La megaplanta de urea de Pampa se abastecerá con agua desalinizada de la ría bahiense
El proyecto de US$ 2.700 millones prevé una fuente propia para sus procesos industriales. El suministro fue un tema central en la expansión del polo a fines de los años 90.
El agua que permitirá convertir gas natural en fertilizantes saldrá de la ría bahiense.
Para abastecer sus procesos industriales, la megaplanta de urea de Pampa Energía incorporará un sistema de desalinización que evitará sumar esa demanda a las fuentes de agua dulce utilizadas por la ciudad.
Lejos de constituir un servicio accesorio, el tratamiento del recurso integra el diseño del complejo.
La fabricación de amoníaco y urea requiere agua para enfriamiento y para generar vapor, con calidades diferentes según el circuito. Además, parte del suministro deberá alcanzar una pureza muy superior a la necesaria para otros usos industriales.
Según confirmó la compañía, la solución elegida permitirá obtener esa agua de alta pureza a partir del estuario. El esquema forma parte de Fértil Pampa, una inversión estimada en 2.700 millones de dólares que tendrá capacidad para producir unos 2,1 millones de toneladas anuales de urea granulada.
En materia hídrica, la captación utilizará las instalaciones de la Central Térmica Piedra Buena, también perteneciente a Pampa, que actualmente toman agua de la ría para los condensadores de sus unidades generadoras.
El proyecto aprovechará así una toma existente, en lugar de construir una estructura independiente sobre el estuario.
Tres conductos de hormigón armado, de 2,8 metros de diámetro, integran ese sistema de aducción. El diseño contempla incorporar cuatro bombas para derivar el recurso hacia el complejo de fertilizantes, con instalaciones que permitan preservar la continuidad operativa de la central eléctrica.
La revisión ambiental publicada por la Corporación Financiera Internacional señala que las necesidades de la planta podrán atenderse dentro de la capacidad de extracción ya autorizada para Piedra Buena.
También indica que el proyecto obtuvo un certificado de prefactibilidad hídrica.
Una vez captada, el agua atravesará varias etapas antes de ingresar a los procesos productivos. El tratamiento combinará clarifloculación, separación mediante equipos de lamelas, flotación por aire disuelto, ultrafiltración y ósmosis inversa.
Cada operación cumple una función en la remoción de sólidos, partículas e impurezas.
Dentro de esa secuencia, la ósmosis inversa permitirá separar las sales disueltas mediante membranas por las que se hace pasar el agua a presión.
El resultado será un recurso acondicionado para los requerimientos de la instalación, con tratamientos adicionales donde se necesite mayor pureza.
De esa cadena saldrán dos suministros diferenciados: agua desalinizada para los sistemas de enfriamiento y agua desmineralizada para alimentar las calderas. Esta última permitirá producir vapor de alta presión, necesario para el funcionamiento de los equipos y las operaciones químicas del establecimiento.
Como parte de los estudios ambientales, la documentación también describe campañas de muestreo del agua del estuario realizadas entre abril y mayo de 2025.
Esas mediciones permiten establecer condiciones previas al emprendimiento y contar con referencias para el seguimiento de la calidad del recurso.
El circuito tiene, además, una salida que exige especial atención: la corriente de rechazo con mayor concentración de sales. La gestión de esa salmuera y de los restantes efluentes industriales constituye uno de los puntos centrales de la evaluación ambiental.
Sobre ese aspecto, la Corporación Financiera Internacional advierte que la modelación inicial de la descarga mostró posibles efectos sobre la salinidad y las comunidades acuáticas. Por eso se evaluaron modificaciones, entre ellas la reubicación del punto de vuelco y alternativas para reducir el consumo de agua y las cargas salinas.
En tal sentido, abastecerse del estuario, supone también controlar cómo retorna a él el recurso utilizado.
Para Bahía Blanca, la elección de una fuente diferente remite a un antecedente conocido.
A fines de los años noventa, la ampliación del polo petroquímico colocó la provisión de agua entre las condiciones necesarias para acompañar las inversiones.
Las nuevas instalaciones incrementaban las necesidades de un sistema compartido con el abastecimiento urbano.
De aquella etapa surgió el acueducto industrial que conduce agua cruda proveniente del dique Paso de las Piedras hacia las empresas del sector.
El propósito era asegurar los volúmenes adicionales sin destinar a esos procesos agua previamente potabilizada.
Ya en 1998, el diagnóstico del Plan Estratégico municipal mencionaba la ejecución de esa conducción para atender a la futura planta de fertilizantes de Profertil y otras demandas del polo. Aunque se diferenciaban los circuitos industrial y domiciliario, ambos seguían vinculados al mismo embalse.
Con la desalinización, la nueva fábrica recurrirá a una fuente distinta de Paso de las Piedras para sus procesos.
Si bien su operación deberá compatibilizar el abastecimiento industrial con el cuidado del estuario, la decisión de no emplear agua dulce que podría destinarse a la población resulta, a todas luces, un hecho trascendente y una decisión para destacar.