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Feedlot: entre la ilusión óptica de las planillas y la realidad del negocio

“Antes de decidir cuánto conviene ganar mañana, es necesario saber con precisión cuánto se ganó o se perdió ayer”, dice el Ing. Agr. Andrés Halle, consultor y especialista del sector ganadero.

La medición de un ciclo cerrado exige contemplar los precios y los costos efectivamente incurridos. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva y Archivo LN.

“A la luz de los distintos trabajos en los que se publican resultados económicos del engorde a corral, donde las planillas teóricas de la coyuntura actual suelen proyectar márgenes en rojo que superan los 30.000 pesos por cabeza, surge una pregunta: ¿Cuánto de esos márgenes representa realmente el resultado del negocio y cuánto corresponde a supuestos incorporados al cálculo? Es que, de ser reales los resultados que se publican, pocos feedlots seguirían en pie”.

El Ing. Agr. Andrés Halle, analista especializado en el sector ganadero, advierte sobre las distorsiones en el cálculo de los márgenes económicos y explica por qué es indispensable distinguir entre el ciclo terminado y las proyecciones futuras para evaluar la salud real de los engordes a corral.

En el análisis económico de la ganadería intensiva en la Argentina, las planillas teóricas de la coyuntura suelen proyectar márgenes en rojo que generan alarma en el sector. Sin embargo, Halle cuestiona la representatividad de esos indicadores cuando no reflejan la dinámica real de las empresas.

Para evitar lecturas erróneas sobre la sostenibilidad del negocio, el consultor remarca la importancia metodológica de no confundir la evaluación de lo acontecido con las expectativas de lo que vendrá.

Según explica, el análisis económico del feedlot debería separar claramente tres momentos:

—Lo que ocurrió.

—Lo que está ocurriendo.

—Lo que se decide hacer a partir de hoy.

En este sentido, la medición de un ciclo cerrado exige contemplar los precios y los costos efectivamente incurridos.

Ing. Agr. Andrés Halle, analista del sector ganadero.

“El ciclo terminado debe medirse con sus precios y costos reales. El ciclo futuro debe analizarse con los precios actuales y con hipótesis explícitamente formuladas sobre aquello que todavía no conocemos”, sostiene en el informe del Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos (Cadia).

Para el consultor, esta distinción resulta indispensable antes de tomar decisiones operativas, concluyendo que “antes de decidir cuánto conviene ganar mañana, es necesario saber con precisión cuánto se ganó o se perdió ayer”.

El precio de pizarra

Una de las mayores distorsiones en los cálculos teóricos surge al determinar el costo de alimentación en los sistemas integrados de agricultura y ganadería. Halle advierte que trasladar automáticamente el precio del maíz de pizarra al engorde genera una ilusión óptica en los márgenes.

“Se toma la relación de compra venta del momento y, simultáneamente, se valoriza el alimento al precio actual de mercado, mientras que el precio de venta del gordo todavía es futuro. Así se mezclan un precio actual de compra, un costo de alimentación reconstruido a valores actuales y un precio de venta supuesto”, añade.

En las empresas que producen su propio grano, la referencia de costos no debe provenir del mercado disponible, sino del recurso originario de producción. “En la empresa integrada, si el grano se produce en campo del productor, el costo de oportunidad debe partir del recurso originario, fijo y limitante: la tierra”, explica Halle.

“Frente a una estructura cuyos costos deben afrontarse, puede ser económicamente preferible perder menos que no producir”, dijo Halle.

Por ende, remarca que valorar el maíz utilizado en el feedlot como si hubiera que comprarlo hoy al precio de pizarra puede sobreestimar el costo de alimentación. “El problema no es utilizar precios de mercado. El problema es confundir el precio al que podría venderse el grano con el costo económico que corresponde asignarle dentro del sistema productivo”, sostiene.

Por otro lado, cuando los márgenes teóricos esperados son negativos, continuar con la producción puede seguir siendo una decisión económicamente racional si permite amortiguar la estructura fija. “Frente a una estructura cuyos costos igualmente deben afrontarse, puede ser económicamente preferible perder menos que no producir”, señala el consultor.

Para evaluar con rapidez el riesgo del modelo productivo sin quedar atados a precios nominales absolutos, Halle sugiere recurrir a herramientas como la curva de tasa de corte, la cual relaciona los precios de compra de la hacienda, de venta y del alimento.

“La clave de la evaluación ex ante no pasa por suponer un precio futuro del gordo, sino por determinar qué valor necesita alcanzar la hacienda terminada para que el nuevo ciclo se ubique en el punto de equilibrio”, concluye Halle.

Acerca del stock

Según el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y el Rosgan, al último jueves 1 de octubre los feedlots registran un máximo histórico de ocupación al superar los 2,09 millones de cabezas encerradas.

De esta manera, se mantiene una elevada ocupación que convive —paradójicamente— con planillas teóricas de la coyuntura que proyectan márgenes negativos de hasta $ 160.000 por cabeza. En este septiembre ingresaron 358.767 animales y salieron 341.468, elevando el Índice de Reposición (IRF) a 1,05, un comportamiento atípico para el segundo semestre.

Las planillas de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF) muestran pérdidas teóricas de $ 80.000 a $ 160.000 por novillito a faena. Esto obedece a una brecha récord del 50 % entre el ternero de invernada ($ 6.000 - $ 6.200 por kilo) y el novillo gordo ($ 4.400 - $ 5.000 por kilo), sumada al deterioro de la relación maíz-carne (de 18 a 14 kilos de maíz por kilo de carne).

Por otro lado está el alargamiento de ciclos y mayor peso final. Esto es, la combinación de recrías pastoriles y terminación a corral busca volcar a la faena animales más pesados, otorgando mayor flexibilidad al sistema para administrar la oferta.

Asimismo, está la concentración por escala y rol exportador. Los feedlots de más de 10.000 cabezas operan con un 82 % de ocupación (frente al 50 % en establecimientos chicos), con creciente presencia de frigoríficos exportadores que buscan asegurar el suministro de hacienda pesada.

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