Bahía Blanca | Martes, 06 de diciembre

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El recuerdo del "Fabregazo" y volver a tener que elegir entre malo o peor

Las declaraciones de un recononocido economista trajeron a la memoria el recuerdo de enero de 2014, cuando el peso se devaluó 15% en un día.

Juan Carlos Fábrega, presidente del BCRA entre noviembre de 2013 y octubre de 2014

Francisco Rinaldi / frinaldi@lanueva.com

   Viernes 24 de enero de 2014. La fecha puede no decir demasiado, pero los sucesos económicos de ese día, sí. El Gobierno decidía la mayor devaluación del peso en doce años, decretando el final del gradualismo cambiario. Nacía, así, el “Fabregazo”.

   Aunque solamente pasó a ser bautizado de esa forma tras los recientes dichos del economista Carlos Melconian, lo cierto es que la decisión de permitir una suba del dólar oficial del 16% en apenas un día (pasó de 7,14 a 8,32 el mismo viernes, para cerrar la jornada en 7,75 pesos), provocó no pocas tensiones. Con el correr de los días, la divisa de EE.UU. se puso por encima de los 8 pesos.

   La medida del titular del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, por entonces un funcionario sin título universitario pero muy respetado por el mundillo financiero dada su larga trayectoria en la banca pública, tuvo que ver con que las reservas brutas del BCRA caían en forma sostenida, a punto tal que llegaron, en aquel enero de 2014 a perforar la barrera psicológica de los U$S 29.000 millones, luego de que el 12 de diciembre de 2011, dos días después del inicio del mandato de Cristina Fernández de Kirchner, superaran los U$S 46.000 millones.

   La problemática de aquel período mostraba a un BCRA con serios problemas para juntar reservas, dejando como alternativas una devaluación del oficial o mayores controles sobre el mercado cambiario, algo que ya se venía haciendo desde hace tiempo, aunque, a la luz de los hechos, sin buenos resultados.

   Hoy, ocho años y cinco meses más tarde, la disyuntiva es la misma. Pero hay un “pequeño” detalle: el “Fabregazo” se produjo en un contexto inflacionario mucho más benévolo para nuestra economía. Es que el IPC local, por entonces, una de las pocas referencias válidas por la intervención del INDEC, exhibía un aumento del 25% en todo 2013, tras números similares en los tres años precedentes.

   No hace falta decir que nada de eso está ocurriendo en la actualidad, con porcentajes de inflación interanuales que vienen superando holgadamente el 50%. Y una economía con inflación alta no funciona igual que una con inflación media, ya que los traspasos a precios del salto devaluatorio son mucho más violentos.

   Volviendo a aquel lejano enero de 2014, vale recordar que ese año terminó con una inflación de casi 40%, con una marcada aceleración en los primeros meses post devaluación.

   “Fábrega subió la tasa de interés y devaluó el peso un 15% para evitar una corrida cambiaria. El resultado fue un efecto sobre los precios locales y una caída de la economía, que terminó un 3,5% abajo en el PBI. En síntesis, se consiguió parar la corrida y tranquilizar al mercado cambiario a costa de una estanflación (N de R: estancamiento económico con inflación)”, recordó a La Nueva. el experimentado docente y economista Víctor Beker.

Otra vez

   En rigor, la "propuesta" de Melconian abre la disyuntiva entre dos consecuencias: por un lado, permitir un alza del dólar y una aceleración inflacionaria segura o la profundización de la corrida cambiaria de las últimos días, lo que llevaría, sin escalas, al descontrol. Se sabe cuándo la estampida cambiaria se genera, pero no cuándo (ni cómo) termina.

   “Hoy la alternativa es elegir entre Guatemala y Guatepeor”, resumió Beker.

   Sin embargo, el ministro de Economía, Martín Guzmán, se mostró ayer confiado en que las medidas recientes (control de importaciones y restricciones al pago de las mismas) más los giros de los organismos multilaterales permitirán acumular dólares en el BCRA, acercando al Gobierno al objetivo comprometido con el Fondo, que relajó la meta desde los U$S 4.100 millones del segundo trimestre de este año a los actuales U$S 3.450 millones.

   Los analistas privados, mucho más escépticos, creen que la catarata de pesos emitidos volverá a repercutir sobre el mercado de cambios, en este caso, en el segmento libre (dólares financieros) y, obviamente, en el blue.

   Pero más allá de cómo termine el partido, una sola cosa es cierta: poco puede esperarse, en los próximos meses, del lado de la economía real, con proyectos privados estancados y creación de empleo asalariado formal que se desacelera, tal como admiten los propios datos del ministerio de Trabajo. Solo queda esperar a levantar la copa en Qatar para poder festejar.