Bahía Blanca | Miércoles, 01 de febrero

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Agricultura: ¿por qué se debe ir hacia un modelo de intensificación sustentable?

“Se logra disminuyendo la brecha de rendimientos por hectárea. Así, la Argentina podría crecer 26 % en maíz y 15 % en trigo y en soja”, dijo Juan Pablo Monzón.

La agricultura del futuro. / Fotos: Savia Comunicación.

 

   La fórmula ha logrado una importante coincidencia. Se trata de una manera de producir en crecimiento que se consolidará cada vez más y la manera de llevarla adelante es entre todos: proveedores de insumos y tecnologías, asesores y productores.

   “La respuesta a la mayor demanda de alimentos debe surgir del incremento de la productividad y no de la superficie. Desde el año 2000, el área agrícola crece a razón de 13 millones de hectáreas por año y se avanza sobre suelos ambientalmente frágiles”.

   Lo dijo el productor, asesor e investigador Juan Pablo Monzón, en el marco del congreso Sembrar Saber, que reunió a más de 1.000 asistentes —online— para conocer los aportes de 18 oradores sobre la agricultura variable.

   Monzón aseguró que se debe ir hacia un modelo de intensificación sustentable y que la forma de lograrlo es disminuyendo la brecha de rendimientos por hectárea de cultivo.

   “Si se achica esa brecha, en la Argentina se puede crecer 26 % en maíz y en trigo, y 15 % en soja”, indicó.

Juan Pablo Monzón, tras la presentación.

   “¿De qué manera? Hay que ajustar el uso de nutrientes. El balance es negativo en todas las regiones. Deberíamos duplicar la dosis de nitrógeno y fósforo, y multiplicar por 6 la de azufre (promedio) en el país”, detalló.

   Por su parte, Juan Ignacio Rattalino, de Syngenta, sostuvo que comprender los límites de la productividad de los cultivos y el desempeño de los lotes es fundamental para establecer metas realistas de producción e identificar oportunidades para afinar las prácticas de manejo actuales.

   Para Agustín Pagani, de Clarion, la respuesta está en la ambientación.

   “Se trata de identificar a aquellas zonas dentro de un lote que expresan una combinación homogénea de factores limitantes de rendimiento, para las cuales un único nivel de insumos es apropiado”, dijo.

   “En base a eso se puede hacer un manejo por densidad. Y a medida de que uno aumenta la densidad de plantas, el rendimiento tiene un comportamiento cuadrático; es decir, un nivel óptimo en que el cultivo maximiza su productividad y, por debajo del cual el rendimiento cae. También es posible zonificar el manejo de nitrógeno y fósforo, analizando la demanda del suelo, de extracción y los niveles de productividad”, detalló. 

Agustín Pagani.

   “Para hablar de siembra variable y siembra de precisión tenemos que hacerlo a partir de los robadores (sic) de rindes, que son los que generan las brechas”, amplió Nicolás Pizzichini, de Precision Planting.

   “Se trata de cinco factores: la nutrición, la emergencia de las semillas, el sistema dosificador de la sembradora, el espaciamiento entre semillas y la población para que la sembradora variable pueda aplicar la dosis justa en cada ambiente”, aseguró.

   “A fin de que las semillas emerjan lo más rápido posible es fundamental medir la humedad del lote. Esto se puede hacer con un sensor de carga que va en el cuerpo de siembra en el sistema de control de profundidad”, dijo.

   Respecto de Smart Firmer, un sistema que aporta información sobre la humedad y limpieza del  surco, la temperatura del suelo, la materia orgánica, señaló que se trata de datos que permiten definir rangos de densidad y aplicar una prescripción en tiempo real. 

   Luis Mayer, de Nidera, presentó los modelos disponibles para la toma de decisiones de densidad y fertilización que surgen del Recomendador.

   “Con esta herramienta es posible determinar la densidad adecuada para los materiales de cada ambiente. Se aplica en maíz y en girasol y arrojan no sólo la densidad óptima biológica, sino también la densidad óptima económica”, explicó.

   Además, la plataforma tiene una herramienta que permite autogestionar el lote variable de acuerdo con la productividad que tenga cada ambiente.

   “Si no tenemos una ambientación preestablecida también la podemos generar a través de imágenes satelitales de NDVI combinables con otras capas de información”, detalló Mayer. 

   Agustín Bianchini, de Okandú, se refirió a la calidad de implantación.

   “La siembra directa se caracteriza por tener rastrojo en la superficie y eso genera variabilidad de humedad en suelo. Muchas veces se generan sectores compactados por la huella de la propia sembradora, de las tolvas o las cosechadoras, con lo cual hay una desuniformidad de la compactación del suelo, la humedad y la cobertura de rastrojo”, explicó.

Luis Mayer, Agustín Bianchini y Ricardo Ollúa, en uno de los panales del congreso Sembrar Saber.

