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Mariano Perretti hace “Historia” en el arbitraje: llegó a 100 partidos en la Liga del Sur y es feliz dirigiendo

El “Profe”, que este sábado cumplirá 42 años, no se relaja, quiere seguir, y lo manifestó después del reconocimiento que recibió, por parte de la ABA, en la que se inició, continúa y representa con orgullo, en la previa del choque entre Liniers y Sporting.

Fotos: Archivo-La Nueva y Facebook ABA

“Me convertí en árbitro de casualidad y por curiosidad y hoy amo esta profesión a la que le dediqué, con pasión, esmero y un enorme orgullo, la mitad de mi vida”.

Serio, intelectual y detallista, Mariano Perretti se comprometió de lleno con una carrera donde mantener la regularidad y permanecer activo es más difícil que cursar y recibirse, y el domingo, en el 1-0 de Liniers sobre Sporting, llegó a los 100 partidos oficiales dirigidos en Primera división de la Liga del Sur.

“Los 21 años que llevo ligado al arbitraje pasaron volando. Miro hacia atrás y hay recuerdos de todo tipo, errores, partidos de compleja resolución, broncas y momentos amenos como ingratos,  pero lo que más tranquilo me deja es que siempre quise ser justo y si me equivoqué fue sin mala intención porque jamás entré a una cancha para perjudicar a alguien”, reflexionó este referí de carácter fuerte, personalidad noble y que siempre estuvo ligado a la Asociación Bahiense de Arbitros (ABA).

“En 2025 arranqué completando alguna que otra terna, siendo asistente en partidos del fútbol femenino o Liga Comercial, al año siguiente hice el curso de árbitro (local y regional, que duraba dos años) y en 2007 me asocié como miembro activo a la ABA”, señaló el Profe de Historia que este sábado festejará su cumpleaños N° 42.

“Mi papá (Juan Carlos) fue un pionero del arbitraje en la Asociación, después se prendió mi hermano (Facundo, de 38 abriles) y yo no me quedé atrás. En ese momento no sentía nada por entrar a una cancha y dirigir, pero veía que mi hermano ganaba bien, salía todos los fines de semana, se compraba ropa y estaba feliz, y eso me llevó a tomar la decisión de arrancar, sabiendo apenas lo básico y con mucho temor a fracasar”, enfatizó antes de enfocarse de lleno en lo que fue el partido del debut.

“Hoy no me arrepiento de haber elegido este camino, porque te repito, de casualidad encontré y me enamoré de una actividad, trabajo y profesión que me da placer y me apasiona”, contó sin un solo “ehhh” en su relato.

Su primer encuentro en la mayor de la Liga del Sur fue el 10 de julio de 2010, en un 8-0 de Sansinena sobre Libertad.

“Pese a lo abultado del resultado, no fue tan sencillo, Libertad había puesto un equipo muy alternativo y peleó hasta donde pudo”, recordó quien en 2011 se recibió de árbitro nacional e integró distintos listados de mérito en el plano regional y federal (fue asistente en campeonatos Argentino C y B y también en instancias finales de algunos torneos del Interior).

En los 100 cotejos que sacó adelante, al que más veces pitó fue a San Francisco: 22 ocasiones. Después siguen La Armonía, Pacífico de Bahía y el verde de Cabildo, a todos ellos los controló en 18 oportunidades.

--¿Jugaste al fútbol en algún club liguista?

--Sí, fui arquero en Tiro Federal, llegué hasta octava división. Guardo gratos momentos vividos en esa institución, sobre todo por el honor de haber tenido como entrenadores a bondadosas y grandiosas personas, como Daniel Rosas, Daniel Leobono y Juan Carlos “Tatín” De Mattía. Ellos me enseñaron mucho, en la cancha y en la vida; fueron como mis padres complementarios.

--Estoy casi obligado a preguntarte: ¿son hincha de Tiro?

--Soy fanático de Boca.

A este bahiense, criado en el barrio Villa Harding Green, se le dibuja una sonrisa amplia en su rostro cuando rememora la primera vez que se vistió de árbitro: “Fue en un partido de femenino, junto a Gladys Hernández y Oscar Zárate”.

“En el mismo año que debuté pitando en Primera me recibí de Profe de Historia en la UNS”, declara el menor de tres hermanos (además de Facundo está el mayor, Walter, de 49), quien cumplió con sus estudios primarios en la Escuela N° 68 de Espora y la 6 de calle Caronti y el Polimodal en el colegio El Nacional.

Actualmente dicta clases en las Escuelas Medias N° 2, 11 y 12, aunque aclara que su primer trabajo fue el arbitraje, donde superó en presencias a papá Juan Carlos (86 encuentros dirigidos en Primera local) y a al gurrumin de la familia, Facundo (51).

“A varios alumnos (que recuerde ahora Santiago Villalba, Thiago Pérez, Fausto Lloyd, Felipe Achares, etc) me tocó dirigirlos en la Liga, pero tuve la suerte de no tener que llamarle la atención ni expulsarlos. Si en el aula se portaban bien, en la cancha también... (risas).”

