El curioso perfil del fundador Ramón Bernabé Estomba

191 aniversario de Bahía Blanca

El curioso perfil del fundador Ramón Bernabé Estomba

13/4/2019 | 07:00 |

Nació en Montevideo, cuando la capital uruguaya era todavía parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   El cementerio del Norte estaba lejos de ser el museo a cielo abierto que es hoy, cuando los empleados del lugar arrojaron las últimas paladas sobre la tumba de Ramón Bernabé Estomba. 

   Debieron pasar 151 años hasta que se colocaran sobre ella las primeras flores, un ramo de claveles blancos comprado por Enrique Cabré Moré. El fundador estaba cerca de regresar.

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   Ramón Estomba fue un soldado. Toda su vida. Un héroe de la independencia americana. Guerrero de José de San Martín, Manuel Belgrano y Simón Bolívar. 

   Su vida no supo de mujeres ni de hijos. Fue un soldado. Siempre. En el campo de batalla, se ganó cada una de sus medallas, cada grado militar. 

   Nació en Montevideo, cuando la capital uruguaya era todavía parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ingresó al ejército con 18 años de edad. Podría haber sido uno de los miles de ignorados hombres de nuestra historia. Pero fue una de sus acciones que lo hizo trascender en el tiempo, la única misión de paz de su vida: la fundación de Bahía Blanca.

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   Al frente de una caravana de soldados, civiles e indios amigos, Estomba partió del fuerte Independencia (actual Tandil) el 24 de marzo de 1828, con las órdenes del jefe de milicias de frontera, Juan Manuel de Rosas, de establecer un fuerte en la bahía Blanca. La marcha fue sin sobresaltos. Lenta y fría. Tediosa y aburrida. 

   Avanzaba lentamente, apenas empezaba a clarear. Atravesando caminos inexistentes, con los baqueanos intuyendo los mejores pastizales y las aguadas. 

   Estomba, de 37 años de edad, estaba ahí por un inesperado giro del destino. Dos años antes, Simón Bolívar había atendido su pedido de dejar la milicia y lo designó prefecto de Ayacucho, en Perú. Era un premio merecido, una manera de olvidar los siete años que pasó en las prisiones del Callao. 

   Era 1826 y estaba en el campo cuando su nombre apareció como parte de un grupo que pretendía asesinar a Bolívar. No soportó esa insinuación de traición. Apenas aclaró su situación, regresó al único sitio donde tenía un nombre y un honor: el ejército. 

   Allí estaba en 1828 en Tandil, con el uniforme del séptimo de caballería y designado jefe de la misión fundadora de Bahía Blanca. El vio estas tierras cuando eran campo virgen. Montado en su caballo marcó un sitio preciso a Narciso Parchappe, ingeniero, para ubicar el fuerte y redactó el acta fundacional. Fue la primera autoridad local.

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   A los 60 días de vivir en el fuerte, Estomba pidió ayuda por primera vez a Buenos Aires. Por carta pedía por su gente, que tenía frío y hambre. Para colmo de males, en agosto, una centena de indios cruzó el arroyo Maldonado, a la altura del

   Paso de las Vacas, en la primera incursión decidida sobre el fuerte. Aquella tarde, el cementerio del fuerte recibió los primeros cuerpos de los caídos en batalla. La situación era caótica y desalentadora, pero Estomba resistió y se mantuvo.

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   Se cumplían siete meses de su llegada cuando decidió sumarse a las fuerzas de Juan Lavalle, el hombre que derrocó y fusiló al gobernador Manuel Dorrego. 

   Dio sus últimas instrucciones, designó a Andrés Morel como su sucesor y el 9 de enero de 1829 abandonó Bahía Blanca. Al terminar de subir la loma para iniciar su viaje, miró por última vez la fortaleza a medio construir. Estaba viendo el lugar donde, 152 años después, sus restos resumidos en la tierra descansarían para siempre.

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   Estomba nunca supo cuándo se contagió la sífilis, pero durante mucho tiempo convivió con la infección. Cuando llegó a Dolores, en enero de 1829, ya no se sentía bien. Quiso ser el mejor de los comandantes cuando su enfermedad entró en su fase final, cuyo síntoma es la demencia. Su mente, cansada y enferma, ya no respondía a la realidad. Lavalle decidió su relevo en marzo de 1829. Su llegada a Buenos Aires causó, al decir del diario "El Pampero", "alarma general en la población". 

   Enfermo y enajenado, fue internado en el Hospital General de Hombres. Allí estuvo hasta su muerte, el 1 de junio de 1829. La policía recogió su cadáver y procedió a su entierro en el cementerio del Norte, en el sector destinado a los beneméritos de la Patria, a pocos metros de la tumba de Cornelio Saavedra, fallecido dos meses antes. Nadie colocó una lápida, nadie acompanó su cortejo.

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   Los habitantes de Bahía Blanca reconocieron siempre a Estomba como su fundador. Por eso, en 1928 un grupo de vecinos se ocupó por encargar su retrato. En 1978, sesquicentenario de la ciudad, otros emprendieron la búsqueda de sus restos, hallados en 1980, el arquitecto Enrique Cabré Moré, quien dirigió la búsqueda de los restos. No los encontró, pero se conformó con retirar tierra del lugar que colocó dentro de una urna que remitió a la catedral de Nuestra Señora de la Merced. 

   De aquel año data también su rostro oficial, un identikit realizado por un comisario de la policía Federal. Allí, luce una prolija cabellera y penetrantes ojos celestes. 

   Este año, a 191 años de la fundación, le colocaron claveles blancos en la urna y la ciudad que seguramente jamás pudo imaginar se encarga de mantener su nombre vivo y respetado.

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