No rompas los silencios

23/5/2021 | 06:40 |

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Por
Guillermina Rizzo

   ¡Silencio!

   Para algunos es incómodo, para otros es imposible sostenerlo, cultivarlo por horas o por días no es tarea fácil. Muchos le temen y otros lo detestan a tal punto que hasta duermen con música o un televisor encendido.

   Si bien en la actualidad y debido a la pandemia, poco se comparte un ascensor, y se evita hablar en una sala de espera, hay personas a las que estar en silencio les resulta incómodo; son de fácil detección pues se caracterizan por sacar tema de conversación en cualquier ámbito: la fila, un comercio… cualquier ámbito es propicio para la conversación.

   ¿Cultivar el silencio o mantener el ruido? ¿El que calla siempre otorga?

   Raimundo Pániker Alemany, filósofo, teólogo y escritor español que “desarrolló una filosofía interreligiosa e intercultural, con una nueva apertura respetuosa al diálogo con otros sujetos y tradiciones no occidentales” hizo referencia al miedo que muchas personas le tienen al silencio y a la incomodidad que genera.

   El silencio generalmente provoca molestia, porque si bien el “silencio es silencioso” trae consigo muchos significados.

   El silencio nos enfrenta a carencias, ausencias, peligros, también a presencias. Es ambiguo, impreciso, también ilimitado, difícil de comprender, interpretar y significar, por eso a veces la reacción de muchas personas es colmarlo de palabras.

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   En Psicología dedicamos igual atención e importancia a lo expresado como “a lo no dicho”, pero en ámbitos cotidianos, eso no dicho, lo que no se pone en palabras, genera incertidumbre, alimenta la desconfianza y genera inseguridad en los vínculos.

   No siempre el que calla otorga, a veces el silencio se apodera porque prevalece el miedo, la resignación, la sumisión, la dependencia; por años el silencio en ciertas conductas estuvo ligado al consentimiento.

   ¿Permanecer en silencio es una decisión?

   Así como -supuestamente- decidimos qué decir y elegimos las palabras, el silencio también es parte de la comunicación; callar, guardar silencio, debiera ser una “conducta que se adopta por elección”, puesto que en cualquier ámbito en el que el silencio se impone estamos ante hechos de censura, represión o coerción.

   Si bien y es obvio que hay situaciones que jamás deben ser silenciadas, es vital distinguir aquello que debe ser enunciado y hasta denunciado del silencio que aquieta, que permite la reflexión y el autoconocimiento, silencio que debe ser promovido desde edades tempranas.

   Un gesto suele ser más potente que una palabra y un silencio a veces potencia aún más lo que callamos, por eso el éxito del silencio reside no solo en quien lo sostiene sino en el interlocutor que con cierta sensibilidad debiera poder decodificarlo y significarlo.

   Vivimos en un mundo y en una época en la que gritos, ruidos y estridencias ganan espacios y hasta establecen modelos de relación; mantener el silencio y hasta convertirlo en una rutina conecta el cuerpo con la mente, relaja, disminuye las tensiones y el estrés.

   Cultivar el silencio permite discernir entre aquello que debe ser expresado y aquello que debe ser silenciado, así que cuando te encuentres en silencio no huyas, por el contrario permanece en él.

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