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Claudio Martínez llega a Bahía para abrir el debate sobre la IA

El periodista y productor participará del quinto encuentro del ciclo "Tomá Nota", en donde analizará las oportunidades y los riesgos de la inteligencia artificial, desde su impacto en el empleo y la privacidad, hasta sus aplicaciones en la salud. La charla será el jueves 29 de octubre, a las 18, en el Aula Magna de avenida Colón 80, con entrada libre y gratuita.

“La inteligencia artificial es mucho más que tecnología”, sostiene Claudio Martínez. Para el periodista y productor, la discusión no se limita a los avances técnicos: también involucra el poder, la política, el trabajo y la vida en comunidad. El jueves 29 de octubre visitará Bahía Blanca para brindar la charla “Inteligencia artificial, mucho más que tecnología”, en el quinto encuentro del ciclo "Tomá Nota".

Martínez cuenta con más de cuatro décadas de trayectoria en medios. Fue Productor General de "Día D", subdirector de la revista "Veintitrés" y director periodístico de América TV. En 2002 fundó El Oso Producciones, desde donde realizó ciclos de divulgación científica y cultural como "Científicos Industria Argentina" y "Alterados por Pi". También fue productor general de dos debates presidenciales y, entre 2021 y 2023, director ejecutivo de la TV Pública. Recibió el Premio Konex de Platino 2017, 18 premios Martín Fierro y 12 Fund TV. Actualmente desarrolla una tarea pedagógica y periodística centrada en la divulgación de la inteligencia artificial.

En esta conversación, reflexiona sobre qué significa esta tecnología, cómo puede transformar el mundo laboral y por qué, ante sus respuestas, conviene seguir haciendo preguntas.

—¿Qué es la inteligencia artificial y por qué se habla tanto de ella ahora?

—"La idea de máquinas inteligentes capaces de sustituir, acompañar o intervenir en las decisiones cognitivas de las personas existe desde los años cuarenta del siglo pasado. Lo que faltaba eran las condiciones materiales: el poder de cómputo y los datos necesarios para entrenar los modelos. Por eso tenemos esta tecnología a nuestra disposición desde hace relativamente poco. En términos muy básicos, la inteligencia artificial combina matemática, algoritmos y datos para predecir, por ejemplo, cuál podría ser la palabra siguiente. Esa es una explicación esquemática, pero sirve para empezar a entender de qué hablamos".

—Usted plantea que la IA es mucho más que tecnología. ¿Por qué?

—"Lo menos interesante de todo lo que está ocurriendo es el componente tecnológico. Lo verdaderamente trascendente es cómo la inteligencia artificial se vincula con el poder y con la política, también a escala global. Hoy está en el centro del dispositivo de poder mundial y es uno de los focos de disputa entre las grandes potencias, principalmente Estados Unidos y China. Esa disputa involucra también a otros países, sus alineamientos diplomáticos, sus recursos naturales y sus infraestructuras. La IA tiene un impacto muy concreto en distintos aspectos de nuestra vida y la gestión de esos aspectos necesariamente tiene que ver con el poder y la política".

—¿Por qué la considera una tecnología tan disruptiva?

—"Me gusta decir que es la mayor hazaña tecnológica en la historia de la humanidad. Quizás parezca una exageración, porque al compararla hay que pensar en inventos como la rueda, la imprenta o la máquina de vapor, que transformaron profundamente nuestras vidas. Pero esos inventos, de algún modo, vinieron a suplementar nuestro músculo: nos permitieron levantar más peso, llegar más lejos o ampliar nuestras posibilidades de comunicación. Lo que ocurre con la inteligencia artificial es que viene a suplementar nuestro cerebro. Y eso es de otro nivel, porque el cerebro es lo que nos distingue del resto de las especies.

Cuando decimos que es una tecnología revolucionaria, me refiero a que también puede contribuir a mejorar la calidad y la expectativa de vida. En medicina, por ejemplo, ya ayuda a diagnosticar enfermedades. Y los sistemas predictivos pueden ser útiles para enfrentar problemas como el cambio climático. La pregunta es cómo se distribuyen esos beneficios. Esperemos que alcancen a la mayor cantidad posible de personas y no queden reservados para unos pocos".

—¿Qué cambios puede producir la IA en el mundo del trabajo?

—"Lo que vaya a ocurrir todavía es una moneda en el aire. La automatización digital —el eufemismo que se usa para hablar del reemplazo laboral— avanza a una velocidad importante y ya está generando problemas. Pero todavía no sabemos cuál va a ser su alcance, es algo que se encuentra todavía en discusión. Al principio imaginábamos que afectaría sobre todo a las tareas físicas, mediante la robótica. Sin embargo, estamos viendo que también alcanza tareas cognitivas. Cada vez hay más posibilidades de automatizar trabajos que se hacen con el cerebro.

Las tareas iniciales de una actividad son las más expuestas. En un estudio jurídico, por ejemplo, buscar jurisprudencia era una de las primeras labores que podían hacer estudiantes de abogacía. Hoy un modelo entrenado para eso puede realizarla con mucha más velocidad. Esto plantea un problema para el trabajo joven, porque muchas de esas tareas de entrada también existen en estudios contables y en los medios periodísticos".

—¿Qué lugar queda para las personas frente a las máquinas?

