Bahía Blanca | Miércoles, 30 de noviembre

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Pablo Argiroffi, el videomaker bahiense que cumple un sueño en la tierra de su bisabuelo

Es Técnico en Diseño, Imagen y Sonido, docente y realizador audiovisual. De orígenes sicilianos, desde que conoció Italia en 2007 siempre vuelve. Crea contenido para empresas e instituciones. Vivió en Australia y en Palermo. Hoy se siente un “ciudadano del mundo”.

Teatro Politeam, Palermo, 2022.

Anahí González Pau / agonzalez@lanueva.com

   
   El realizador audiovisual y docente bahiense Pablo Argiroffi se encuentra trabajando en la ciudad de Palermo, en Italia, luego de muchas idas y vueltas entre nuestra ciudad y dos islas, Australia y Sicilia, donde se desarrolla parte de esta historia.

   Allí vivió experiencias ligadas a salir de la zona de confort y a la exploración de sus orígenes y reafirmó su motivación por viajar a distintos lugares del mundo, algo que continúa vigente hasta hoy. 

   Una de esas experiencias fue en el año 2000 cuando con motivo de tramitar la ciudadanía italiana se enteró de que el intendente de Roccalumera, en Sicilia, Gaetano Argiroffi, era pariente suyo por parte de su bisnonno Carmelo.

   “Le envié una carta a la secretaria con tanta suerte que la llevó al despacho del intendente de Roccalumera, quien lo es aún en la actualidad, y resultó que su abuelo era hermano de mi bisabuelo”, contó.

   Lo de la carta quedó en una anécdota ya que el bahiense, para ese entonces, estaba con toda su energía puesta en ir a Australia y ahorrando para eso.

   Finalmente fue a Sidney por tres meses y se quedó un año. Trabajó para una fábrica de botellas propiedad del italiano Ralph Buono. En aquellos paisajes disfrutó de la amistad de Oliver Scarponi, nacido en Australia pero criado en Bahía Blanca. 

    “Yo llegué a Australia y al mes llegó Oliver. Nos hicimos amigos ahí. Éramos dos bahienses fascinados con Sydney y hacíamos comparaciones. A mí me encantó Australia, pero hay que tener en cuenta que era la primera vez que salía al mundo. Eso despertó mi mirada y mis ganas de querer conocer más”, dijo.

   “Me acuerdo que estaba en Australia y pensaba: ‘Me gustaría algún día ir a la casa de mi bisabuelo y tomarme una foto en la puerta”, comentó.
   En 2002 regresó a Argentina y empezó a estudiar Profesorado de Inglés en el instituto Avanza, carrera que cursó unos años pero luego por una situación familiar -su papá enfermó de cáncer y falleció- no finalizó. 


Su bisnonno Carmelo Argiroffi con Teresa su mujer y 3 de sus 11 hijos. Tomada en Bahía Blanca, en 1912, en calle Brown 60.  

    En 2006, cuando tenía 30 años, llegó su verdadera vocación: se anotó en la carrera de Técnico en Diseño, Imagen y Sonido en el Instituto de la Bahía.

   Tal era su afán por combinar su trabajo con los viajes que en la charla informativa levantó la mano y preguntó: “¿Esto lo puedo hacer en cualquier parte del mundo?”. Era todo lo que necesitaba saber.

   Cuando llevaba un año de cursada dos primas Argiroffi que viven en Italia lo invitaron a visitarlas. Y allá fue, al reencuentro de Giulia y Lucía, a quienes ya había conocido en Argentina un par de años atrás. Con ellas visitó a los primos de Roccalumera y al intendente Gaetano Argiroffi, quien resultó que vivía en la casa donde había nacido su bisnonno.  


Casa natal de su bisabuelo Carmelo en Roccalumera, Sicilia.

   “No solo me saqué la foto en la puerta, sino que dormí allí. Yo ya venía con mi cámara, mi trípode, quería hacer un documental. Algún día lo haré para motivar a otros a conectar con sus raíces", señaló.

   Su bisabuelo vivió en Bahía Blanca en el barrio noroeste (Juan Molina antes de llegar a Don Bosco). En el patio de esa vivienda pintó al volcán Etna y en la fachada el escudo con las iniciales, una costumbre en Sicilia: C.A. Carmelo Argiroffi. 

   “¿Como podría haberse imaginado que un bisnieto suyo volvería a dormir en su casa natal 90 años más tarde de su partida ¿Increíble, no? Agradezco vivir estas cosas”, reflexionó.

   En Italia disfrutó de gestos y costumbres que lo hicieron sentir muy a gusto.

   “Es conocido como son los italianos con la hospitalidad y con la comida, ¡la tenés que probar sí o sí! Hacíamos 100 km para probar el mejor cannolo, en Dattilo, y así con cada cosa”, comentó.

   De nuevo en Bahía Blanca, se acercó a La Trinacria, una de las más grandes asociaciones de sicilianos en Latinoamérica y en 2017 terminó formando parte de la Comisión Directiva de la Sociedad Italiana.

   “Participo cocinando pizza, cannoli y también hago videos. Es una manera de estar siempre conectado con la italianidad”, contó.

   A raíz de esta conexión comenzó a hacer trabajos audiovisuales para el Consulado Italiano.


Backstage en el Arco del Triunfo, en Barcelona.

   En mayo de 2011 obtuvo la ciudadanía italiana y en julio se fue a Palermo. Vivió un año allí y regresó a Bahía. En 2018 volvió a ir, pero de paseo.

