Bahía Blanca | Sabado, 24 de febrero

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La ascendencia afro, negada

"En 1816 había 400.000 negros. San Martín llevó la misma cantidad de negros que de blancos. Victoriosos regresaron miles de blancos, pero solo 183 negros."

   Recordar el natalicio del Libertador San Martín remite a un pueblito muy humilde de Misiones donde nació, llamado “Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú”. 

   Su gesta libertadora fue posible porque el Negro Falucho le salvó la vida en San Lorenzo. Gesta admirada en todas las academias militares del mundo. No solo por el riesgoso cruce de la cordillera, sino por surcar el Océano Pacífico con barcos artillados y mas de 4.500 hombres a bordo. “Iremos vestidos con los uniformes que nos hagan nuestras mujeres, o en pelotas como nuestros hermanos los indios”, rezaba la arenga de la misión, que llevo a cabo desobedeciendo los intereses mezquinos de su enemigo Rivadavia. Ese que años después, cuando con su hija quiso volver al país, le impidió  bajar del barco en el hoy Puerto Nuevo, “apostándome gente para matarme”, según explicaba San Martín en carta a su amigo Gómez. 

   San Martín tenía un especial reconocimiento por los  zambos, pardos, mulatos e indios y los negros que formaron el 40% de su tropa -porque las familias  “patricias” le negaron entregar a sus hijos a cambio de dinero o esclavos-.

   En la carta a Rosas donde le dona el sable corvo de todas sus campañas, le expresa “nuestro pueblo es noble, es manso, pero necesita de rigor que disciplinara y templara su carácter para que no se transforme en una merienda de negros”. Expresión  muy lejos de ser discriminatoria. Era solo descriptiva de lo que la Real Academia Española exponía como definición de lo que ocurría a la hora de la merienda en que los negros esclavos disfrutaban del recreo: “algarabía, confusión y desorden en que nadie se entiende”. 

   Han pasado los años, y ese temor del Libertador explicitado al Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas se ha cumplido. Hoy somos eso. Se lo llama con el eufemismo “grieta”. 

   Más allá del prejuzgamiento discriminatorio que tiene nuestro lenguaje, negamos nuestra “negritud” ancestral con otro eufemismo: “Descendemos de los barcos”. En 1840, según censo oficial, Buenos Aires tenia mas del 30% de la población negra. En 1813 se consagró la “libertad de vientres”, pero la abolición de la esclavitud se dio recién en 1860. Buenos Aires estaba llena de negros. Periodistas negros, músicos, profesionales y sobre todo soldados negros. 

   En 1816 había 400.000 negros. San Martín llevó la misma cantidad de negros que de blancos. Victoriosos regresaron miles de blancos, pero solo 183 negros. 

   Conocí algunos de los afrodescendientes. Don Parra, que murió de 130 años en Pedro Luro, en la Estancia La Elena de Enrique Luro. Al abuelo de la hija del experiodista Bahiense Ronconi. Al sanitarista Ramón Carrillo, mano derecha de Evita. Los afrodescendientes debieron agruparse en “naciones” y editar periódicos. A la par cundían conceptos racistas y discriminatorios como los de José Ingenieros, de Sarmiento, de Alberdi, etc. 

   Una reparación histórica por deuda injusta pendiente. Mientras tanto, este “crisol de razas” se revuelca en el fango de la “merienda” actualizada, se pasa los días “haciendo el esfuerzo para hacer el esfuerzo”, llena de supernumerararios exigidos para cumplir planes ilícitos con un país u organismo ajeno. Y no aclaro más, porque oscurece.