—"Para esto voy a citar a un neurocientífico argentino al cual admiro y me honra con su amistad, que es Miguel Benasayag. El habla de la “singularidad de lo vivo”: aquellas cosas que a los humanos nos hace únicos e irreemplazables. Para él, y también para mí, tienen un lugar central las actividades que nos hacen felices y en definitiva, las cosas que nos hacen únicos. A mí me gusta escribir. Es lo que más me interesa del trabajo periodístico y es algo que no quiero entregarle a las máquinas. Puedo pedirles información o asistencia, pero el placer de escribir, que me hace singularmente humano, no pienso delegarlo.

La competencia con las máquinas no tiene demasiado sentido. Cada uno debería definir qué cosas le gusta hacer y cuáles quiere preservar y el resto, pueden hacerlas las máquinas. Por ahora, los sistemas son muy buenos para las tareas repetitivas y para recombinar datos. Pero eso no es necesariamente creatividad: es repetición y recombinación matemática. El juicio crítico, la empatía y la creatividad humana siguen siendo fundamentales e irremplazables".

—¿Cuáles son los principales riesgos que observa?

—"Me preocupa la cultura digital, que ya existía antes de la inteligencia artificial y se intensificó durante la pandemia. La digitalización fue necesaria para seguir trabajando, estudiando y comunicándonos. Pero también genera fragmentación en las comunidades, con consecuencias en la vida democrática y familiar, y en la salud mental, especialmente entre los jóvenes. También son graves la manipulación y la desinformación, que tienen un impacto particular en la democracia y no solo en Argentina, sino en todo el mundo y que tiene que ver con la hiperdigitalización de nuestras sociedades. Y eso está íntimamente vinculado con el problema de la privacidad: entregamos nuestros datos, nuestras preferencias y nuestra mirada del mundo a cambio de estar conectados. En cada interacción digital cedemos una parte de nuestra privacidad, y eso tiene consecuencias muy graves".

—¿Quién debería establecer límites?

—"Para usar la inteligencia artificial de forma responsable, primero tenemos que ser conscientes de sus impactos en nuestra vida personal y comunitaria y en el modo en que se desarrolla nuestra convivencia con el otro. Y es justamente ese otro de los grandes riesgos: que desaparezca el otro, que quedemos encerrados en nuestras propias burbujas cognitivas, alimentadas por los algoritmos.

Los líderes democráticos deberían participar de esta discusión y poner límites, ya que muchos parecen hasta ajenos a este debate que ya está planteado . En cambio otros, ya están trabajando en la gobernanza de estos sistemas y en cómo equilibrar el peso de las grandes corporaciones tecnológicas. La conciencia está creciendo. En ese sentido, el Papa León XIV también está planteando la necesidad de poner en el centro lo que los seres humanos necesitamos. En su última encíclica " Magnifica Humanitas." fue muy claro con lo que debería pasar con la IA, que no tiene que ver con desenchufarla, pero sí cambiar la lógica sobre la cual fue construida, la de la eficiencia corporativa que busca mejorar la rentabilidad empresaria y bajar los costos, perdiendo de vista qué es lo que los humanos necesitamos".

—¿Qué oportunidades ofrece a estudiantes, emprendedores y comercios locales?

—"Ofrece oportunidades interesantes, siempre que entendamos que no es un oráculo ni la dueña de la verdad. Puede equivocarse y sus respuestas dependen de los datos con los que fue entrenada. Hay que usarla y aprovecharla, pero siempre buscar las fuentes. Es importante saber en qué se basó para responder: no es lo mismo que detrás de una respuesta haya un libro de un autor confiable que un artículo de una red social o una página que no nos merece confianza y que no haga caer en un error".

—¿Qué usos positivos destacaría?

—"Uno de los ejemplos más fuertes es la aplicación de la inteligencia artificial a la salud, en particular al diagnóstico. En la Argentina también hay gente trabajando en la frontera del conocimiento con resultados alentadores. Hay modelos que asisten en el diagnóstico por imágenes. Pueden comparar, en poco tiempo, imágenes de una gran cantidad de pacientes y ayudar a identificar enfermedades con mayor precisión. Si un diagnóstico se obtiene en una etapa temprana, aumentan las posibilidades de un buen tratamiento y de curación. Me parece que ahí hay algo muy luminoso para el futuro".

—¿Qué consejo le daría a alguien que quiere empezar a usar IA?

—"Que afine la puntería en términos de la pregunta que voy a hacer. La pregunta, en la jerga de la IA se la llama prompt. El prompt no es solamente una pregunta, es la instrucción, la indicación clave para que la respuesta que nos vaya a dar el sistema se ajuste a nuestras necesidades. Por ejemplo, pedirle que responda desde la perspectiva de una persona experta en un tema. También hay que ser muy específico, insistir y revisar las respuestas.

Y no hay que dejarse capturar por la empatía que simulan estos sistemas. Están diseñados para generar cercanía, pero del otro lado no hay una persona con la que tengamos que entablar una amistad. La IA no es nuestra amiga, nuestra consejera, un familiar, un médico ni un psicólogo. Tenemos que entender qué hay del otro lado para no caer en la trampa de la antropomorfización, es decir darle carácter humano a una máquina, ya que se termina convirtiendo en algo muy peligroso", cerró.

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