Bahía Blanca | Jueves, 01 de diciembre

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La Bahía Oscura que debemos asumir

El Índice de Pobreza Multidimensional arrojó datos significativos. Trabajaron en el informe las doctoras en Economía María Emma Santos y María Marta Formichella.

Del trabajo de investigación realizado surgió que el 8 por ciento de la población vive en hogares con hacinamiento para dormir,.

Walter Gullaci
wgullaci@lanueva.com

   Los datos alarman. Y muestran la peor cara de una ciudad que ya no es ajena a lo más inmoral de la desigualdad: la pobreza. En este caso, con registros que erizan la piel.

   Por ejemplo, el 28 por ciento de la población –estimada en unas 82 mil personas, de las cuales casi 30.000 son niños, niñas o adolescentes- habita en hogares insertos en aquella condición.

   A su vez, 46.476 vecinos viven en situación de inseguridad alimentaria.

   Las doctoras en Economía María Emma Santos y María Marta Formichella se desempeñan en el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS), ámbito que depende de la Universidad Nacional del Sur y el Conicet.


María Marta Formichella y María Emma Santos

   Ellas fueron parte de un trabajo pormenorizado que incluyó el procesamiento de datos aportados por 1.421 hogares bahienses que abarcan a 4.199 personas.

   Se trata del Índice de Pobreza Multidimensional que analiza indicadores agrupados en los siguientes ítems: Vivienda, Servicios Básicos, Alimentación y Salud, Educación, Empleo y Seguridad Social.

   Entre otros datos a los ya expuestos, surgió que el 8 por ciento de la población vive en hogares con hacinamiento para dormir, con los perjuicios que ello implica para la salud y el desarrollo del grupo que va de 0 a 17 años de edad.

   Pero hay mucho más por analizar. Y para tomar debida conciencia de una realidad que, como mínimo, avergüenza.

***

   -Cuando hablamos de pobreza multidimensional, ¿a qué nos referimos?

   -Es una especie de radiografía de la situación global de la pobreza. No sólo pasa por advertir la pobreza monetaria, sino de ver si los hogares presentan varias privaciones al mismo tiempo. Es allí donde estamos insertos en una franja de pobreza multidimensional. Con diferentes grados. Intensa o severa.

   “Claramente la franja etaria más vulnerable es la que va de 0 a 17 años. Nos interesa especialmente poner el foco allí. Cualquier intervención política positiva en ese segmento, cuanto más temprana sea la edad del chico va a tener mayor impacto y podrá cambiar la trayectoria de su vida”. (María Emma).

   -Nos llenamos la boca hablando de la educación, de la necesidad de fortalecerla mediante políticas estructurales, pero lo que surge de esta muestra es, como mínimo, desalentador.

   -Hay diversos estudios que muestran que si no se lleva a cabo una intervención surge lo que se llama ‘trampas de pobreza’. Es decir, que los menores que crecen en estos hogares tienen mayor probabilidad de no alcanzar un alto nivel educativo. Y eso puede tener un correlato negativo en su futuro. Se aprecia en estos datos.

   “Quienes poseen un menor nivel educativo tienen mayores dificultades en el mercado laboral. Es probable que realicen changas con pobres ingresos, que no tengan aportes jubilatorios, etc. ¿Y qué sucede si un menor llega a adulto y transita esas condiciones? Formará otro hogar pobre. Ese círculo no para, a no ser que existan intervenciones políticas positivas hacia esos menores”. (María Marta).

   -¿La intervención que plantea pasa exclusivamente por la escuela?

   -No. Claramente se trata de una de las instituciones más importantes de la sociedad, pero tenemos que comprender que existen situaciones de origen que dificultan las trayectorias y es allí donde hay que accionar mediante buenas políticas. (María Marta).

   -Obviamente que un chico que acude mal alimentado a la escuela o con serios problemas intrafamiliares no puede lograr un buen aprendizaje. ¿Es así?

   -Justamente cuando confluyen esas y otras barreras determinan lo que denominamos pobreza multidimensional. (María Marta).

   -Hablamos de intervenir. ¿Por dónde empezar?

