Bahía Blanca | Sabado, 25 de junio

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El drama de vivir entre calles de tierra: “Es salir de tu casa y encontrarte con una laguna”

Los vecinos de uno de los barrios bahienses afectados por esta situación aseguran que se sienten olvidados. Las cuadras intransitables, la falta de luminarias y el cruce por un puente peatonal improvisado son algunas de las condiciones que enfrentan a diario.

Fotos: Rodrigo García - La Nueva.

   No poder llevar a los chicos a la escuela, no poder salir a hacer las compras, no tener acceso a atención médica de emergencias ni a servicios de seguridad son algunas de las problemáticas con las que lidian a diario los vecinos del Barrio Evita, uno de los tantos sectores de Bahía Blanca que convive con el drama de vivir rodeado de calles de tierra.

   Anegamientos cuando llueve, polvo permanente en suspensión cuando hay viento y cuadras intransitables como consecuencia de todo eso, forman parte de un paisaje que complica la vida diaria de los vecinos.

   Bahía Blanca tiene una particularidad: de 12 mil calles en total, más de 6 mil son de tierra. La situación, desde ya, es más compleja en los barrios donde la mayoría está en esa condición.

   En ese panorama, La Nueva. recorrió el Evita (ubicado al lado de Villa Moresino) para conocer los reclamos en primera persona. 

   Rosana ayuda a varias familias del área con su merendero 'Teresa Vive'. “Los lunes doy la comida a la tarde y los jueves a la mañana doy el desayuno”, contó.

   El estado de las calles la preocupa. “Es salir de tu casa y encontrarte con una laguna. Son muchísimos años que no se ha hecho nada”, dijo. 

   “Es un desastre, el barrio está super olvidado”, se lamentó y mencionó que han realizado múltiples quejas al Municipio, pero nunca recibieron respuestas.

   “Una ambulancia viene casi todos los días a buscar a un nene que se va a hacer quimioterapia”, pero, por las condiciones de las calles, no puede adentrarse en el barrio y “la mamá se tiene que manejar con un remis para poder salir”, se indignó.

   “Si uno tiene una urgencia, ¿cómo hace? Es imposible pasar”, concluyó.

   Marcos atiende en un comercio en el lugar. Comentó que, cuando hay mal clima, transitar se dificulta mucho porque “llueve un día y tenés barro una semana o dos”. 

   “Si tenés moto, tenés que pasar por arriba de la vereda, buscar la forma. Los autos se quedan encajados, los camiones también”, dijo.

   Y agregó que “en este barrio son todas familias jóvenes, todos tienen hijos chiquitos que van a la escuela y se les complica a la hora de salir”.

   Enrique, otro de los vecinos, manifestó: “Estamos en una mugre total. No tenemos ni siquiera la suerte de que pasen la máquina”. 

   “La máquina solo la pasan en una cuadra, después se van”, dijo, mientras las motoniveladoras municipales trabajaban en Thompson al 2700.

   A partir de ese punto, “no te entra un taxi, no entra un remis, no te entra una ambulancia. Hay chicos con discapacidad que necesitan ir al colegio en combi y tienen que esperar en Thompson y Esmeralda”. 

   Enrique está construyendo su casa y aseguró que tampoco llegan a la puerta los camiones con materiales. “Si queremos levantar nuestra casa, no se puede. No entra el camión porque no le da el radio para descargar”, añadió.

   “Así como estoy yo, somos muchísimos vecinos acá. Es mucha la necesidad de la gente”.

   Además del mal estado de las calles, otro de los problemas es la falta de luminarias. “Es una boca de lobo. Palos hay, pero no hay luz. Hay pibes que vienen de estudiar a las 8 de la noche y no pueden pasar, porque no sabés cómo te van a recibir”, continuó Enrique.

   El sector también está aislado por la falta de vías de circulación para cruzar el arroyo Napostá. Existe un puente peatonal improvisado con pallets sobre unos tubos que se ubican unos metros por encima del agua. Por esa vía pasan “más de 600 personas por día, desde las 6.30 de la mañana hasta las 9.30 de la noche”, aseguró Enrique.

   Es que por ahí cortan camino “los que se van a laburar, los pibes que se van a estudiar, los que vuelven al mediodía y los que se van de vuelta”, por lo que es una conexión importante para el barrio. 

   Junto a Enrique, Maximiliano, un vecino que se crió en el barrio Evita y vive allí con su mujer y sus dos hijos, enfatizó el peligro que supone ese cruce peatonal. 

   “Está todo flojo”, dijo, mientras se tambaleaba sobre los pallets. Y explicó que uno de sus principales usos es llegar a la unidad sanitaria de Villa Esperanza, ubicada en Berutti 2980. 

   “Estamos reclamando para hacer un puente como tiene la salita de Villa Rosario. Si hicieran un puente acá, las madres cruzan y tienen la salita a una cuadra”, pidió. Y comentó que la vía alternativa al paso improvisado es cruzar el arroyo por calle Esmeralda y “se hacen, fácil, más de 14 cuadras”.

   Finalmente, Maximiliano remató con un mensaje al intendente: “Le agradecería que pongan un puente para que las madres y chicos puedan ir a la salita, no hacer tantas cuadras cuando pueden cruzar por el arroyo y cortan el camino”. E incluyó en su reclamo mejoras en “la iluminación y las calles”. 

   La realidad del Evita es la misma que en muchos otros barrios de la periferia. Una deuda histórica que requiere de una inversión que, siempre, parece inabarcable.