Por más seguridad alimentaria

Cambio climático: bases moleculares para lograr más eficiencia en los cultivos

29/3/2021 | 06:30 |

Científicos de Agrobiotecnología del Litoral; del Instituto Leloir y del Conicet lograron identificar mecanismos que aumentan la capacidad de las raíces de las plantas para absorber agua y nutrientes del suelo en condiciones de bajas temperaturas.

De acuerdo con los expertos, se sentaron las bases moleculares para el desarrollo de cultivos climáticamente inteligentes. / Fotos: agenciacyta.org.ar y Archivo La Nueva.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   “Nos abocamos a comprender mejor la relación entre las plantas y el ambiente para diseñar estrategias de agricultura sustentable y desarrollar plantas climáticamente inteligentes que sean capaces de adaptarse y crecer en ambientes hostiles”.

   Estos son los objetivos del estudio liderado por investigadores argentinos, que precisó factores moleculares que regulan el crecimiento de las raíces de las plantas sometidas a baja temperatura.

   El avance sienta bases para el desarrollo de cultivos que se adapten al cambio climático y garanticen la seguridad alimentaria mundial.

   Dos de los investigadores del Conicet que dirigen el estudio son Federico Ariel, del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL), de Santa Fe;  y José Manuel Estévez, de la Fundación Instituto Leloir (FIL), de CABA.

Los directores del estudio: Federico Ariel (izq.) y José Manuel Estévez, y los primeros autores, Michaël Moison, Leandro Lucero y Javier Martínez Pacheco.

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   En el trabajo, que fue publicado en la revista Molecular Plant, los científicos pusieron ciertas plantas que se usan como modelos de estudios vegetales, Arabidopsis thaliana, a crecer a bajas temperaturas (10 grados) y no a 22º, como se hace habitualmente.

   “Estas condiciones de frío son desfavorables para las plantas, y el crecimiento se hace mucho más lento”, dijo Ariel.

   “Lo sorprendente fue descubrir que, en el caso de los pelos radicales, que son las estructuras de las raíces encargadas de absorber agua y nutrientes del suelo, pasaba lo opuesto: crecían más del doble de su tamaño habitual. Esto contradecía a lo que esperábamos que pasara”, agregó el jefe de laboratorio en el IAL, que depende la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y del Conicet.

   Tras combinar el uso de herramientas genéticas y bioquímicas, junto con técnicas de microscopía avanzada, biología molecular y celular, los científicos lograron identificar los mecanismos moleculares que regulan el crecimiento de los pelos radicales de las plantas a bajas temperaturas.

   También comprobaron que una molécula llamada Apolo (un ARN largo no codificante) es el que controla el crecimiento de esas estructuras de las raíces: interactúa con proteínas reguladoras llamadas factores de transcripción (en este caso una denominada WRKY42) que, a su vez, enciende un gen llamado RHD6 que regula la expresión de los genes que disparan el crecimiento de los pelos radicales.

“Se espera que el cambio climático global traiga recurrentes picos de temperatura, precipitaciones y aumento de aridez en los suelos”, comentó Estévez.

   “Es clave que los biólogos moleculares vegetales y los agrónomos tengamos un rol fundamental para generar a futuro nuevos cultivos que se ajusten a esa crisis, en especial cuando existe una demanda creciente de alimentos”, agregó el jefe de laboratorio en la FIL.

   Del avance también participaron Michaël Moison y Leandro Lucero, del IAL, de la UNL y del Conicet; y Javier Martínez Pacheco, del Conicet y de la FIL; Camille Fonouni-Farde y Natanael Mansilla, del IAL; Johan Rodríguez-Melo y Fernando Ibáñez, del Instituto de Investigaciones Agrobiotecnológicas, que depende del Conicet y de la Universidad Nacional de Río Cuarto; y Aurélie Christ, Jérémie Bazin, Moussa Benhamed y Martín Crespi, del Instituto de Ciencias de las Plantas Paris-Saclay (IPS2), que depende del sistema científico nacional de Francia (CNRS-INRA) y de la universidad Paris-Saclay de ese país.

   Gran parte del estudio fue financiado con aportes del Conicet; del ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y fuentes de financiamiento Internacionales, y también parte del Premio FIMA Leloir, otorgado a Ariel en 2019. El avance contó también con el apoyo de la FIL y del IAL. (Fuente: https://www.agenciacyta.org.ar/).

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