Bahía Blanca | Sabado, 25 de junio

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César Milstein: un premio Nobel que busca su propio espacio en la ciudad

El Ejecutivo analiza 5 opciones, aunque se tomará en cuenta la opinión de los vecinos para la decisión final.

Foto: Rodrigo García y Emmanuel Briane-La Nueva.
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Audionota: Mariano Muñoz
Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   En pocos días, el Departamento Ejecutivo dará a conocer al menos cinco alternativas para asignar el nombre del bahiense César Milstein, ganador del premio Nobel de Medicina 1984. Un tramo de la avenida Colón, la mismísima plaza Rivadavia y el parque Campaña al Desierto aparecen entre esas posibles alternativas.

   No será una decisión simple. Se pedirá, además, la opinión ciudadana en la búsqueda de rendir homenaje al que muchos señalan como la persona más trascendente que ha dado esta ciudad.

De pronto, el año

   De manera sorpresiva el 2021 puso a Milstein en un lugar relevante y volvió a remover en nuestra ciudad esa reconocida falla de no disponer todavía de un sitio reconocible y acorde a la importancia del científico. 

   El hecho motivador vino de la mano de un decreto presidencial. La pandemia por COVID-19 dejó en claro –señala la norma-- “el innegable el rol de la investigación científica como herramienta para superarla y lograr la recuperación, el desarrollo socioeconómico, la generación de empleo y la igualdad de oportunidades”. En ese marco el presidente Alberto Fernández declaró al 2021 como el “Año de homenaje al premio Nobel de Medicina Dr. César Milstein”.

   Se tomó como referencia el circunstancial regreso de Milstein al país de 1961, designado Jefe del Departamento de Biología Molecular del Instituto de Microbiología Carlos Malbrán, y como reconocimiento a su descubrimiento de los anticuerpos monoclonales, hecho que configuró “un hito en la historia de la medicina e influyó en especialidades como la inmunología, la oncología, la biotecnología y la industria, permitiendo el desarrollo de fármacos innovadores para prevenir rechazos en trasplantes, la inmunización para ciertos virus, terapias para el asma y mejorar la supervivencia y de calidad de vida de los pacientes con cáncer.

   Se recuerda además un hecho trascendental desde lo personal: Milstein no quiso patentar su descubrimiento y promovió el acceso universal para el beneficio de la sociedad.

Un repaso con anticuerpos

   Han pasado dos generaciones desde que en 1984 el doctor César Milstein recibiera el galardón más prestigioso y famoso que se entrega en el mundo: el premio Nobel, distinción que reconoce a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones o contribuciones notables a la humanidad. 

   Milstein tenía 57 años de edad cuando lo recibió en la categoría Fisiología/medicina, compartido con Niels Jerne, de Dinamarca, y Georges J.F. Köhler, de Alemania Occidental, por su descubrimiento en el área de los anticuerpos monoclonales, elementos con variados usos y trascendentes en aplicaciones terapéuticas capaces de destruir células, incluidas las tumorales, y que se emplean en el tratamiento de enfermedades autoinmunes.

   Milstein era un completo desconocido cuando llegó a nuestra ciudad la noticia de su distinción. Hacía 40 años que se había marchado para seguir sus estudios de bioquímica en la facultad de ciencias exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. 

   Terminados sus estudios fue becado por la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, donde completó su investigación postdoctoral. En 1961 regresó al país y se hizo cargo de la División de Biología Molecular del Instituto Nacional de Microbiología, aunque las situaciones políticas que atravesaba el país en 1962 lo llevaron a regresar a Inglaterra.

   En Cambridge formó parte del Laboratorio de Biología Molecular y trabajó en el proceso por el cual la sangre produce anticuerpos, desarrollando una técnica para crear estos anticuerpos monoclonares que le valieran recibir el premio Nobel.

Su calidad de bahiense

   La Argentina tiene, en los 125 años que cumple la entrega del Nobel, apenas cinco merecedores del mismo: dos de la Paz (Adolfo Pérez Esquivel en 1980 y Carlos Saavedra Lamas en 1936), uno en Química (Luis Leloir, en 1970) y dos en Fisiología/medicina (Bernardo Houssay en 1947 y Milstein en 1984). Salvo Milstein, todos nacidos en la ciudad de Buenos Aires e incluso uno, Leloir, en París.

   Desde que se tomó conciencia de que un bahiense había obtenido el Nobel, se generó una inquietud local por rendirle un merecido homenaje. 

   En 2008 se inauguró un monumento en su memoria en el paseo de calle Cuyo, una estructura color naranja, un gran aro sostenido por un grupo de columnas dispersas, una suerte de macroscopio que apunta al universo que el científico miraba durante su infancia y adolescencia. 

