El papa en Uruguay: “Nadie pierde el valor de su vida por atravesar una situación de fragilidad”
En su primer discurso oficial en Montevideo, ante el presidente Yamandú Orsi, el pontífice reivindicó la historia del país, destacó el valor de la democracia y llamó a fortalecer el bien común.
El papa León XIV pronunció su primer discurso oficial en Uruguay, donde fue recibido por el presidente Yamandú Orsi y representantes de las instituciones nacionales y del cuerpo diplomático.
En el inicio de su visita, el pontífice expresó su alegría por llegar a tierras uruguayas y planteó una serie de reflexiones sobre la historia, la democracia, la convivencia social y los desafíos que enfrenta el país.
Desde el comienzo de su intervención, León XIV hizo referencia a Nuestra Señora de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, cuya imagen se venera en Florida, y destacó su importancia en la historia y la identidad nacional.
Uno de los ejes centrales del discurso fue la memoria del Éxodo del Pueblo Oriental de 1811, conocido como la Redota. A partir de las figuras representadas en el monumento a Artigas, ubicado en la plaza donde se desarrolló el encuentro, el Papa construyó una reflexión sobre la responsabilidad colectiva y la necesidad de que una sociedad avance unida, sin dejar a nadie atrás.
En ese contexto, recordó una frase pronunciada por José Gervasio Artigas en el Congreso de Abril de 1813: "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana".
Para León XIV, aquellas palabras expresan el origen de la autoridad pública y la responsabilidad de quienes reciben el mandato de gobernar.
El pontífice también destacó los 40 años de democracia ininterrumpida que Uruguay cumplió en 2025 y sostuvo que la autoridad debe estar orientada al servicio del bien común, dentro del orden jurídico y con respeto por la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos.
Otro de los temas centrales fue la responsabilidad de construir un futuro que contemple a las próximas generaciones. En ese sentido, reconoció la transformación de la matriz energética uruguaya, basada actualmente en gran medida en fuentes renovables, y señaló que el país enfrenta nuevos desafíos vinculados con el transporte, la producción y el uso responsable de los recursos naturales.
Al referirse a la evolución demográfica, León XIV puso el foco en la familia, la maternidad y la protección de la vida desde su comienzo. A partir de la imagen de una mujer con un bebé en brazos, representada en el monumento, sostuvo que quienes todavía no han nacido ya forman parte de la familia humana y del futuro de su pueblo.
Asimismo, remarcó que la protección de la vida requiere el compromiso de los padres, el acompañamiento familiar y condiciones sociales que permitan criar y cuidar a los hijos. En esa línea, recuperó una expresión de san Juan Pablo II: "El futuro de la humanidad se fragua en la familia".
Educación, trabajo e inteligencia artificial
El discurso también incluyó referencias a la educación como herramienta fundamental para el desarrollo de las personas y la construcción de una sociedad más participativa. El Papa sostuvo que garantizar una formación adecuada significa ofrecer a niños y jóvenes las capacidades necesarias para desarrollar su juicio, ejercer su libertad e incorporarse responsablemente a la vida social.
En relación con el mundo laboral, señaló que el trabajo debe permitir el desarrollo de las capacidades humanas y contribuir al bienestar colectivo. Además, advirtió sobre los desafíos que plantean los rápidos avances tecnológicos y la inteligencia artificial.
"El desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades", afirmó, al tiempo que llamó a evitar que los trabajadores queden reducidos a piezas prescindibles dentro de los procesos productivos.
León XIV dedicó una parte importante de su intervención a las personas mayores, quienes atraviesan enfermedades, las personas con discapacidad y quienes viven situaciones de pobreza, desempleo o exclusión.
A partir de las figuras de una anciana que camina con dificultad y de personas que se ayudan mutuamente durante el Éxodo, recordó que la dignidad humana no depende de la productividad, la autonomía ni la capacidad de valerse por uno mismo.
También hizo referencia al sufrimiento emocional y a la problemática del suicidio, y subrayó la importancia de la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía comunitaria.
"Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia", expresó.
En ese marco, compartió una reflexión personal sobre su reciente experiencia con la enfermedad y agradeció los cuidados recibidos. A partir de esa vivencia, llamó a garantizar que todas las personas puedan acceder a diagnósticos oportunos y tratamientos médicos, independientemente de sus recursos económicos.
El Papa sostuvo que quienes atraviesan situaciones de fragilidad no pierden su lugar en la sociedad y necesitan recibir asistencia, acompañamiento y los recursos necesarios para vivir con dignidad.
Convivencia, pluralidad y cooperación regional
En otro tramo de su mensaje, León XIV abordó la convivencia entre personas de distintas procedencias, tradiciones y creencias. Destacó el carácter laico del Estado uruguayo y señaló que debe garantizar un espacio de libertad y respeto tanto para creyentes como para no creyentes.
Afirmó, además, que la dimensión religiosa no debe quedar necesariamente confinada al ámbito privado y que las comunidades de fe pueden contribuir al bien común respetando la autonomía de las instituciones civiles.
En materia internacional, valoró la vocación uruguaya de promover soluciones pacíficas a las controversias y fortalecer la integración latinoamericana. También mencionó el papel de Montevideo como sede de la Secretaría del Mercosur y consideró que la negociación, el respeto al derecho y la búsqueda de acuerdos constituyen aportes importantes para la región.
Hacia el final de su discurso, León XIV retomó la imagen de la Redota para destacar que un pueblo se construye a partir de la responsabilidad de unos hacia otros, más allá de las diferencias sociales, económicas y generacionales.
Recordó también los vínculos históricos entre la Santa Sede y Uruguay, que se remontan a los primeros años de la independencia nacional, y mencionó la designación de Dámaso Antonio Larrañaga como vicario apostólico de la República en 1832, durante el pontificado de Gregorio XVI.
Finalmente, expresó el deseo de que la Iglesia continúe ofreciendo al pueblo uruguayo el mensaje de Jesucristo y la esperanza del Evangelio, colaborando con todos los sectores que trabajan por el bien común y la dignidad de las personas.
"Que estos días nos permitan fortalecer cuanto nos une y renovar la confianza con la que se afrontan las dificultades y se prepara lo que está por venir", concluyó el pontífice.
Su mensaje terminó con una bendición para Uruguay y un pedido para que la Virgen María, a quien el pueblo uruguayo se confió desde los primeros años de su historia, continúe acompañando al país. (Fuente: TN).