   -Hay algunas prioridades bastante obvias. De esas 82 mil personas que habitan en hogares en esta condición, intensa o severa, 30 mil son menores de edad. Y dentro de esa franja, 14 mil están insertos en pobreza severa. Ellos son la prioridad natural. No basta con que estén yendo a la escuela. Tienen múltiples privaciones al mismo tiempo. A esos chicos hay que llegar con una batería de intervenciones. Y en forma intersectorial. En donde dialoguen los diferentes ámbitos de políticas de Estado, de acción social, de niñez, de salud, de cuestiones habitacionales. Una política demandante, de acompañamiento. Un trabajo cuerpo a cuerpo. No basta con una transferencia monetaria. (María Emma).

   -Dentro de este plano de inmoralidad, ¿cómo le exigimos a esos chicos que mañana se inserten en un ámbito de meritocracia?

   -Es muy cierto lo que planteas. No es que esté mal la meritocracia, el problema es que para ciertas poblaciones el logro parece tan imposible de alcanzar que entonces se renuncia a él antes de poder comenzar a transitar el camino. Darse por vencido antes de empezar. (María Emma).

   -Una cuestión que nos falta a todos como sociedad pasa por la carencia de empatía con el otro. A veces se juzgan las trayectorias escolares o de vida, se culpabiliza a quienes la sufren y hasta se los estigmatiza sin pensar justamente en las desigualdades de origen que, claramente, existen.

   -¿Acá tenemos a chicos que pierden más de una comida al día?

   -Por supuesto. Y en muchos hogares es posible que haya adultos que se estén sacrificando por ellos. No sabemos si son los niños solamente quienes han salteado comidas o pasado hambre, pero sí sabemos que están en una condición de riesgo altísima.

   “Por otra parte, hay que tener en cuenta a qué tipos de alimentos acceden estas familias. Qué tipo de nutrición tienen. Hay constancia que los sectores pobres tienen un alto consumo de carbohidratos y un bajo consumo de proteínas, lo que es tremendo para la conformación cognitiva de esos chicos. Les resta la posibilidad de un buen desarrollo. (María Emma).

   -Y acá tenemos otro aditamento. El de los cuidados de los chicos, que muchas veces pasa por el hermanito mayor quien se hace cargo del más chiquito para que su mamá pueda ir a trabajar. (María Marta).

   -¿Y qué ocurre con las condiciones de hacinamiento en la que muchos de esos chicos crecen, con varios durmiendo en una sola habitación, incluso con sus progenitores u otros familiares?

   -Ese tema me tiene muy preocupada, porque tenemos a 13 mil chicos en hogares con hacinamiento para dormir, con cuatro o más personas en una misma habitación. O bien sin un colchón para cada persona o pareja. Los estudios empíricos indican que los hogares en esa situación conforman un alto riesgo de que surjan abusos y casos de violencia infantil. Es terrible. Entendamos, de acuerdo con información analizada por otros investigadores, que de cada cien casos de abusos sólo dos se reportan. (María Emma).

   -Y dentro del hacinamiento, menos grave pero también relevante, hay estudios que revelan que dentro de los factores que afectan el nivel educativo surge el hacinamiento como uno de los que más incide negativamente ante la falta de un lugar apropiado para estudiar o hacer los deberes. (María Marta).

   -La cobertura social es otro ítem. El informe habla de casi un 50 por ciento de chicos sin ese beneficio.

   -Tal cual. Lo que realza el rol de los centros de atención primaria de la salud y de los hospitales públicos, el Municipal y el Penna. (María Marta).

   -Todo esto denota una realidad: Estamos ante la presencia de dos Bahía Blanca.

   -Lo positivo del estudio es que logramos llegar a los barrios vulnerables para contar con datos concretos sobre la pobreza. (María Marta).

   -Me gustaría dejar un doble mensaje. Solemos culpar a las insuficiencias de las políticas públicas, lo que es real. Y criticable. Pero, además, como dice Amarty tomando a Kant, todos tenemos algún grado de obligación imperfecta con respecto a esta realidad. Deberíamos asumir un compromiso moral ciudadano para modificarla. Colaborar, involucrarnos mediante un apoyo escolar, en un comedor, en una institución, un club, una ONG. No hacernos los distraídos. (María Emma).