Visto y oído en Aapresid 2019

Sobre héroes y villanos, la nueva historia que debe escribirse sobre la agricultura argentina

11/8/2019 | 06:30 |

Predomina la necesidad de capturar dióxido de carbono de la atmósfera para retornarlo al suelo. El desafío implica un costo, pero también un incentivo superador para los productores (y para el planeta). ¿Estamos listos?

Inteligencia artificial para precisar las condiciones del cultivo. Opción de avanzada en el campo de hoy. / Fotos: Pool de Periodistas

Guillermo D. Rueda
grueda@lanueva.com
Enviado especial a Rosario

   “Luego de 30 años llegamos con casi el 100 % de siembra directa y no hubo un incentivo; fue sólo por amor al suelo. Ahora, ¿cuál es el techo si existiera una relación distinta? ¡Qué fantástico sería convertir al productor en el héroe de la película cuando ha sido el villano!”.

   Para Carlos Becco, líder de Indigo Argentina, el guión de nueva historia que (“necesariamente”) debe empezar a escribirse sobre la agricultura argentina transita por otros carriles.

Carlos Becco, en diálogo con Pool de Periodistas.

   Su propuesta es estimular a los productores para que implementen prácticas regenerativas que permitan capturar el dióxido de carbono de la atmósfera, facilitando el almacenamiento en el suelo. La idea es trabajar con los bonos de carbono, a partir de los beneficios que tiene para la cadena.

   Esta es una de las conclusiones diferenciales que surgieron del XXVII Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), en sus 30 años de vida, que concluyó este viernes en Rosario y donde predominó la temática relacionada al cuidado del suelo.

   Pero para llegar hasta hoy vale repasar de dónde venimos. “Así vemos la película: la agricultura es la mejor y la más grande industria del planeta, porque tiene que ver con la humanidad, pero enfrenta tres enormes desafíos que no sé si todos los tienen en claro”, agregó Becco.

   “El primero es que el número para el productor es cada vez más fino. Un negocio así, que lo expulsa, no es sostenible ni tiene futuro. Segundo, más grave aún: la agricultura ya no es sostenible para el planeta. Consume más agua y suelo del que tenemos y más nitrógeno del que podemos afrontar. Y finalmente no se fidelizan los consumidores. Dicen que quieren comer con trazabilidad, con esto y aquello, y nosotros le tiramos soja con grado 2”, explicó.

   “Es decir, un negocio que no hace felices a los productores, ni al planeta ni a los consumidores impone una pregunta: ¿qué futuro tiene la agricultura? Ninguno. ¿Qué hacemos? ¿Vamos al rincón a llorar o buscamos algo diferente?”, amplió Becco.

   “Existen tres respuestas concretas. Una, soluciones biológicas; es decir microbios. Hay una veta enorme y no puede ser que el único que funcione sea el inoculante. Los biológicos tienen una enorme oportunidad, no para desplazar a nadie, sino para aportar soluciones que, hoy, no están”, aseguró.

   “El segundo tiene que ver con el consumidor, con descomoditizar (sic), que es conectar al comprador con el vendedor. Algo difícil de decir y más aún de concretar, pero con el mundo actual, que es digital, es posible. Y hay que hacerlo”, dijo.

   Finalmente, Becco se refirió al clima.

   “Nuestro proyecto se llama Terraton. Hoy, en la atmósfera hay una terratonelada de carbono; es un billón de toneladas que la humanidad sacó del suelo y la llevó a la atmósfera. Es el problema del cambio climático, el efecto invernadero. No se discute y la civilización descubrió que es un problema grave”, afirmó.

   “¿Qué hay que hacer? ¿Contaminar más lento? Es como si voy hacia el precipicio y en vez de ir corriendo lo hago caminando, ¡voy a llegar igual! Se hace tomando ese carbono y se lo vuelve a poner en el suelo, de donde nunca debería haberse ido”, sostuvo.

   Para hacerlo, Becco recurrió a los manuales de la primaria.

   “La solución es la fotosíntesis. Las plantas toman el dióxido de carbono y lo incorporan al suelo. Pero entonces hay que cambiar la forma de hacer agricultura y los productores, además de la siembra directa, debe hacer rotación de cultivos y volver a las pasturas. Debemos regenerar el suelo”, indicó.

   “Es una propuesta alocada, interesantemente disruptiva, que está lanzada en los Estados Unidos y que pensamos traerla a la Argentina en 2020. Es vincular a los productores con los consumidores para incentivar el sistema”, dijo.

   Becco también indicó que aún hay muchas preguntas que no saben responder.

   “En los Estados Unidos lo haremos con quienes quieran participar; es voluntario. Vamos a medir el punto de partida, el estado del campo, el lugar y el nivel de carbono. A partir de entonces, si se incrementa este parámetro, se irá pagando más por carbono incorporado”, sostuvo.

   Para el productor argentino implica firmar un convenio de largo plazo con la compañía. Se calcula que cada tonelada de carbono, fijada en el suelo, cuesta entre 15 y 30 dólares.

   “Fijar 2 o 3 toneladas por hectárea es ambicioso, así que los números que estamos manejando pueden ser entre 15 y 100 dólares por hectárea; es decir, lo que se puede generar por captura de carbono", añadió Fernando García Frugoni, responsable del programa Indigo Research Partners.

