Bahía Blanca | Domingo, 03 de julio

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Entre olvidos y basurales, el Paseo Costero espera por mejoras

El proyecto para acercar a los bahienses al mar tiene más de una década pero nunca avanzó más allá de un playón de estacionamiento. El ingreso es utilizado por empresas y particulares para arrojar sus residuos.

Fotos: Pablo Presti - La Nueva

   A 11 años de los primeros trabajos para darle a los bahienses un espacio de contacto con la costa y el mar, el Paseo Costero-Paseo del Humedal sigue siendo apenas una buena idea.

   Apenas un playón de estacionamiento, tres mesas de material y algunos bancos forman parte de la infraestructura inaugurada en 2011 por el entonces intendente Cristian Breitenstein. En ese lugar apenas los pescadores aprovechan las mareas para despuntar su gusto por la actividad.

   La costa, en realidad, es una especie de escollera de piedras y cangrejales con poco espacio para otras cosas que no sea pescar. Una recorrida por el lugar demuestra que algunos de sus pocos visitantes suelen encender algún fuego con leña para calentarse y dejan como "recuerdo" algunas botellas de vino.

   A unos metros de la costa se encuentra la única obra realizada en 11 años: un playón de estacionamiento de varios metros cuadrados y un malecón con piedras contenidas con una red de alambres.

   Al sitio se llega por calle Belisario Roldán y se ubica a pocos metros del balneario Maldonado.

   En los primeros metros del acceso se puede observar que vecinos e incluso camiones de empresas de contenedores suelen ir a depositar decenas de toneladas de residuos. Durante muchos metros esa calle de acceso parece ser una entrada al antiguo basural.

   Ratas entre las bolsas multicolores, diferentes especies de aves que buscan alimento y algunas personas hurgando en medio de las mismas completan un cuadro de abandono de un paseo que, por el momento, no es tal. 

El paseo costero: un lugar único y una nueva oportunidad para concretarlo

   El proyecto presentado hace una década planteaba la realización de un frente costero de 3 mil metros, con un bulevar de doble nivel de costanera (para marea alta y para marea baja) y un mirador con un malecón de borde.

   Con un país sumido en una crisis económica que complicaría la concreción de aquel ambicioso proyecto, el paseo sería fundamental para cientos de familias del sector Noroeste que cuentan con muy pocos espacios públicos a disposición.

Una historia de más de siete décadas

   En 1944, el ingeniero Juan Regnasco presentó un proyecto inspirado en la denominada Rambla de Arrieta, por ser idea del ex intendente Agustín de Arrieta, dada a conocer a mediados de la década del 30. La misma se ubicaba en Ingeniero White, a un costado de la usina General San Martín (El castillo).

   Resulta interesante el espíritu de aquella propuesta, que bien puede asociarse con este Paseo del humedal. Regnasco planteaba la necesidad de asumir a Bahía Blanca como “una ciudad marítima” y al mar como “elemento formativo de su esencia y carácter”.

   Su proyecto era disponer de un área recreativa y una avenida costanera, aprovechable todo el año, con bares, cafés y restaurantes, “abrigados y con vistas al mar” y aseguraba que el contacto con el mar “nos hará más buenos, al converger hacia ella la verdad y el bien”.