    En 2013 creó el logo para su propia productora audiovisual: Befocus.

   “Befocus es ser foco, y además, el juego de palabras bifocal, que indica que puede haber más de una solución audiovisual para algo que se quiere comunicar”, destacó.

   En diciembre del año pasado decidió ir a Barcelona aprovechando que su primo Mariano, ingeniero eléctrico, consiguió un trabajo allí e iba a emigrar con su mujer, Paola, y los hijos.


Teatro Griego de Segesta, en Sicilia.

   Paola lo invitó a pasar las fiestas con ellos pero como el viaje era unos meses antes de lo que tenía previsto, Pablo dudó. Sin embargo, algo sucedió. 

   “Una tarde, a la salida del gimnasio iba por calle Alsina, en la bicicleta, un poco lloriqueando, y otro poco pensando, uh, si me voy, mis sobrinas, familia, amigos…, y al girar a la derecha, en Dorrego, levanté la cabeza y vi el cartel luminoso que dice Barcelona”, contó.

    “Lo tomé como una señal muy fuerte. Me bajé de la bici, saqué una foto y se la mandé a la mujer de mi primo y le dije: ‘Estoy, estoy, vamos para allá’”, comentó.

   Así comenzó la etapa que transita ahora. Estuvo un mes en Barcelona, España, donde surgieron varios trabajos y actualmente se encuentra en Palermo, Italia. 


Palermo, imagen tomada con su drone (2022)

   “Siempre camino con la mochila, con la cámara, el drone y la notebook. Así empecé a ofrecer mi trabajo. A algunos les mostraba lo que yo hacía, a otros les decía déjame que te haga unos planos y te muestro cómo puede quedar”, confió.

   A través de sus videos intenta no solo mostrar lugares o comidas sino también motivar a otras personas para que vean que se puede trabajar desde cualquier lugar del mundo, sin que importe tanto de dónde sos sino más bien qué sabés hacer.

    “Mi papá trabajaba en el puerto, era güinchero y mi mamá era ama de casa y periodista. No había poder adquisitivo como para pagarme los pasajes pero siempre trabajé y me lo fui generando yo”, dijo.

   "A pesar de que siempre fui un bicho raro con inquietudes de viajes, música y video, siempre me apoyaron. Los recuerdo en primera fila en el primer recital de mi banda en calle Colón", expresó..

   Argiroffi siempre fue de anotar sus deseos: en papel, en el teléfono, por todos lados. 


Mondello, desde el aire. Foto: Pablo Argiroffi.

   “Y luego las cosas surgen, se dan, se alinean los planetas. Lo que hago es desear muy fuerte y también es tratar de aceptar cuando no puede ser”, dijo.

   En Bahía se desempeñó como docente a partir de 2013 tanto en el Instituto Regional del Sur como en el Instituto de la Bahía. 

   Recordó que siempre contaba a sus alumnos la anécdota de cuando había conseguido su primer trabajo con el italiano Luca Savettiere, con quien hoy son amigos, gracias a un Reel de un trabajo práctico para el instituto.

    “Les contaba cuánto había valido la pena cada minuto de esfuerzo, cuando volvía cansado de la agencia de lotería donde trabajaba y me iba a cursar. Cuando mientras cocinaba pensaba de qué forma iba a ubicar el trípode, cómo iba a hacer una toma o lograr un efecto”, dijo.

 “Siempre les hablé de la pasión y las ganas de aprender siempre y mejorar. Nunca creer que uno ya tiene o ya sabe todo”, añadió.

   Hoy, entre tantas idas y vueltas, se considera (como le dice su amigo Lucio) un “ciudadano del mundo” y un poco dividido, porque tiene amigos tanto en Argentina como en España, Italia y Australia y familia en Argentina e Italia.

   “Siempre sigo conectado y con esta inquietud de viajar. Por lo que veo, voy a seguir trabajando a distancia, también en edición y animación para alguna gente de acá, en Palermo. Veremos como continuará”, dijo.

   Tatuajes. En 2005, sus primas Giulia y Lucía Argiroffi, de Palermo, estuvieron de visita en Bahía Blanca. Descubrieron que el apellido originalmente era Argiroffus, en la isla de Chíos, en Grecia, y que en 1400 sus ancestros habían cruzado a Sicilia. Pablo, su hermano y sus primas y luego dos tíos se tatuaron el escudo de la familia.


En Sicilia, junto a Giovanni, Ugo, Lucía y Giulia. Tatuados con el escudo de los Argiroffi.

   Islas. “Mi vida oscila entre islas: Australia y Sicilia. Se ve que cada tanto me gusta aislarme. Los movimientos grandes en mi vida, fueron en 2001, cuando viví un año en Australia y en 2011, un año en Palermo. Y ahora casi un año afuera, desde 2021. Se ve que cada diez años hago un refresco del tablero”, reflexionó divertido. 

   Un sueño cumplido. “Empecé imagen y sonido cuando ya era grande, tenía 30. Terminando la materia de práctica profesional, la tesis, me vino una imagen de cuando tenía 7 años. Mi papá tenía un proyector de diapositivas. Yo le sacabala película a la diapositiva y la reemplazaba por un papel de calcar con mis dibujos en tinta china. Hacía historietas y las proyectaba en la pared a mi familia, a mis amigos. Nunca antes me había venido ese flash, nunca. Y fue muy fuerte, ahí fue como que dije sí, claro, porque era esto, es esto”, concluyó.