Fernando García Frugoni.

   "Es muy específico a cada ambiente, y hay prácticas asociadas que van a tener un costo, pero aún existe un margen para ganar, al tiempo que se mejoran los suelos porque se reducen las gases de efecto invernadero y los productores estarán contentos porque el proceso productivo es más acorde a lo que demandan los consumidores”, añadió.

   “Nuestra firma fue la primera que abrió la información, hace 15 años, para mostrar su huella de carbono. Hoy, podemos decir que tenemos una huella positiva”, dijo —por su parte— Gustavo Portis, director de Negocios de BASF, también presente en Aapresid 2019.

   “La innovación está en nuestro ADN pero, hoy, las exigencias son diferentes y no solo pasan por la tecnología; no existen las soluciones unánimes”, agregó.

Gustavo Portis.

   Respecto del rol del agricultor, en relación a la aplicación de los productos, Portis dijo que es fundamental.

   “Cuando me preguntan si nuestro producto es tóxico, respondo que sí, claro; que tiene riesgos”, dijo.

   “Pero utilizado de manera correcta no debería haber ningún riesgo, porque antes de que el producto se disponga para ser comercial los organismos como Senasa, o semejantes de los Estados Unidos o de Europa, ya se han hecho todos los estudios necesarios. Usado en forma correcta, no deberíamos sufrir ninguna preocupación respecto del medio ambiente o del ser humano”, aclaró.

   La firma presentó en Aapresid los resultados del producto Zidua respecto del control de malezas, lanzado en 2018, donde los parámetros fueron superiores a los esperados.

   Por otro lado, también para tratar esas problemáticas, se dio otro paso hacia adelante con Xarvio scouting. Se trata de una aplicación gratis para precisar enfermedades a través de la inteligencia artificial.

   “Se detecta un lote, se obtiene una imagen y se determinan las condiciones. Además, la aplicación permite que todos los usuarios estén conectados en red y puedan compartir sus experiencias”, dijo Jorge Pitton, gerente de Desarrollo Técnico de Mercado de BASF.

   Agregado de valor. Otro de los títulos que dominan al sector y en Aapresid volvió a ocupar espacios.

   “Con el programa Open Ag consideramos una agricultura abierta para trabajar en los sistemas de producción alimenticios y, además, poder hacerlo en forma sustentable. Esto significa empezar a buscar relaciones mucho más allá de nuestros límites naturales”, dijo Rodrigo Ramírez, CEO de UPL.

   La firma —de origen indio— acompañará la inserción de dos empresas argentinas de Agtech en aquel mercado para agregar valor.

Rodrigo Ramírez.

   “Creemos que para solucionar problemáticas de los productores, como las que tienen en India, difícilmente como empresa lo lograremos”, agregó.

   “Pero, en la medida de que seamos capaces de generar vínculos y un ecosistema que nos permita buscar las soluciones a esos problemas, las vamos a encontrar”, sostuvo Ramírez.

   Satellogic diseña, fabrica y opera satélites de observación terrestre, claves para tomar imágenes de la tierra en alta resolución y con alta frecuencia. Kilimo ofrece herramientas para el manejo del riego en la agricultura y fue creada hace 5 años en Córdoba por un grupo de ingenieros.

   “La idea es seguir sumando empresas, pero será con pasos firmes, como los que damos ahora”, aseguró Ramírez.

   Las dos firmas fueron seleccionadas por un acuerdo con la secretaría de Emprendedores y de la Pequeña y Mediana Empresa (Sepyme) de la Nación.

   Una línea acentuada en el cuidado del medio ambiente también se resaltó en el estand de LG Limagrain, también en Aapresid.

   “Pregonamos las buenas prácticas con las rotaciones, desde cuidar el suelo con los refugios hasta tener asegurado que la gente del campo trabaje con normas de seguridad. En este sentido, interactuamos con Aapresid”, sostuvo Saturnino Camargo, gerente comercial de la firma.

Saturnino Camargo.

   “Hoy, los mercados están cada vez más exigentes. Al consumidor final, cuando va a la góndola, le interesa saber cómo se hizo cada producto, o con qué tipo de trigo se hicieron los fideos. Viene desde arriba hacia abajo; nosotros, los semilleros, tomamos ese desafío y en línea con lo que manda el mundo”, agregó.

   Camargo destacó, en tanto, la importancia de poder contar en un futuro con una ley de semillas en la Argentina.

   “Podríamos diversificar, por ejemplo, en trigo y en soja, y potenciar la producción. No sería sólo un impulso gigantesco a las autógamas, trigo cebada, soja y arveja por nombrar algunos, ya que también están el maní de Córdoba, el poroto de Salta, etc. Es permitirle, a quien trabaja en el mejoramiento genético para obtener variedades que logren mayor producción y variedad, captar el valor por la propiedad intelectual”, explicó.

   Camargo —quien está en una semillera que, en 2018, adquirió Sursem y es considerada en el primer lugar en cultivos de invierno y en el cuarto mundial— también dijo que, hoy, los programas de mejoramiento están en nivel de subsistencia y con bajos presupuestos.

 

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