   “Eso genera una variabilidad en la humedad de la semilla y afecta su momento de germinación. El desafío en estos sistemas de siembra directa y rotación está centrado en la colocación de semillas para optimizar sus condiciones de germinación”, agregó Bianchini. 

   “Cuando no cumplimos con los requerimientos para que las plantas emerjan en un rango de tiempo similar, empezamos a tener problemas de desuniformidad espacial o temporal”, sostuvo.

   “En 3 años de evaluación, la desuniformidad espacial y temporal en maíz mostró pérdidas de rendimientos relativas de entre 6 y 22 %. En un rendimiento esperado de 13.000 K/H, se puede reducir el rendimiento entre 800 y 2.900 K/H”, detalló.
¿Cuántos kilos estamos dejando en el lote por no lograr una buena calidad de implantación? La pregunta la respondió Ricardo Ollúa, de Nidera.

   “Según una serie de ensayos, las pérdidas de rendimiento de maíz estimadas por falta de logro de densidades objetivo, desuniformidad espacial y temporal promediaron el 1 %; 7,7 % y 6,6 %”, comentó.

   “Existe una gran oportunidad de achicar las brechas de rendimiento actuales mediante el control preciso de la práctica de la siembra”, dijo Ollúa.

La visión desde la tecnología

   “El negocio del agro es un conjunto de procesos. Con diferentes tecnologías ayudamos a conocerlos”, dijo Ignacio Eguren, de AgroPro.

   “Estamos en un proceso de aprendizaje. El productor es un gran adaptador de tecnologías, pero quiere ver resultados más rápido. Ese es nuestro desafío”, indicó.

“Son los productores los que, al final del día, definen qué les aporta la tecnología”, aseguró Guadalupe Covernton, de Auravant.

   “Las herramientas tienen que adaptarse al productor. Los horizontes que nos brinda la tecnología son inimaginables, pero el productor tiene que sentarse en la mesa e ir co-construyendo el cambio”, añadió.

   “En años tan difíciles como este, 3 o 4 quintales pueden hacer una diferencia. Todas estas herramientas tienen modelos gratuitos para probar, dar el primer paso y seguir creciendo”, sostuvo.

    Covernton recordó que, en sólo cinco años, se formó un ecosistema de empresas que interactúan entre ellas.

Federico Richard (izq.), Guadalupe Covernton e Ignacio Eguren.

   “Debemos seguir hablando. El productor no puede adoptar 50 Apps que hacen distintas cosas. Por eso, trabajamos en la integración con otras plataformas para que todo empiece a relacionarse y a vincularse con el fin de agregar valor y hacerle más fácil la experiencia al usuario”, aseveró.

   Federico Richard, de Syngenta, sostuvo que sumar datos ayuda a producir mejor.

   “Lo importante es que, desde las empresas, hagamos un acompañamiento a los productores. Las tecnologías van a ir mejorando a medida de que se vayan usando y de allí la importancia del feedback”. (Savia Comunicación).

Sobre el uso de tecnologías

—“La producción variable permite optimizar los recursos y alcanzar promedios de rindes óptimos. Desde hace 5 años, traccionamos los estándares de calidad pagando adicionales a los contratistas que usan la tecnología de precisión. Además de económico, el beneficio es ambiental. Y también es importante la capacitación”. (Nicolás Ridley, de MSU).

—“Con el uso de tecnologías no sólo logramos ser eficientes en los costos productivos, sino también en la toma de decisiones de riesgos de ambientes productivos. De hecho, impulsamos internamente un área digital para impulsar nuevos negocios. Ya existe una adopción de 16 % de la aplicación de insumos variables”. (Alfredo Bernardoni, de Managro).

—“Por las características del modelo del negocio agrícola en la Argentina, la agricultura variable se vuelve una necesidad para capturar renta: tiene una ganancia en dólares que es importante dentro de la renta de un cultivo. Pero todo depende de la zona. Así como en el oeste de Buenos Aires hay un 50 % de adopción, en otras apenas llega al 10 %. Hay gente que recién ve un mapa de rendimientos, una tecnología disponible desde los `90. La tendencia es analizar mega datos, para lo cual se van a demandar especialistas en la materia. Ya no tanto agrónomos, sino más tecnólogos y programadores”. (Luis Verri, asesor del estudio Agronomy Tech, dedicado a facilitar la adopción de tecnología y ejecutar agronomía optimizada en cada ambiente).

—“Lo hacemos por la demanda de los clientes, pero también por una necesidad propia de continuar innovando. En nuestro caso puntual, como contratistas, nos facilitó la operatoria y ampliar nuestra capacidad de trabajo en un 50 %. Podemos sembrar a mayor velocidad y con mejor calidad. Esto termina en una mayor eficiencia”. (Fabián Belich, contratista de la empresa Agrícola Testa, que se especializa en servicios de agricultura digital).