   Un cartel señala su dedicatoria pero no explica el simbolismo de la obra. Curiosamente el sitio es reconocido por miles de jóvenes por ser un punto de encuentro en varias fiestas multitudinarias de fin de año.

   Aunque pocos lo sepan,  todo el espacio verde donde se ubica al monumento –delimitado por calles Cuyo y Espeche, entre Zapiola y Rosario— también lleva, por ordenanza municipal, el nombre de Milstein. 

   Pero hay más: en 2015 el Concejo Deliberante pidió a la oficina de Catastro que “arbitrara los medios” para que “a una calle” en proximidades de la UNS se le imponga el nombre del científico. 

   Por último, en 2017, se le dio su nombre al amplio espacio verde de ingreso a la ciudad por la ruta 3 Norte, delimitado por calles Drago y Brown, entre 1810 y La Pinta. El interesante proyecto de diseño de un parque en ese sitio quedó luego reducido a la nada y postergado sin fecha alguna.

   También se han colocado placas evocativas en el que fuera su domicilio familiar, en calle 11 de Abril al 200, y en la Escuela 3 de Terrada 449, donde no sólo cursó sus estudios primarios sino que además su madre fue directora del establecimiento.

   Como se puede advertir, pareciera que ninguno de estos homenajes ha conformado, tampoco se han impuesto en la memoria de la sociedad y mucho menos parecieran estar a la altura de los merecimientos de César Milstein.

Ahora, una búsqueda

   En parte impulsado por este reconocimiento 2021 a nivel nacional de la figura de Milstein, el Departamento Ejecutivo decidió que era el momento de darle al César lo que es del César y asignar su nombre a un lugar “céntrico y significativo de la ciudad”.

   El propio jefe comunal, Héctor Gay, adhiere a esa iniciativa y considera proponer al menos cinco lugares que podrían ser adecuados para ese destino, en una búsqueda que incluiría una consulta popular –a través de las distintas plataformas web—para asegurar una participación amplia de un tema que, sin dudas, no será simple de resolver y generará una gran diversidad de opiniones y análisis.

   Entre los sitios pensados para resignar su designación se ubica la avenida Colón, al menos el tramo comprendido entre la plaza Rivadavia y el puente sobre las vías, aprovechando que el mismo tendrá una puesta en valor en los próximos meses. 

   “El resto de la avenida, desde el puente Colón hacia el mar, mantendría su nombre. El otro gran espacio considerado es nada menos que la plaza Rivadavia. Es otra alternativa, aunque claro, tenemos la situación del monumento central que habría que considerar”, explicó Héctor Gay. 

   Una tercera posibilidad es el siempre postergado Parque Campaña al Desierto, sobre la avenida Fortaleza Protectora Argentina, cuya designación parece poco arraigada entre la gente y cuyo nombre evoca un hecho histórico siempre discutido.

   “Trataremos de elevar al menos cinco posibilidades en el corto plazo, consideraremos la opinión de la gente y luego el Concejo Deliberante analizará si es factible adoptar alguna”, finalizó Gay.

   Acostumbrados los bahienses a discrepar con ganas en este tipo de cuestiones, a polarizar las discusiones y generar que muchas veces terminen sin resolverse, encontrar el sitio adecuado para Milstein no será simple, cuando además eso implique retirar nombres que, discutibles o no, son tradicionales en la historia local. 

   Hay sin embargo un claro objetivo: homenajear al bahiense que muchos consideran el más destacado que ha dado esta tierra y cuyo legado está ayudando a mejorar a la humanidad en su conjunto. Fortalecer el rol y la relación con su ciudad natal es un gesto imprescindible, justo y necesario.

Opiniones que abren el debate

--Luis Sagasti (profesor de historia, escritor): “Es absolutamente necesario tener algo que perdure con el nombre de Milstein y que se imponga desde el principio. Hay lugares como La Carrindanga que pese a haber sido rebautizado mantiene su nombre tradicional. Por eso debería ser un lugar que se imponga. El parque Campaña al Desierto estaría bueno, o una calle o plaza central antes que alguna cortada perdida. La plaza Rivadavia estaría genial o la misma avenida Colón. Un lugar central, algo referencial, porque Milstein es mucho más que un premio Nobel, su trabajo es una investigación trascendente, es la persona más importante que ha dado Bahía Blanca, una ciudad donde pareciera que nada más se considera importante a sus deportistas. También es clave poner referencias que den cuenta de a quién es el homenajeando, porque en muchas calles y plazas las nuevas generaciones no tienen idea de a quienes corresponden sus nombres”.

