La opinión de dos urólogos bahienses

¿Por qué la pandemia produjo un incremento de los casos de disfunción eréctil?

21/8/2021 | 06:30 |

El encierro, las dificultades económicas y la incertidumbre afectaron la esfera psicológica de la población, un aspecto determinante de la afección. ¿Consecuencias? Aún no pueden determinarse.

La urología y el estrés tienen puntos en común. / Fotos: Rodrigo García, Pablo Presti y Emmanuel Briane-La Nueva. / Centro Médico Imbanaco

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   La pandemia que afecta a todo el mundo y que, aún, transita un desarrollo sin fecha de conclusión, también queda reflejada en afecciones relacionadas con determinadas etapas de estrés. La urología, en general, y la disfunción eréctil en particular, no son ajenas.

   “La convivencia y el encierro; la incertidumbre y hasta la pérdida del trabajo que se produjeron durante la pandemia afectaron la esfera psicológica de la población en general. Y eso repercutió negativamente en este aspecto de la disfunción eréctil”, dijo el Dr. Juan Carlos Vallati, jefe del Servicio de Urología del Hospital Municipal de Agudos Dr. Leónidas Lucero de nuestra ciudad.

   El profesional recordó las dos causas que la provocan.

   “Una es mecánica, relacionada a las arterias, a las venas que no funcionan como deben y a la parte neurológica hormonal; y la otra es psicológica, tan o más importante, ya que la erección está muy influida por este aspecto”, agregó.

Dr. Juan Carlos Vallati, jefe del Servicio de Urología del Hospital Municipal de Agudos Dr. Leónidas Lucero.

   Por su parte, el Dr. Pablo Rivera, del Hospital de la Asociación Médica (HAM), sostuvo que la disfunción eréctil es una patología que afecta, en mayor o menor grado, a la mitad de los varones mayores de 50 años.

   “En los próximos meses, o años, se van a detectar más casos relacionados con la pandemia”, comentó.

   “Además, los hombres con mayor riesgo de tener complicaciones graves secundarias por el coronavirus son, también, los que tradicionalmente presentan riesgo de disfunción eréctil. Esto es, adultos mayores con diabetes, enfermedades cardiovasculares, sobrepeso, obesidad y/o múltiples comorbilidades”, añadió.

   Rivera coincidió con Vallati —ambos en diálogo con La Nueva.— al resaltar el papel del estrés, la ansiedad y las implicaciones para la salud física con la disfunción durante la pandemia. 

   “Otro dato es que el coronavirus ha cambiado en forma radical las relaciones sociales en el mundo, tanto por las restricciones impuestas como por la sensación de miedo al contagio y, en consecuencia, las relaciones sexuales se han resentido”, indicó.

   Señaló Rivera, asimismo, que el confinamiento está siendo un experimento a gran escala sobre los cambios en nuestros hábitos sociales y personales.

Dr. Pablo Rivera, del Hospital de la Asociación Médica (HAM).

  “La pandemia está afectando, entre otras circunstancias, la forma de alimentarnos. Según la European Urological Association, el aumento del Índice de Masa Corporal eleva el riesgo de desarrollar un cáncer en un 11 %. Con estos resultados, deberíamos concientizar a la población de que el aumento de peso no sólo eleva el riesgo cardiovascular, sino también el de algunos cánceres”, describió.

   “Por eso esta crisis puede tener una repercusión negativa en pacientes con disfunción eréctil, ya que una de las principales causas son las enfermedades cardiovasculares, como hipertensión arterial, colesterol alto y/o diabetes, por lo que una mala dieta, unida a la falta de ejercicio, tendrán una repercusión negativa”, añadió.

   “La disfunción eréctil es uno de los predictores más importantes de la enfermedad cardiovascular que, incluso, puede anteceder varios años hasta que aparezca este cuadro”, afirmó Rivera.

   Respecto de las consecuencias de la problemática, así como de otras relacionadas con la urología, Vallati dijo que son difíciles de estimar por ahora, ya que, además, la pandemia aún no tiene fecha de finalización.

   “Acaso podamos sacar conclusiones más adelante, aunque se descuenta que serán negativas”, aseguró.

“Las implicancias a largo plazo por la reducción en la actividad clínica en urología se desconocen, ya que determinar cuánto durará esta crisis es imposible”, coincidió Rivera.

