Con la crisis, los trabajadores informales la pelean día a día más que nunca

15/9/2019 | 06:30 |

Si el cimbronazo económico lo padecen tanto patrones como empleados, para aquellos que no tienen la oportunidad de contar con un trabajo seguro y estable, más allá de la solidaridad de la gente, la situación se torna cada vez más compleja.

Federico Moreno/ fmoreno@lanueva.com

Que sube el dólar, que la inflación interanual supera los 50 puntos, que los aumentos salariales ven muy de lejos a uno y otro. Todos problemas reales y actuales de la sociedad argentina, que afectan al trabajo en todas sus formas.

Llegar a fin de mes, negociar con proveedores, no perder clientela o poder pagar los servicios, son desafíos que, si requieren un plus de empresarios o empleados, ni que hablar el que deben dar aquellos que no cuentan con un empleo estable que les brinde un sueldo fijo cada inicio de mes.

“Gano más con esto”

Pablo tiene 28 años, es de Burzaco, Gran Buenos Aires, y vive en nuestra ciudad desde hace un año. A hacer malabres con tres pelotas de fútbol, como se lo puede ver en distintos semáforos bahienses, empezó, por primera vez en su vida, recién en marzo.

“Nunca me había dedicado a esto, yo en Buenos Aires trabajaba en una empresa de electricidad, pero me vine a vivir a Bahía, y ya estando acá se puso dura la mano y como no conseguía trabajo y siempre hice fútbol y básquet, un día me compré tres pelotas, practiqué y salí a la calle porque no me quedaba otra”, comentó el joven.

“La verdad es que hago más plata con esto que como albañil –-hace changas--, así que cuando los números aprietan y hay que pagar algunas cuentas, vengo y hago jornada completa con los malabares. Antes de las elecciones, era más común que me dejaran billetes de 50 o de 100, ahora no se ven más, son todos de 5, de 10 y de 20”, agregó el hombre que vive con su pareja y dos hijos de ella.

“Está todo muy difícil”

Germán tiene 58 años y hace tres que sufrió un infarto que le quitó la posibilidad de seguir manejando un taxi como lo había hecho durante 15 años. Hoy, para llevar el pan a su casa –-tiene seis hijos pero solo el menor vive con él y su mujer--, vende miel, frutos secos y productos regionales en la vereda de 9 de Julio al 100.

“Tengo dos baipases y tramité una pensión por discapacidad, pero con ese ingreso, que es la mínima, no llego a nada. Hace dos años me puse a vender acá, tengo todo eh, permiso municipal, de los vecinos, libreta sanitaria, monotributo social y hace poco hasta hice el curso de manipulación de alimentos”, explicó el hombre.

“Veo que está todo muy difícil, después de las PASO, para mí, que no trabajo con stock, es lo peor. Hoy vendo 100 gramos de almendra a $90 y por ahí mañana cuando voy a comprar está a $100 y tengo que poner de mi bolsillo.

La gente ahora está comprando lo necesario, como miel, o cosas baratas como maníes o pasas de uva, pero las aceitunas y el aceite de oliva, por ejemplo, pasaron a ser bienes de lujo”, agregó el extaxista.

“Lo más difícil es pagar los servicios, en casa se trata de cuidar para gastar lo menos posible. Con la gente charlo mucho, me da lástima el futuro de los jóvenes, hoy es imposible comprarte una casa como lo hacían nuestros abuelos. Por más que labures, solo alcanza para comer y pagar los servicios”, lamentó Germán.

"En la villa compran más"

Daniel tiene 19 años, es de Rosario y desde los 14 trabaja en nuestra ciudad vendiendo reposeras, baldes, fuentones, broches y artículos afines. Los lleva en un carro del que tira a pie y con el que recorre desde temprano y hasta tarde las calles de toda la ciudad.

“Está mal la cosa, muy floja la venta, tenés que caminar y caminar, hace meses que venimos así, pero después de las elecciones peor. Para que te des una idea, en el carro llevo 90 artículos, y por día estoy vendiendo 10 o 12. Y le tengo que meter desde las 9 hasta las 19, porque ojo que yo gano el 20 por ciento de lo que vendo eh, para ganar 200 pesos tengo que vender por 1.000”.

Además, el joven analizó que “la gente más humilde es la que más te compra, en los barrios, en las villas es donde mejor vendo”, y comentó que como “la situación ya no está para alquilar, con mi mamá y mi hermanito vivimos en el colectivo que usamos para traer la mercadería de Rosario”.

“La gente ayuda, pero en este momento no tiene plata”

Mario, pringlense de 39 años, vive hace seis en Bahía y, luego de una breve experiencia en un empleo formal apenas arribó, se dedicó de lleno a la venta ambulante de golosinas y artículos de librería.

“Trabajo más que nada en el centro, camino mucho, no me quedo quieto. Está re complicado, la verdad que es el peor momento que recuerde”.

“La gente ayuda, es solidaria y siempre me compraron de todas las clases sociales, pero ahora no hay plata. Cuando hay plata, la gente compra, compra y compra, yo antes vendía diez cajas de alfajores por día, ahora vendo una, imaginate”.

“De por sí, las ventas venían cayendo en lo que iba del año, pero después de las elecciones aumentaron los precios y ahí las ventas bajaron drásticamente. Al no tener familia a cargo y vivir solo, por ahora logro llegar a fin de mes, con techo y comida. Por ahora”.

“Tengo la intención de conseguir un trabajo en blanco, de hecho tiro currículums por todos lados, la otra vez fui en colectivo hasta la Coca-Cola, pero actualmente estoy en tratamiento psicológico y psiquiátrico, y este rubro me permite trabajar y seguir adelante con ambos, así que no sé. El día de mañana, si logro el alta, veré qué hago”.

“Mis tratamientos son por una adicción que tuve, por eso estoy medicado. La mayoría de los que vendemos en el centro somos adictos en rehabilitación, el trabajó me ayudó totalmente a poder salir”, celebró el hombre.


 

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