Bahía Blanca | Miércoles, 30 de noviembre

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Termobonos para salvar una obra

En 1987, la Provincia lanzó los títulos "Deuda Interna Consolidada" (DIC), intentando reunir 15 millones de dólares para obras menores. Denominados "Termobonos", su implementación fue un completo fracaso.

   Nadie sabe cuánto dinero demandó construirla, pero los bonaerenses debieron absorber la deuda de 1.350 millones de dólares que su ejecución demandó a la desaparecida ESEBA y el banco Provincia.

   Fue, por lejos, la obra más cara de la historia bonaerense, pero, apenas terminada, era "invendible".

   Lo que sigue es parte de la casi increíble historia de la construcción de la central termoeléctrica Luis Piedra Buena.

Así comenzó todo

   En agosto de 1979, la presencia de una draga, en la ría bahiense, daba cuenta del inicio de la construcción de la nueva usina eléctrica que daría respuesta al suministro de energía a nuestra ciudad y la región.

   Se necesitaba ganar 60 hectáreas al mar, mediante el refulado, para asentar la "realización más ambiciosa de la Provincia en toda su historia".

   La central termoeléctrica, bautizada, en 1983, "Luis Piedra Buena", disponía, desde 1975, de dos turbogeneradores de 310 megavatios cada uno, adquiridos a Rusia, y variado equipamiento proveniente de diferentes países.

   En diciembre de 1979, se adjudicó la obra civil al consorcio integrado, entre otras, por Benito Roggio SA, Sebastián Maronese SA y Ormas, en casi 250 millones de dólares.

   Era el comienzo de una construcción que sería devastadora para la economía bonaerense.

Danza de millones

   La obra comenzó bajo gobierno militar, siguió con la administración radical y fue puesta en marcha por un gobernador peronista.

   Todos debieron buscar financiación para su continuación, aunque nadie, a ciencia cierta, sabía cuánto dinero se llevaba invertido, cómo se había utilizado ni cuánto faltaba para ponerla en marcha.

   Desde su inicio, la Empresa Social de Energía provincial (ESEBA) recurrió al financiamiento del banco Provincia, aunque también fue necesario pedir dinero al exterior.

   En 1985, por ejemplo, el gobernador Alejandro Armendáriz (UCR) obtuvo 80 millones de dólares de la Banca Nazionale del Laboro y del Vneshtorg Bank, destinados a la playa de almacenamiento de carbón, combustible que jamás utilizó la usina.

   En 1987, la Provincia lanzó los títulos "Deuda Interna Consolidada" (DIC), intentando reunir 15 millones de dólares para obras menores.

   Denominados "Termobonos", su implementación fue un completo fracaso.

   En 1989, Rodolfo Terragno, ministro de Obras Públicas, obtuvo dinero del Banco Mundial, para financiar un año de trabajos.

   Pero el banco Provincia llegó al borde del colapso en 1987, cundo sufrió un "desequilibrio financiero" por tener inmovilizados 250 millones de dólares por la deuda que mantenía con el banco Central, a raíz de la obra.

   "El Provincia requiere una solución impostergable a este problema que impone restricciones muy graves a su accionar", señaló, entonces, Aldo Ferrer, presidente de la institución.

   Ese año, Armendáriz gestionó un crédito externo de 200 millones de dólares, para cancelar parte de esa deuda.

   En medio de esta danza de préstamos, deudas y millones, la usina estaba a punto de convertirse en un verdadero "elefante blanco".

La privatización desnudó los números

   En mayo de 1991, los primeros pasos para privatizar el servicio energético provincial permitieron conocer la deuda real que ESEBA mantenía con el banco Provincia por la construcción de la termoeléctrica.

   Quedó en claro, entonces, el caótico estado de las cosas: actualizada, con intereses, moras y ajustes, la misma llegaba a los ¡3.200 millones de dólares!

   Por otra parte, el banco consultó con operadores financieros, para conocer el valor de venta de la usina. Los entendidos sugirieron un precio base de... 320 millones de dólares, "cancelables con papeles de la deuda externa".

   Vale decir que, de un día para otro, la obra de los 3.250 millones de dólares se cotizó a un 10% de ese valor, pagadero en títulos.

   Para confirmar esto, se contrató a la consultora británica Powergenn PLC, que determinó un valor superior (682 millones de dólares), aunque sugirió "mantenerla bajo dominio bonaerense".

   Pero otra cuestión adicional afectaba la central: la modificación del sistema energético, con la habilitación de la línea Alicurá-Abasto (1986), pasante por nuestra ciudad, y la puesta en marcha del Sistema Interconectado Nacional.

   Esto convirtió a la usina en un "complemento de alivio", que sólo sería útil cuando hubiera baches en otros sistemas del país.

   En 1992, Hugo Flombaun, presidente de ESEBA, aseguró, con total desparpajo, que "los bonaerenses hemos pagado ya tres veces la termoeléctrica".

   No contento con eso, agregó: "La pobrecita ha sufrido más de la cuenta... Por eso debe ser nuestro hijo mimado. Ya era una obra cuestionada y cara. Hoy, la tenemos; pues, aprovechémosla".

   En 1996, la energía que generaba era tan cara que sólo ingresaba al SIN "en casos de extrema necesidad".

   La consultora CS First Boston, por su parte, aseguraba que, en caso de pretender venderla, "nadie la querrá, ni aun regalada".

  Por eso, antes de salir a la venta, debió recibir una "pequeña colaboración", acaso la más increíble de todas.

Solución "de un plumazo"

   En 1997, la usina era invendible y tenía una deuda "consensuada" de 1.350 millones de dólares con el banco Provincia.

   ¿Podría alguien comprarla? ¿A qué precio?

   Fue entonces cuando apareció en escena el gobernador Eduardo Duhalde, quien transfirió toda esa deuda al pueblo bonaerense, cancelándola mediante bonos del Tesoro de los Estados Unidos cuyo pago (en cuotas hasta 2025) asumió la Provincia.

   La licitación se hizo, entonces, con el pasivo de la empresa "evaporado".

   Así y todo, en enero de 1997, hubo una única oferta de compra, por ¡diecinueve millones de dólares!

   La misma fue calificada de "ridícula", pero, en un segundo llamado, seis meses después, el grupo formado por Camuzzi, Cei Citicorp y Pacific Enterprises se quedó con la usina, pagando treinta millones de dólares.

   Así, el "fruto del esfuerzo continuado de los bonaerenses", "el jalón fundamental para una empresa joven como ESEBA", "la realización más ambiciosa del gobierno en toda su historia" (calificativos logrados a lo largo de su historia) cerró su ciclo.

   La Provincia gastó (estimado, promedio, tentativo) dos mil millones de dólares en hacerla y la vendió, a duras penas, a 30 millones de la misma moneda, seis años después de su habilitación.

   En junio de 2004, la termoeléctrica cambió de dueños, adquirida por el grupo Albanesi, de Rosario, en 25 millones de dólares.

   Hoy está a cargo de Pampa Energía que la compró a 80 millones de dóalres.