cuenta propia— suma más de nueve millones de personas sin derechos laborales, previsionales ni sociales.

Los sectores con mayor proporción de trabajo no registrado están encabezados por el personal del servicio doméstico (1.152.000) y el comercio minorista y mayorista (851.000), seguidos por la agricultura y ganadería, y la construcción. Esto se traduce en una precariedad generalizada que combina asalariados no registrados (43,8% del total del sector privado) con trabajadores independientes que, en su mayoría, también desarrollan actividades sin cobertura social formal (64% de informalidad entre cuentapropistas).

La expansión del empleo en negro no se limita a un aumento neto de puestos de trabajo: las cifras oficiales enseñan que los asalariados registrados disminuyeron en 222.000 personas, mientras que los no registrados crecieron en 231.000, y los trabajadores por cuenta propia —en su gran mayoría informales— aumentaron en alrededor de 400.000.

Esto implica que, además de crecer la cantidad de empleos precarios, se está produciendo una sustitución del trabajo formal por el informal, con impacto directo sobre la protección social, los aportes jubilatorios y la cobertura de salud de millones de hogares. Por eso el Gobierno insiste en que es necesaria instrumentar una reforma laboral para revertir el pálido panorama.

Cabe recordar que el trabajo no registrado priva al empleado de derechos fundamentales: no tiene obra social ni seguro de accidentes (ART), carece de aportes jubilatorios, aguinaldo, vacaciones pagadas y licencias. Y ante el despido, no le corresponde indemnización legal y queda sin seguro de desempleo. 

El salario real, en picada

El deterioro laboral también se combina con una caída del salario real, que afecta a trabajadores del sector público, de convenio y a quienes desarrollan actividades informales, profundizando las brechas socioeconómicas. 

El economista Martín Redrado advirtió que el mercado que se perfila en Argentina tenderá a priorizar sectores como energía, agro, minería y tecnología, en detrimento de industrias tradicionales como construcción y manufactura.

Al analizar estos datos en perspectiva, la tasa de empleo informal en Argentina también se ubica en niveles elevados en comparación internacional: informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estiman que alrededor del 42% de los ocupados opera fuera de la formalidad, una proporción significativamente mayor que en otras economías de la región y muy por encima de los niveles deseables para un sistema de protección social robusto.

¿Dónde se concentra más?

Según el Indec, el 40% de los asalariados del sector privado trabaja en la informalidad. 

De ese total, el 80% se desempeña en empresas con menos de 10 trabajadores, el 16% en firmas de entre 10 y 100 empleados y apenas el 4% en empresas de más de 100 trabajadores. 

La informalidad asalariada, por lo tanto, no es un problema de las grandes empresas, donde su incidencia es marginal, sino un fenómeno concentrado casi exclusivamente en micro y pequeñas unidades productivas.

El empleo asalariado registrado permanece estancado y la informalidad ya no se expande mediante el trabajo “en negro” dentro de empresas, sino a través de una masa creciente de personas que salen a generar ingresos por su cuenta, muchas veces sin siquiera estar inscriptas en el Monotributo. Se trata, en la mayoría de los casos, de ocupaciones de muy baja productividad, sin protección social y con ingresos inestables.