Bahía Blanca | Domingo, 25 de febrero

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Sola en el olvido: una maravilla arquitectónica que ordenó el mayor tráfico de trenes del país

Es parte del equipamiento montado por los ingleses en sus ferrocarriles, componente clave para la organización y el funcionamiento del servicio.. 

Fotos Pablo Presti - La Nueva

Unos cientos de metros antes de llegar a la gran playa ferroviaria de Ingeniero White se ubica una cabina de señales, un elemento compositivo del sistema de trenes instalado por los ingleses en nuestra región. Un lugar clave ya que desde allí se operaban los cambios de vías, los desvíos y se daba el visto bueno a las distintas formaciones. Era una suerte de centro de información a partir del manejo mecánico de palancas y cambios.

Ingeniero White Norte: el centro de todo el movimiento

El edificio se alcanza a ver desde el viejo empedrado que lleva a Ingeniero White, a medio camino entre Villa Rosas y la localidad portuaria, perdida entre cardos y yuyales, sobre el borde de una de las muchas vías que todavía conviven en el sector.

Se la ve abandonada, vandalizada, olvidada e ignorada. Pero no es una obra más. Es una maravilla de la arquitectura ferroviaria, con la singularidad de responder a un diseño más moderno, alejado del típico techo de chapa a dos aguas para aparecer con una cubierta plana materializada por una losa de hormigón. Tampoco está terminada con ladrillo a la vista o madera, sino que aparece revocada, con una terminación rústica y un color miel.

Guardiana de Ingeniero White
Lateral, el presente

Para entender su arquitectura se pueden repasar algunos modelos de la arquitectura moderna, desde la Villa Savoye, de Le Corbusier, en las afueras de París, hasta la Casa del Puente, de Amancio Williams, en Mar del Plata. Se trata de un volumen puro, con sus materiales expuestos. La cabina responde al criterio de la arquitectura utilitaria, donde la forma del edificio es consecuencia directa de su función, prescindiendo de estilos del pasado u ornamentación. Edificios con ventanales corridos en su planta alta para asegurar una buena visual, la altura adecuada para los operadores y la planta baja para alojar dependencias auxiliares.

Sola con su espíritu

Esta cabina fue una de las más importantes en su tipo del país. Allí se organizaba el incesante movimiento de los trenes que llegaban y salían de la playa ferroviaria más amplia de Sudamérica, en el puerto de Ingeniero White. Más de cincuenta vías de estacionamiento, más las de los Elevadores, las de Recepción, las de Clasificación y la de Formación de los trenes.

Contaba con 65 palancas, una maravilla de la ingeniería que hoy sólo es posible disfrutar en unas pocas fotografías. Cada cual cumplía una función, habilitaba un desvío, daba el visto bueno al paso de una formación.

Maravilla interior
El interior, vandalizado y desguazado

Hoy es una ruina. Apena verla. Los trenes de carga pasan a su lado y parecen marcarle su dura indiferencia. Su interior fue desguazado, no que un solo componente, arrancadas las palancas y todo el equipamiento, rotas sus ventanas, perforada su losa, roto su piso.

Su desafectación del servicio, que se dio en todo el país junto con la cancelación de miles y miles de kilómetros de rieles, la dejó en manos de nadie. Los concesionarios de las vías no las tenían en cuenta. Los entes administradores delos bienes residuales del ferrocarril las ignoraron. Por eso sucumbieron, junto con las estaciones, los galpones, los tanques de agua, los molinos. Fueron cayendo una a una.

Nadie prestó atención a su valor arquitectónico, histórico y cultural. Hoy queda de pie en medio de un descampado, rodeada de yuyos y cardos, abierta para el continuo vandalismo. Es nada. Es una obra de arte.

Dos más

Además de esta cabina de Ingeniero White Norte, existen otras dos de similar diseño. Una en la estación Spurr, en Villa Rosas, construida en 1926, otra, de una sola planta, en el paso a nivel de Thompson y Piedra Buena.

Cabina en estación Spurr
Thompson y Piedra Buena
Cabina de Spurr, interior.

En los dos casos están sin uso, cerradas, vandalizadas y abandonadas.

Son también verdaderos tesoros en su estilo y finalidad. Testimonios de una época, modelos de una arquitectura distintiva, parte de nuestra identidad.