A paso lento y a pura emoción

“El domingo fue un día muy particular. No cambié nada de la rutina previa a un partido, aunque reconozco que esta vez armé el bolso con más nerviosismo que otras veces; era mi cotejo N° 100 y no podía faltar nada. La ansiedad no era por el partido o por los rivales que se iban a enfrentar, era una procesión interna que me generaba un montón de sensaciones lindas y nostálgicas”, apuntaló Mariano, que de Saavedra al 100, donde vive solo, se fue caminando hasta el estadio Alejandro Pérez de Liniers, en avenida Alem 1089.

“Iba recordando momentos, el hermoso trayecto transitado en 16 años en Primera, las calificaciones de los periodistas, las horas de estar esperando, muchas veces hasta la madrugada, en calle Rodríguez, la salida del diario La Nueva para ver qué puntuación me habían puesto y que decían de mi actuación”, amplió ya en voz más baja.

“El jueves me llamó mi papá para decirme que este iba a ser el partido 100, pero Cocho López (el numerólogo de LU2) ya me había avisado que había llegado al 99”, comentó mientras repasaba mentalmente lo que finalmente sucedió en el campo de juego del Chivo: “El reconocimiento, la plaqueta, que esté el presidente de la ABA (Gustavo Altuna), el tesorero (Juan Vega) y algunos compañeros que me fueron a saludar, fue increíble, emocionante e inolvidable”, racapituló entre suspiros.

“Y después, que te envíen mensajes ex compañeros, viejos dirigentes del arbitraje, directivos de los clubes y la Liga, fue súper reconfortante”, amplió quien, como máxima autoridad dentro de una cancha, siempre mostró su hidalguía de bien para impartir justicia dando lo mejor de sí.

--¿Tu mejor partido?

--Un Villa Mitre-Olimpo en 2015, 1-0 para el tricolor, un día donde me salieron todas, corrí como nunca y se dio un partido perfecto y sin polémicas. Me acuerdo que me fue a ver el “Flaco” Martínez (actual maestro e Instructor de ABA), quien me felicitó delante de los jugadores de ambos equipos que también me vinieron a saludar sin recriminarme nada. Fue un lujo.

--¿Y el peor?

--Un año más tarde, Olimpo-Sansinena en el Carminatti. Me equivoqué en no dar un penal, expulsé mal a un jugador y se armó flor de quilombo cuando Nicolás Ballestero, jugador de Sansinena, le gritó un gol en la cara a Plácido Sangronis, DT de Olimpo. No me sentí bien, estaba incómodo y no estuve a la altura. Me faltó conducción y por culpa mía salió todo muy deslucido y el clima terminó caldeado.

“Me acuerdo que ese partido lo cubriste vos para el diario y hoy aprovecho a agradecerte porque no me mataste en el comentario y tampoco con la puntuación. Estaba desenfocado y molesto conmigo mismo, pero por suerte nunca más repetí una producción de ese tipo”.

--¿Hasta cuándo vas a seguir con la ley del silbato y las tarjetas?

--Por el momento me siento bien, no es que termino impecable cada partido, pero si tengo que pitar dos encuentros en un fin de semana lo hago sin problemas. Arrastro tendinitis crónicas en ambas rodillas, pero por ahora podemos convivir, no molestan y me permiten desenvolverme con naturalidad.

“Veremos hasta cuando, pero sigo disfrutando y quiero que esto no se acabe nunca. Imaginate que voy a ABA desde los 10 años, así que el sentimiento que tengo por la institución no me lo impuso nadie, lo gané gracias a que mi papá me permitió que lo acompañe desde chiquito”.

“Pese a que un partido es desgastante y te consume muchas energías, lo quiero seguir haciendo. Para ser árbitro es necesario tener talento, control emocional, saber conducir y cómo actuar frente a los instintos de los demás. Tenés que ser el primer equilibrado y ser tan respetuoso con el jugador como lo son ellos con vos.

--¿El peor insulto que recibiste?

--Nunca la pasé mal en una cancha, pero en un Pacífico de Bahía con su homónimo de Cabildo, en el estadio del verde, en calle Terrada, me gritaron algo que todavía hoy me sigue generando mucha gracia.

“Había llegado de rendir las pruebas físicas para el Federal en Santa Rosa, y terminé ´muerto’ y contracturado ese partido. Cuando iba entrando al túnel, un señor me increpó desde el alambrado: ´Perretti, hijo de mil p…, pasale la cuota alimentaria a tu hija´. O me confundió con otro árbitro o tengo una hija no reconocida de la cual nunca me enteré, je, je”.

--¿Mamá Gregoria que dice de esta pasión por el arbitraje?

--Se acostumbró. Fue fundamental en mi crecimiento profesional y en mi madurez como persona, aunque no iba a la cancha para no tener que tolerar el alto grado de agresiones e insultos que yo sufría cada vez que entraba a dirigir. A mi abuela Ethel le pasaba lo mismo con mi papá, pero una tarde, en el estadio de Olimpo, enfureció y se armó.

--¿En serio?

--Sí, cuando mi papá se iba hacia el vestuario después de controlar Pacífico de Bahía-Bella Vista, una catarata de insultos bajaron desde la tribuna que ocupaban los parciales del verde. Mi abuela, que estaba cerca, los encaró para que dejen de gritarle al hijo. Los pudo calmar y los hinchas le pidieron perdón. Eso fue a finales de los 80, hoy la historia hubiese tenido otro final.

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