Terrible espera

19/5/2019 | 06:30 |

Por
Guillermina Rizzo

   Algo tan simple como lugar, edad, condiciones y el infaltable número de referencia, provocan -en mi caso- un dolor que me interpela, que debiera cuestionarnos.

   Reales y lacerantes son los ejemplos: Santa Fe, “adolescente 16 años, con capacidades diferentes, que le gusta jugar al rugby y correr”; referencia 611201… Salta, “niña de 3 años, padece parálisis cerebral y problemas motrices derivados de tal cuadro”, referencia 908015. Jujuy, “dos hermanos de 13 y 11 años sin problemas de salud”, referencia 70520168. CABA, “niña de 9 años con cuadro neurológico severo que ha afectado su desarrollo cognitivo y motor”, referencia 1511201…

   Estos son algunos de los “dolorosos avisos” que se desprenden del portal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación bajo el título “amigable” de “Buscamos familia” o dicho lisa, llana y dolorosamente “convocatorias públicas a personas que quieran adoptar niños y niñas en todo el país”. En otras palabras, niños, niñas y adolescentes que a lo largo y ancho de todo el país, esperan.

   Adoptar, en ocasiones, suele ser la última posibilidad que se analiza tras recorrer el camino de la búsqueda del hijo/a biológico/a. Generalmente pensar en adopción es hacerlo desde la perspectiva de quienes quieren adoptar, pocas veces se sabe de las otras voces.

   Si bien ha habido pequeños avances en materia legislativa, se ha superado el paradigma de la adopción como “acto caritativo” y mucho se ha publicado sobre matrimonios adoptantes y sobre la persona soltera o viuda, cabe una pregunta profunda.

   ¿Qué piensan ellos/as? ¿Qué sienten quienes pasan años y llegan a la adolescencia, a la adultez, esperando no digo una familia sino una persona que los acoja?

   Se sabe del tiempo de los/as adultos/as, de la espera “del llamado telefónico”, de la burocracia que invade el proceso, de sellados, de peregrinar por juzgados, de certificados de salud, de trabajo, de ingresos, de escrituras de propiedad y contratos de alquiler, de algún papel que siempre falta, siempre y cuando el trámite sea “por la vía legal”, pues capítulo aparte merece quienes recorren “circuitos alternativos” e ilegales.

   Se sabe de las preferencias: “bebé, recién nacido en lo posible, o que no tenga más de dos años, y sanito”; las estadísticas revelan que la mayoría de quienes esperan ya están en edad escolar y hasta en condiciones de votar; las estadísticas revelan también la cantidad de niños/as que son devueltos/as. ¡Espanto!

   Desde la Psicología mucho se ha hablado de las funciones parentales, de la necesidad del otro/a que sostiene, que nutre física y emocionalmente, que significa y da sentido. Desde la Psicología mucho se ha hablado de lo que me gusta llamar “cuna social”, red de afecto y contención que sostiene la vida.

   Mucho se habló de la larga y hasta “amarga espera” de los/as adultos/as; en tiempos de colectivos válidos que reclaman, considero que es momento de dirigir la mirada hacia quienes por derecho tienen voz, hacia quienes por derecho traen consigo una historia seguramente desgarradora que merece ser tenida en cuenta, a quienes esperan una familia.

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