   “Ciertamente, no llevar la cirugía oportuna y necesaria a los pacientes que la necesitan tendrá repercusiones negativas e impredecibles en sus posibilidades de ser efectivamente tratados”, indicó.

   Rivera señaló, asimismo, que las prioridades médicas y quirúrgicas cambiaron en forma drástica y provocaron un profundo impacto en la organización hospitalaria.

   También que casi todas las actividades electivas se suspendieron para ahorrar recursos por los casos de Covid-19, como resultado de la limitada disponibilidad de personal sanitario, dispositivos médicos y camas de hospital. Y que eso significó la cancelación de un gran número de cirugías, tanto oncológicas y no oncológicas, así como de servicios ambulatorios.

   “La suspensión de la mayoría de las cirugías electivas provocó el aumento de las listas de espera con las lógicas repercusiones en la salud de los pacientes, especialmente los que esperaban cirugía oncológica”, dijo.

   Vallati, en tanto, admitió que la urología no fue una de las más afectadas por la pandemia, como sí sucedió con los clínicos, los anestesistas y los médicos de guardia.

“Hoy los chequeos urológicos casi han vuelto a la normalidad”, comentó Vallati.

   “Pero nos afectó porque los cuidados siguen siendo extremos, ya sea en los hospitales públicos como en los privados”, sostuvo.

   “Al principio fue complejo por la postergación de distintas prácticas, pero estamos volviendo a los niveles de consulta anteriores a la pandemia. Incluso, tenemos un exceso de consultas, porque lo que no se hizo en el año previo, se retoma hoy porque la gente se siente más segura, ha perdido el miedo y ya está vacunada. Los chequeos urológicos casi han vuelto a la normalidad”, comentó Vallati.

   —¿Cuáles serán las repercusiones de los diagnósticos demorados y de los tratamientos sin concretar?

  —Rivera: Cada caso quirúrgico debe ser evaluado individualmente, por lo que se sopesarán los riesgos y los beneficios teniendo en cuenta su urgencia y el riesgo de contagio. Con respecto a la patología oncológica se debe valorar la agresividad de cada tumor y el impacto que puede tener el retraso de la cirugía en la progresión de la enfermedad.

   “Asimismo, ser intervenido estando infectado de forma activa por el virus aumenta de forma muy significativa los riesgos y la mortalidad. No obstante, los pacientes con Covid-19 y los no infectados tienen circuitos distintos a los niveles de la asistencia, de tal forma que no entran en contacto, ni en quirófano ni en reanimación ni en las salas de hospitalización.

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   “En quirófano, la técnica anestésica intenta minimizar la trasmisión a través de aerosoles, cuyo mayor riesgo se produce durante la intubación y la extubación, por lo que se intenta, cuando es posible, utilizar otras técnicas. Y si bien es cierto que no se ha descrito transmisión durante los procedimientos laparoscópicos, se intenta minimizar el riesgo de aerosolización durante las cirugías mediante la utilización de filtros de partículas.

   —Vallati: La disposición de camas de terapia es más baja, pero también porque influye una cuestión estacional, ya que estamos en invierno, cuando predominan todo tipo de patologías respiratorias, en especial las neumonías.

   “Los hospitales siguen teniendo una cantidad de pacientes internados por Covid-19 y nosotros estamos expuestos a realizar reprogramaciones permanentes.

   “De todos modos, el Servicio de Urología del Hospital Penna está a disposición para cubrir el cargo de guardia, por ejemplo, para lo que estamos capacitados, aunque sea en forma parcial, durante esta emergencia”.

   —¿Qué incidencia tienen los aspectos psicológicos?

   —Rivera: La crisis por el Covid-19 es un momento de enseñanza. El caos y la incertidumbre exigen un enfoque inquebrantable en los principios médicos básicos y un modelo consistente de profesionalismo, altruismo, calidad y seguridad.

   “Existe una necesidad apremiante de garantizar que el personal sanitario cuente con los recursos para sortear todos y cada uno de los retos que enfrentan durante esta crisis sin que le causen daños duraderos”.

   —Vallati: La esfera psicológica, en la pandemia, nos cambió todo a pacientes y médicos. Ellos se dejaron de controlar por temor y angustia y abandonaron actividades que normalmente hacían. Asimismo, la falta de prácticas quirúrgicas ha afectado la calidad de vida.

