Maíz: ¿cuál es la hoja de ruta para reducir la brecha de rendimiento (del 19 %)?
Con genética, manejo de datos y herramientas digitales se pueden potenciar los resultados productivos. El potencial calculado explica la eventual mejora de la rentabilidad: hasta U$S 85 por hectárea.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
En los últimos 25 años, el maíz experimentó un crecimiento histórico en el país. La combinación de mejoramiento genético adaptado a siembras tardías y el uso de agricultura de precisión son los pilares fundamentales para acortar la distancia entre los rendimientos promedio y los techos alcanzables.
En nuestra agricultura, el rendimiento del cultivo se construye paso a paso a través de la interacción constante entre la tecnología de insumos y las decisiones agronómicas en el lote. En los últimos 25 años, la superficie implantada con este cereal se triplicó en el país, mientras que el promedio de rendimiento nacional creció alrededor de un 35 % y los techos productivos se elevaron un 43 %, convirtiendo a los antiguos techos en los pisos actuales de rinde.
Sin embargo, la brecha entre el rendimiento promedio de los lotes y el máximo alcanzable se ubica hoy en hasta un 19 %. Para cerrarla, la hoja de ruta sectorial se apoya en tres ejes estratégicos: genética, manejo y datos.
Por el lado de la semilla, la ganancia genética del maíz se ubica entre 80 y 100 kilos por hectárea al año (alrededor de un 1 % anual), impulsada por una expansión geográfica y de calendario que abarca desde el sur de la provincia de Buenos Aires hasta el norte de Salta, con fechas de siembra tempranas y tardías repartidas en partes casi iguales.
Al respecto, el Ing. Agr. Leandro J. Ulrich, gerente de desarrollo de Nidera Semillas, remarcó que la investigación debe responder directamente a la dinámica del productor. “La genética tiene sentido cuando resuelve necesidades concretas del campo o del productor”, sostuvo.
Sobre la adaptabilidad y estabilidad de las nuevas variedades en distintos esquemas productivos, Ulrich profundizó: “Eso significa que hoy un híbrido se puede sembrar en la provincia de Entre Ríos el 15 de septiembre, o Chaco, Salta o Córdoba el 20 de diciembre, y aún así mantiene su performance”.
Dado que el desarrollo de un nuevo híbrido demanda al menos siete años de investigación, la clave para seguir ganando kilos reside en la capacidad de anticiparse a los cambios de ambiente y sanitarios.
“En una competencia intensa, cada proceso de selección arranca con miles de híbridos y termina, campaña tras campaña, con uno solo”, explicó el especialista. Asimismo, sobre la evolución de los últimos lanzamientos, concluyó: “No solo mantuvimos el rendimiento en temprana, sino que incrementamos nuestra fortaleza y hemos mejorado en la fecha de siembra tardía”.
Por su parte, el manejo agronómico y el análisis de datos representan la otra mitad indiscutible de la receta. El trabajo estratégico comienza en la presiembra con la caracterización de ambientes y se consolida a lo largo del ciclo mediante el monitoreo continuo para ajustar el uso de recursos. En este punto, la agricultura de precisión demuestra un impacto directo en la rentabilidad del lote.
Datos acumulados desde 2020 indican que la siembra con densidad variable rinde en promedio, según la productividad del ambiente, un 4,5 % más que la densidad fija, generando un margen neto adicional de 52 dólares por hectárea descontando el costo de la semilla.
En ambientes de alta productividad, esta tecnología aporta diferencias de más de 8,6 quintales y 85 dólares por hectárea, mientras que en zonas de baja productividad suma 2 quintales y 11 dólares por hectárea.
Prescindir de estos detalles de precisión y manejo implica resignar margen económico y perder la batalla por capturar ese 19 % de rendimiento que aún queda por conquistar en el campo. Frente a la volatilidad de precios, ajustar la calidad de siembra, aplicar agricultura de precisión y aprovechar la inteligencia artificial permite capturar el rendimiento potencial y sumar un impacto económico promedio de 52 dólares por hectárea.
Fallas en el manejo
En el mismo sentido, se afirma que en un escenario signado por la volatilidad de los precios agrícolas, cada punto de rendimiento que no se cosecha debido a fallas en el manejo representa una pérdida económica concreta para el productor.
Las principales causas de la brecha entre el rendimiento potencial del cultivo y el efectivamente logrado radican en la falta de ambientación y en la aplicación de un manejo fijo en lugar de variable para la densidad de siembra y la fertilización nitrogenada.
