Juega al fútbol en Atlético Ventana y casi muere en un accidente: "A partir de ahora creo en los milagros"
Tomás Monge aprendió a reir más que a llorar. Todas las mañanas saluda a sus padres con un “los amo” y se abraza a la vida como si hubiese vuelto a nacer. “Me dieron otra chance y la voy a aprovechar”, confío el volante suarense de 26 años.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
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(Nota ampliada de la edición impresa)
“No soy muy creyente, pero algo o alguien que me quiere en este mundo me dio una chance más, no merecía morir porque con la moto no hago locuras ni pavadas, soy tranquilo para andar y la uso para ir a trabajar o a entrenar”.
Tragó saliva mil veces y le costó recrear la historia del choque, pero con esfuerzo contó hasta donde se acordaba o compartió lo que le contaron cada uno de sus familiares y amigos, los mismos que se unieron en cadena de oración para pedir por su salvación cuando ingresó en “código rojo” y con alto riesgo de vida a la sala de cuidados intensivos del Hospital Interzonal Dr. José Penna.
Tomás Monge es un futbolista suarense de 26 años muy querido en el ambiente, actualmente juega en Atlético Ventana --equipo que llegó a la instancia de playoffs de la Liga de Coronel Dorrego-- y no se resigna a dejar de soñar después de haber permanecido en estado reservado debido a las heridas de extrema gravedad que sufrió el sábado 19 de septiembre, cuando con su motocicleta chocó contra el lateral de un automóvil en la intersección de Las Heras y Garibaldi de su Coronel Suarez natal.
“Está peleando como un campeón, esta batalla la va a ganar”, fue el deseo a coro de mamá Alejandra (Barraza) y papá Carlos cuando el médico cirujano Juan Bautista Cisneros le comunicó que había que intervenirlo quirúrgicamente por una lesión en la cabeza y que las chances de sobrevir eran de un 50 por ciento.
“El impacto fue fuerte y mi cuerpo se fue para atrás, y a partir de ahí no me acuerdo más nada. Llevaba puesto el casco y no sé si mi cabeza pegó contra el auto o contra el asfalto de la calle”, deslizó con timidez este volante o enganche que se formó en las inferiores en Deportivo Sarmiento pero hizo su debut en la Primera de Tiro Federal de Villa Belgrano en 2018.
En 2024 volvió al “Depo”, un año más tarde defendió la casaca de Unión de Pigüé y a mitad de esta temporada se había sumado al conjunto ventanense, donde repartía juego con la 10 y estaba disfrutando de la regularidad que no había conseguido en otro lado.
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Tomy no quería perder el hilo de la conversación y yo me di cuenta que en vez de preguntar tenía que escuchar.
“La ambulancia me llevó inconsciente al hospital de Suárez (el Municipal «Dr Raúl Caccavo»), y de ahí me derivaron al Penna por la complejidad del cuadro. Las dos semanas siguientes a mi ingreso (al nosocomio) permanecí en ese estado y, la verdad, los recuerdos son muy esporádicos y no tan precisos”, afirmó desde su casa mientras mantiene estricto reposo y un sostenido y cercano cuidado de su novia Clara Ostertag.
“Por el golpe en la cabeza se formaron coágulos de sangre que presionaban peligrosamente al cerebro. Había que arriesgar a la operación porque el tiempo no podía seguir pasando”, articuló con un fino de haz de voz porque el accidente también le perjudicó las cuerdas vocales.
“También sufrí una broncoaspiración (es el paso accidental de alimentos, líquidos, saliva o contenido del estómago hacia las vías respiratorias inferiores --debajo de las cuerdas vocales-- y los pulmones) que me afectó el habla (además repercutió en esa zona el tiempo que lo mantuvieron entubado) y una luxación del hombro izquierdo”, contó mientras organizaba la agenda que nunca había necesitado consultar y que ahora contenía turnos al psicólogo, fonoaudióloga y las distintas sesiones de kinesiología con sus respectivos días y horarios.
“La operación duró 5 horas y cuando salí empecé a creer en los milagros. Hoy, cada vez que despierto a la mañana, les digo a mis padres que los amo y le agradezco a la vida por estar vivo y haber recibido tantas muestras de cariño y solidaridad, de la comunidad suarense y de un montón de gente que me transmitió energías y plegarias que me llegaron a lo más profundo de mi alma”, dijo antes de “quebrarse”.
A medidos de este mes recibió el alta médica y no quiere apurar los tiempos: “Lento pero voy, mejorando día a día”, transmitió sin entrar en detalles, porque yo tampoco quise indagar, y ni me pareció un detalle más importante que la vida misma, para que usted amigo lector sepa si recibió poca o mucha ayuda económica para solventar gastos y derivaciones.
--¿Te ilusionás con volver a correr atrás de una pelota?
--El fútbol es lo que más extraño, depende de mi fuerza de voluntad estar en una cancha otra vez. Tampoco estoy trabajando (es empleado en una fábrica de aberturas en Coronel Suárez), pero es momento de tener la mente tranquila y de valorar que no me quedarán secuelas del accidente.
“Si todo va bien, en marzo del año que viene vuelvo al ruedo futbolístico”, se esperanzó, valorando el 2-2 que Atlético Ventana sacó ante Independiente de Dorrego en el cotejo de ida de la Liguilla (hoy se vuelven a enfrentar) conducente al título anual.
Entre corridas, urgencias y estabilizaciones del cuadro cada vez que lo sorprendía la fiebre o se le disparaba alguna que otra alteración pulmonar, Tomás sabe que estuvo “a nada” de la muerte.
“Vivan la vida, además de mi esfuerzo, está el de mis padres y el de todos aquellos que me quieren. Valoren lo que tienen, agradezcan por la salud, por levantarse todos los días y poder salir a la calle sin impedimentos; esto que me pasó a mi te enseña a querer, abrazar, sentir y dignificar, porque sin la ayuda de mi entorno y la fuerza de quienes pidieron por mi, este milagro no hubiese sido posible”.