   “Un paciente que el año pasado estaba en lista de espera para operarse y se sostenía con una sonda, por ahí la cirugía se le demoraba tres meses y debía convivir ese tiempo con el dispositivo colocado. Quien se retrase en este aspecto también sufrirá desde lo psicológico, ya que es conciente de que la enfermedad se puede modificar”.

   —¿Existe un porcentaje estimado de la caída de consultas por cuestiones urológicas?

   —Rivera: La Sociedad Argentina de Urología y la Sociedad Argentina de Oncología Clínica advierten, por ejemplo, de un descenso del 50 % en el diagnóstico del cáncer de próstata.

“No es que haya menos cánceres de próstata, testículos o riñones, sino que se está retrasando su diagnóstico”, afirmó Rivera.

   “Los casos que vamos a diagnosticar serán, en su mayor parte, cánceres en un estadio más avanzado, por lo que los diagnósticos de la enfermedad, al ser más tardíos, a priori, tienen un peor pronóstico y menos posibilidades de recuperación”.

   —Para prevenir el cáncer de próstata es clave la prevención. ¿Qué otras consultas son iguales de importantes?

   —Rivera: Cuando un paciente nota algo extraño en su zona testicular, es necesaria la exploración por parte de un especialista, así como la realización de una ecografía testicular.

   “Aunque el tumor testicular es menos común que el de próstata y se da en una franja de población más joven, durante la pandemia la posibilidad de exploración presencial por parte de un especialista apenas ha estado presente. Esto, unido al reparo o vergüenza a consultarlo, que algunos jóvenes siguen evidenciando ante este problema de salud; y la poca conciencia que existe en ese segmento con respecto a la autoexploración de la zona testicular, está contribuyendo al retraso en el diagnóstico”.

   —Vallati: El año pasado directamente no se hicieron consultas de prevención.

   “La mayoría de los pacientes urológicos son añosos y, justamente, fueron quienes más encerrados estuvieron. En 2020 sólo vimos las urgencias, ya que los pacientes sintomáticos debían consultar sí o sí”.

“Quienes se vacunan lo dicen con orgullo”

   —Considerando que estamos ante un proceso que se prolongará, ¿cuál es el mayor desafío para sortear la pandemia?

   —Vallati: Todos apuntamos a que la vacunación sea del 100 % de la población. Eso es lo que marcará las diferencias en las formas de convivir con la pandemia, porque si pasa a comportarse sólo como un cuadro gripal, donde el paciente lo puede llevar en su casa, el funcionamiento médico-hospitalario cambiará por completo.

   “Apuntamos a eso, aun sabiendo que con las vacunas hay que seguir cuidándose, cumplir los protocolos y demás en todos lados.

“Siempre motivamos a los pacientes para que se vacunen. Y hay un ejemplo con la gente de edad, que lo cuenta con mucho orgullo”, dijo Vallati.

   “Habrá una excepción, pero la mayoría ya tiene la vacuna. De todos modos, para lograr un porcentaje significativo aún falta porque hace poco que se empezó a vacunar a los jóvenes”.

   —Rivera: El verdadero desafío es que el servicio de salud optimice los recursos para el tratamiento de Covid-19, limitando ocuparse de otras patologías que puedan ser postergadas; es decir, pasar de la medicina centrada en el paciente a una centrada en la comunidad.

   “La toma de decisiones en el ámbito médico, teniendo en cuenta esa comunidad, ya no puede basarse en un solo paciente y sus necesidades; este concepto debe ser entendido y aceptado por todas las especialidades quirúrgicas y no quirúrgicas.

   “En particular, los urólogos manejamos muchos pacientes con enfermedades oncológicas y prioridades quirúrgicas, y también condiciones no oncológicas potencialmente mortales. En algunos casos de patologías concretas deberán valorarse alternativas no quirúrgicas seguras para el paciente”.

   —¿De qué manera afecta la pandemia a los médicos urólogos?

   —Vallati: Nos afecta a todos en las actividades que realizamos a diario. Al inicio nos golpeó en la falta de trabajo, porque pasamos de tener consultorios atiborrados a salas vacías y a dejar de trabajar.

   “Pero un punto favorable fue que tuvimos acceso a un sinnúmero de cursos y congresos virtuales para el punto de vista intelectual médico que antes, por la vorágine del trabajo, era complicado. Eso fue muy positivo”.

   —Rivera: Los urólogos podrán tener que dedicar parte, si no la totalidad de sus actividades, para el tratamiento de pacientes con Covid-19 y reducir drásticamente su propia práctica.

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