De acuerdo con datos relevados por Nidera desde el año 2020, el 76 % de los lotes evaluados no alcanzó los estándares esperados de calidad de siembra, mientras que apenas un 4,5 % logró los parámetros idóneos en términos de población y distribución de plantas.
Al respecto, Facundo Ferraguti, extensionista en la zona núcleo, explicó la importancia estratégica de diagnosticar este panorama.
“Esto nos sirve para saber dónde tenemos que mejorar desde el punto de vista del manejo y la implantación, y es una punta por la cual debemos empezar a achicar la brecha entre el rendimiento potencial y el logrado”, manifestó.
Las falencias operativas durante la siembra provocan mermas severas sobre el techo productivo del maíz:
—Calidad de siembra: la pérdida de potencial de rendimiento llega al 15 %, la cual se compone de la pérdida en el logro de densidad (1,5 %), la desuniformidad espacial (7,4 %) y la desuniformidad temporal en la emergencia (del 6 al 9 %).
—Manejo fijo frente al variable: tratar de forma uniforme aquellos ambientes que requieren un manejo diferenciado añade un 4,5 % de pérdida adicional. En conjunto, la merma total por estas ineficiencias puede escalar hasta un 19,4 % del potencial de rinde.
Al profundizar en este aspecto, Ferraguti advirtió: “Cuando tratamos fijo algo que debería ser variable, tenemos lugares donde sobran plantas y debería haber menos, y lugares donde entrarían más plantas”.
Una lógica similar aplica a la nutrición del cultivo: la aplicación fija de nitrógeno genera ineficiencias y desperdicios en sectores con menores requerimientos, al tiempo que limita el potencial en las zonas que demandan un mayor aporte.
En términos financieros, la adopción del manejo variable frente al fijo genera una diferencia a favor de 52 dólares por hectárea en promedio, como se explicó anteriormente. Para revertir este diagnóstico y achicar la brecha productiva en cada campaña, se destacan las siguientes medidas y herramientas de manejo:
—Modelo de trabajo articulado: acompañamiento continuo al productor en todas las fases de toma de decisión, extendiendo la relación más allá de la compra del híbrido.
—Progreso genético constante: el recambio varietal de los últimos diez años aportó una ganancia acumulada de 80 kilos por hectárea por año para siembras tempranas y tardías templadas en zona núcleo y sur, y de 50 kg/ha anuales en siembras tardías de la zona norte.
—Servicios digitales y agricultura de precisión: uso de plataformas que integran recomendaciones personalizadas de híbridos, fecha de siembra y cálculo del índice ambiental para definir la densidad y dosis de nitrógeno según las variaciones intrínsecas de cada lote.
El recambio varietal de los últimos diez años aportó una ganancia acumulada de 80 kilos por hectárea por año para siembras tempranas.
—Monitoreo mediante imágenes de drone: evaluación detallada de la calidad de implantación analizando tres parámetros críticos: el logro de la densidad objetivo, la heterogeneidad espacial entre plantas y la heterogeneidad temporal en la emergencia.
—Procesamiento de datos con inteligencia artificial: aplicación de herramientas de IA para procesar volúmenes masivos de datos e integrarlos como insumo en los modelos de manejo y respuesta de los híbridos.
Respecto a la integración de estas herramientas digitales, Ferraguti concluyó: “La inteligencia artificial que estamos usando nos da una mano en el procesamiento de este volumen enorme de datos que tenemos”.
Se proyecta una producción de 64 M/T
De acuerdo con el Panorama Agrícola Semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la siembra de maíz —con destino grano comercial 2026/27— alcanzó el 17,1 % de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas, luego de un progreso intersemanal de 6 puntos porcentuales.
El avance presenta un adelanto de alrededor de 5 puntos respecto de la campaña previa y el promedio de las U10C. En el centro-este de Entre Ríos, la siembra transita su tramo final, restando la incorporación de los últimos lotes de planteos tempranos, mientras que en el resto de las zonas donde las labores ya se encuentran en marcha, progresan sin mayores inconvenientes.
En paralelo, la cosecha de maíz 2025/26 alcanza el 99,2 % del área apta a nivel nacional, quedando próxima a su finalización.
En el norte del área agrícola las labores ya han concluido, mientras que en el centro y sur de Buenos Aires restan por recolectar los últimos lotes, que se espera sean cosechados durante los próximos días.
Los rindes relevados continúan en línea con las expectativas de la campaña, permitiendo sostener la proyección de producción nacional en 64 millones de toneladas.