--Liberto Ercoli (Decano Facultad Regional Bahía Blanca de la UTN): “Soy muy respetuoso de las tradiciones, porque la memoria de los pueblos está en las tradiciones, que conforman la experiencia que una sociedad ha ido escribiendo, un banco de datos de sabiduría social. Esto incluye a los próceres: por eso no estoy de acuerdo en demonizar a Colón o a Rivadavia y sacarles sus nombres. No movería nada de lo que está. Por otro lado el nombre de Milstein debería denominar un lugar relacionado con la ciencia, lugar que acá no tenemos. Se me ocurre, por ejemplo, el parque Independencia, que podría pasar a llamarse Milstein si tuviera un planetario, un museo interactivo de ciencia, un telescopio, un lugar para que la gente y las escuelas vayan a experimentar. Hay mucho para hacer en ese sentido y no ponerle a su nombre a una plaza o calle porque sí. No me opondría a una opción pero habría que justificarla, no que salga de una única cabeza. Tendría que ser muy bien fundamentado el cambio y evitar generar una grieta, como pasó con Juana Azurduy y Colón en la casa rosada. Me parece que el tema da para un debate interesante del cual me gustaría participar”.


--Daniel Vega (Doctor en Física, Rector de la UNS): “Cambiar el nombre de algo ya instalado no me convence. Prefiero que se busque un lugar nuevo para una persona como Milstein que sin dudas merece tener un reconocimiento. Pero no me parece lo mejor cambiar el nombre a sitios tradicionales. Entiendo además que Milstein no ha tenido una gran interacción durante su vida con las universidades o los centros de investigación locales que hagan que esa relación sea tan fuerte.
Me parece más adecuado buscar un lugar distinto, como es el acceso por calle Drago, ese sitio me parece interesante. Pero cambiar el nombre a la plaza Rivadavia, aunque Rivadavia no sea santo de mi devoción, no me parece lo más adecuado”.

--Hernán Vigier (Doctor en Economía, rector de la Universidad Provincial del Sudoeste): “Creo que su nombre debería estar vinculado con lo académico. Se me ocurre por ejemplo asignarle su nombre al campus de la UNS o al complejo del CONICET. Son lugares de estudio e investigación, más cercanos y vinculados con el trabajo del premio Nobel”.

--José Marcilese (Doctor en Historia, escritor, titular del Museo de la Memoria de la UNS): “No me parece que la permuta del nombre de la plaza Rivadavia o la avenida Colón por el de César Milstein sea viable, porque creo que la nomenclatura en los centros urbanos es un componente básico de la identidad histórica de los vecinos y es importante preservarla, en particular cuando son lugares arraigados. Pero además es posible que resulte ineficiente porque la gente lo seguiría nombrado con sus designaciones originales. Pienso en una dirección como Colón 80. En la ciudad no se habla del “edificio del rectorado”, sino de la calle y la altura. ¿Cuánto tardaría en modificarse esa costumbre? Creo que nunca.
Por eso creo es preferible buscar un espacio nuevo, un ámbito que permita recordar a Milstein y construir una memoria en relación a ese lugar. Es interesante, por ejemplo, el parque Campaña al desierto, una denominación poco feliz. Pero además de asignar el nombre, es importante rescatar que Milstein es producto de la educación pública, que llegó al Nobel yendo a una escuela primaria y secundaria de Bahía Blanca. Hay que valorar esa trayectoria que lo vincula a nuestra ciudad y elegir un sitio nuevo, cargarlo de sentido e incorporarlo desde cero a la memoria”.

--José González Casali (abogado, director general de Cultura del Municipio): “Pensé mucho en el tema y me parece acertado elegir una calle céntrica o de acceso a la ciudad. Lo de la avenida Colón sería acertado, como lugar de ingreso y encontrarse con la plaza principal. Es además un reconocimiento que se le debe a Milstein y este es el momento adecuado por el empuje que está teniendo su figura desde otros ámbitos. Por otra parte es maravilloso que estemos pensando en esto y buscando un lugar para darle la dimensión que merece. Es el único premio Nobel argentino nacido en el interior, una persona para sentirlo orgullosamente bahiense. Incluso no quedarnos con darle el nombre a una calle, sino también sumarle alguna intervención artística”.

--Christian Díaz ( Diseñador en comunicación visual, Director municipal de Museos y Artes): “Me parece bien que se pueda poner el nombre de Milstein a un espacio de la ciudad. Lo de renombrar calles es una alternativa, lo de la avenida Colón no lo veo mal. Pero me parece que buscar un lugar nuevo sería más adecuado. Se me ocurre que el parque Campaña al Desierto, que se está formando y cuyo nombre me parece un desacierto, podría ser ideal. Porque además se podrían incorporar cuestiones relacionadas con la ciencia y la tecnología donde la gente pudiese interactuar y traer al conocimiento cuales fueron los aportes de Milstein a la ciencia. Me inclino por ese espacio”.