Una especie de guerra, con tironeos y off the record

16/5/2020 | 07:00 |

La columna semanal de Ricardo Salas, corresponsal de La Nueva. en La Plata.

NA y Archivo La Nueva.

Por
Ricardo Salas

   “Prefiero que me critiquen por ser cuidadoso que lamentar no haberlo sido”, había antipado el gobernador Axel Kicillof procurando diferenciar la situación del interior rural del conurbano bonaerense ante la nueva fase del aislamiento social, preventivo y obligatorio.

   Un par de días después, la gobernación blanqueó cierta preocupación por los casos de coronavirus en villas de emergencias porteñas y una posible explosión de contagios en el Gran Buenos Aires.

   De hecho, el ministro de Salud, Daniel Gollán, desplegó un operativo sanitario como nueva estrategia de búsqueda de casos sospechosos de Covid-19, “casa por casa” en barrios vulnerables y asentamientos del conurbano para intentar evitar potenciales focos de contagios.

   “No nos descuidemos, la cuarentena viene para largo", se advierte en la Provincia.

   El “axelismo” ministerial también se subió a las críticas del presidente Alberto Fernández para señalar que durante la gestión de María Eugenia Vidal el sistema hospitalario bonaerense fue “abandonado” y que dejó la salud en “terapia intensiva”.

   Parece que los principales dirigentes de Juntos por el Cambio aprendieron la lección de los errores propios, que en gran medida contribuyeron a la derrota catastrófica en las PASO de 2019. Una y otra vez se muestran reacios a subirse al ring al que los está invitando el jefe de Estado.

   Hoy el oficialismo del Frente de Todos se encuentra en el momento político más crítico desde que comenzó la pandemia. En los últimos días se disparó el número de fallecimientos en los "100 barrios porteños" y en municipios linderos del conurbano. 

   La postal cotidiana exhibe a buena parte de la población malhumorada con la cuarentena, y ya más enfocada en la realidad de bolsillo, con un panorama económico a futuro que se presenta más que oscuro.

   En ese contexto el abordaje territorial es primordial: la ayuda en comedores, merenderos y barrios populares está bajo el monitoreo del área social que ahora conduce el ministro Andrés Larroque. 

   Tanto para el presidente Alberto Fernández como para el gobernador Kicillof es necesario encontrar un adversario al que confrontar. Hasta ahora el rival fue el coronavirus, un enemigo ideal, porque es incapaz de juntar votos, y al mismo tiempo les sirvió para licuar a la oposición, subordinando al resto de las instituciones a las decisiones del Ejecutivo.

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   Claro que, en la medida que la pandemia no pasa, los efectos de arrastre de la crisis económica escalan entre las prioridades de la gente y la estrategia de colocar a la enfermedad como el gran enemigo comienza a perder efectividad.

    Se necesita un nuevo adversario, y qué mejor que las caras visibles del gobierno anterior, el expresidente Mauricio Macri y la exgobernadora Vidal. Revivir la grieta, esa “palabra mágica” a la que todos acuden cuando se sienten amenazados.

   Como hoy Macri no está, ni aparentemente lo quiere estar, es Vidal la elegida por el Gobierno. Pero la exmandataria bonaerense, las veces que aparece, lo hace para pedirle a su tropa que acompañe al “equipo” de Kicillof.  Por ahora nunca recogió el guante. Está claro que por ahora no se quiere meterse en el barro que le sería perjudicial. Hasta el momento el nuevo gobierno no carga con el peso de la responsabilidad de la “crisis del Covid”.

   Lo que sí se advierte es una especie de guerra subterránea, donde los tironeos y los off the record suben la temperatura de cualquier interlocutor.

   Por lo pronto ya se comenzaron a tirar bombas desde una trinchera a la otra. Primero la administración Kicillof avanzó con un virtual “pedido de renuncia” contra el actual Procurador General de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, Julio Conte Grand, por abrir la puerta a la liberación de presos.

   La respuesta vino de la mano de legisladores de Juntos por el Cambio. Uno de ellos, el senador bahiense Andrés De Leo, que salió a pedir el juicio político al juez Víctor Violini, bajo la excusa del mal desempeño en sus funciones, por dictar el hábeas corpus colectivo que permitió a varios jueces liberar presos con el pretexto de la pandemia por el Covid-19.

   “Desde la comodidad de un sillón y un Twitter, gobierna cualquiera”, se señala desde la intimidad gubernamental de calle 6 parafraseando a Kicillof.  Un tiro por elevación para dirigentes opositores “sin responsabilidad de gestión y con mucho tiempo libre”, que agitan entusiastas en la red social del pajarito. El Poder Legislativo retoma su actividad y la guerra  promete estar empezando.

   La situación financiera de la administración bonaerense y de los municipios es extremadamente delicada. Los números oficiales fueron plasmados en el paquetazo de leyes que el mandatario provincial giró a la Legislatura para su análisis.

   En líneas generales el gobierno bonaerense apunta a obtener la autorización de endeudamiento con organismos internacionales por hasta 500 millones de dólares, con organismos multilaterales de crédito como el BID y el Banco Mundial para enfrentar lo urgente: la caída en la recaudación y la necesidad de asignar recursos para atender la crisis por la pandemia.

   Por otro lado, también se apunta a conseguir los avales legislativos para la emisión de un bono para proveedores por hasta 20 mil millones de pesos. En ese caso, el Ejecutivo decidió posar la lupa sobre la herencia vidalista, al justificar este pedido en “la enorme deuda con proveedores heredada de la gestión anterior”.

   Rápido de reflejos, legisladores de la oposición piden que el “salvataje financiero” de la Provincia a modo de créditos a los intendentes para hacer frente a los descalabros económicos derivados de la pandemia de coronavirus sean devueltos cuando concluya la emergencia y en 24 cómodas cuotas.

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