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Argentina vuelve al mundo: hacia un récord de exportaciones en 2026

El país cuenta con ventajas claras en cinco sectores: agroindustria, energía, minería, economía del conocimiento y turismo.

Por Luis Zubizarreta (*)

Argentina está recuperando una presencia relevante en el comercio internacional. Exportar más ofrece una oportunidad para impulsar el desarrollo, generar empleo y fortalecer las economías regionales.

A comienzos del siglo XX, el auge de las exportaciones agropecuarias convirtió al país en el “granero del mundo”. La participación argentina en el comercio global superaba el 2% y nos ubicaba entre las economías más promisorias de la época.

Ese proceso combinó demanda de alimentos, condiciones naturales, productores competitivos, casas exportadoras generando mercado, instituciones comerciales garantizando transparencia, infraestructura ferroviaria y portuaria moderna e inmigración.

Con el paso de las décadas, la inestabilidad económica, el aislamiento y las políticas que penalizaron la producción y las exportaciones redujeron marcadamente aquella presencia.

Hoy, Argentina representa alrededor del 0,3% de las exportaciones mundiales de mercancías. Esta comparación no debe alimentar nostalgia, sino ayudarnos a dimensionar el espacio que tenemos para crecer.

El país cuenta con ventajas claras en cinco sectores: agroindustria, energía, minería, economía del conocimiento y turismo. El agro seguirá siendo un pilar esencial, pero podrá integrarse a una matriz exportadora más diversificada. El crecimiento de estos sectores permitirá ampliar la oferta y reducir la dependencia de pocos productos.

La energía y la minería también pueden estabilizar la generación de divisas durante el año, históricamente concentrada en los meses de comercialización de la cosecha.

Las proyecciones anticipan que las exportaciones argentinas podrían superar por primera vez los USD 100.000 millones en 2026. Más importante que alcanzar un récord nominal será convertirlo en una tendencia sostenida.

Para ello, no basta con disponer de recursos naturales: debemos transformarlos en ventajas competitivas permanentes mediante estabilidad macroeconómica, reglas previsibles, inserción internacional, inversión, innovación, capital humano e infraestructura eficiente.

Los acuerdos comerciales pueden abrir oportunidades, pero la apertura externa debe acompañarse con mayor competitividad interna. La energía abundante debería reducir costos y potenciar el desarrollo. También será indispensable reducir los costos sistémicos que limitan la capacidad exportadora.

Uno de los principales desafíos será mejorar la logística para conectar las regiones productivas con los mercados globales. Recuperar los ferrocarriles de cargas, ampliar la capacidad vial, modernizar el transporte fluvial y marítimo de cabotaje y optimizar los puertos permitirá incorporar nuevas zonas al proceso exportador.

La logística no es un servicio auxiliar: es una condición esencial para transformar producción en exportaciones competitivas.

Bahía Blanca resume buena parte de esta oportunidad. Allí convergen la agroindustria, la energía, la petroquímica y la logística portuaria en un círculo virtuoso de inversión, producción, exportaciones y empleo. Los nuevos proyectos pueden consolidar al complejo portuario bahiense como uno de los motores de la transformación exportadora argentina.

El objetivo no debe ser solamente volver al mundo, sino hacerlo con una canasta exportadora más diversificada, mayor valor agregado, mejores instituciones y una integración más profunda de las economías regionales.

Si logramos sostener las condiciones para invertir, producir y exportar, el récord de 2026 podrá convertirse en el inicio de un nuevo ciclo de desarrollo.

(*) Vicepresidente de la Cámara de Puertos Privados Comerciales (CPPC).

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