Jubilaciones: un análisis de las “sugerencias” del Fondo Monetario

Polémica

Jubilaciones: un análisis de las “sugerencias” del Fondo Monetario

2/2/2019 | 07:25 |

Haberes iniciales más bajos y capitalización individual son algunas de las recomendaciones. La palabra  de los especialistas sobre el documento del organismo. 

Foto: Rodrigo García-La Nueva.

Francisco Rinaldi

frinaldi@lanueva.com

   Despertó polémica. Y mucha. Las recomendaciones para un grupo de países del Fondo Monetario Internacional (FMI) para los sistemas de jubilaciones de Argentina y Brasil "sugieren" un menor haber inicial y no ocultan su sesgo preferencial hacia los sistemas de capitalización individual, al estilo de las recordadas AFJP's de los noventa. 

   Vale una aclaración: las sugerencias emergen de un paper técnico del organismo (titulado "El futuro del ahorro: el rol del diseño de los sistemas de pensiones en un mundo que envejece”)  que pueden no coincidir con la opinión de la entidad, aunque las reiteradas menciones públicas que recibió de parte del subdirector gerente David Lipton, le otorgan relevancia.

   Como su título lo indica, el  objetivo del documento es conocer los efectos de los sistemas de pensiones sobre el ahorro público y privado de un grupo de países en un planeta donde la población crece menos y la expectativa de vida se incrementa a razón de un año por década. 

   Como corolario de lo anterior, la tasa de dependencia (la proporción de los individuos mayores de 65 años con relación a los que tienen entre 15 y 64 años, es decir, los laboralmente activos) se duplicará hacia el año 2050. 

   Más: si en la actualidad Japón es el único país con una tasa de dependencia del 50%, en tres décadas, 55 países estarán en la misma situación, según alerta el Fondo. 

   En medio de este contexto, las conclusiones-recomendaciones del organismo que comanda Christine Lagarde varían en función de la realidad de cada país.

   Para el caso concreto de aquellos sistemas de pensiones públicos de reparto, definidos, en la terminología del documento, como altamente “generosos” -es decir, con una ratio de cobertura elevada y altas tasas de sustitución, entre los que se incluiría a nuestro país- inciden negativamente sobre el ahorro privado, toda vez que desincentivan el esfuerzo individual para ahorrar para la vejez durante los años de actividad laboral.

   Los posibles efectos negativos sobre el ahorro público están directamente relacionado con la importancia del gasto previsional en las finanzas de los países, entre ellos, la Argentina, donde las jubilaciones explicaron, a diciembre de 2018, nada menos que casi ocho por cada diez pesos del gasto público prestacional y el 44% del gasto público total. 

   Ante esto, en el caso local, el Fondo recomienda modificar la Tasa de Sustitución (TS), lo que equivale, lisa y llanamente, a reducir el haber inicial de los futuros jubilados. 

   ¿Por qué? "Porque la TS es la parte sustancial y determinante del haber jubilatorio, que representa la proporción que existe entre el primero de esos haberes y el promedio de las remuneraciones percibidas por un solicitante de su jubilación".

   "Así, las prestaciones que integran un haber jubilatorio completo -y que hacen el grueso de su composición- se deducen de una fórmula única que es igual a 1,5% x años trabajados x promedio de las últimas 120 remuneraciones, de modo que, por ejemplo, para un trabajador con 30 años de aportes, la TS equivale al 45% del promedio de las últimas 120 remuneraciones (30 x 1,5%)", respondió el abogado previsionalista Alfredo Bernabei, director jurídico de Alfredo A. Bernabei Abogados.

   En la actualidad, según Bernabei, la TS ordinaria no sería inferior al 45 % del promedio de las últimas diez remuneraciones en nuestro país.

   "De esta forma, se puede  deducir fácilmente que, modificando el porcentaje utilizado en la fórmula única de determinación de la TS -sin tocar los años reales laborados- se reduciría el haber inicial, cumpliendo así con las 'sugerencias' del Fondo", advirtió Bernabei. 

   Así, reduciendo el porcentaje desde 1,5, a 1,2 en 30 años, la TS pasaría a ser del  36 % de las últimas 120 remuneraciones, con lo cual, el efecto “a la baja” sobre el primer haber es notorio. 

   La otra alternativa es extender el total de remuneraciones utilizadas para el cálculo: en vez de los ultimos 10 años, considerar los últimos 25. 

   De esta forma, se utilizarían para el cálculo los aportes primarios de un trabajador, donde, como es usual en los primeros años laborales, no suelen percibirse las remuneraciones mas altas, reduciendo, así también, el haber inicial. 

Demasiada ortodoxia

    "Bajar los beneficios jubilatorios para hacer más sustentables a los sistemas es una sugerencia demasiado ortodoxa y que no da mucho resultado, además, es  arbitraria. Lo mejor sería proporcionar el haber jubilatorio a la cantidad de aportes que se hicieron en la vida laboral. Es decir, si una persona quiere jubilarse con pocos aportes, puede hacerlo, pero su beneficio tendría que ir en línea con lo que aportó", explicó el economista del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), Jorge Colina.

   Otra de las ideas del organsimo se manfiesta a través de la preferencia por los sistemas de capitalización individual (o de contribuyente individual), similares a las AFJP's de los años noventa. 

   En esos sistemas, cada trabajador direccionaba sus aportes a una cuenta individual, que se alimenta, además, de los rendimientos financieros que se generaban periódicamente -por bonos públicos de largo plazo, obligaciones negociables, acciones de empresas, plazos fijos, etcétera-. 

   De acuerdo con el Fondo, el principal activo del sistema de contribuyente individual descansa en que posee un menor efecto depresor sobre el ahorro privado de los países que los implementaron. 

   "Eso fracasó. El diseño de las AFJP's no fue bueno en Argentina sencillamente porque la gente no tiene capacidad de ahorro. De hecho, los chilenos poseen un sistema privado y la percepción de los jubilados es negativa hacia el mismo, porque las pensiones que se pagan son muy bajas, lisa y llanamente porque la gente no puede ahorrar mucho", explicó Colina. 

   Para el economista, "un buen ejemplo es el sistema de pensiones uruguayo, que es de reparto y público hasta un determinado nivel de salarios". 

   "Por encima de ese nivel -digamos, 50.000 pesos- la persona tiene la posibilidad de derivar aportes a un sistema de capitalización individual, que puede ser o no privado. Así, los beneficios más elevados se pagan en base al ahorro individual de trabajadores que si tienen capacidad de ahorro, a la vez que se garantiza, con el sistema de reparto, una jubilación acorde para los niveles inferiores al máximo estipulado", señaló.

   Bernabei coincide. "Las  Administradoras, a la fecha, dejaron un tendal de contiendas sobre beneficios de la seguridad social que no son plenos, ya que otorgaron pensiones menores al mínimo legal o no se actualizaron las rentas vitalicias".

   Agrega sin embargo que "mutar hacia un sistema privado sería hoy complejo en el caso de nuestro país, porque el artículo 12 de la ley 27.260  de Reparación Histórica estipula que el Consejo de Sustentabilidad Previsional tendrá a su cargo la elaboración de un proyecto de ley que contenga un nuevo régimen previsional, universal, integral, solidario, público, sustentable y de reparto". 

Sustentable

   Para Colina, la clave para la indispensable sustentabilidad del sistema actual está en revisar los beneficios duplicados, que engrosan el gasto previsional, calculado en más de 1,2 billones de pesos  de pesos para el año 2018, según cifras de Hacienda. 

   "Lo que más pesa en el gasto previsional es el haber mínimo, pero hay que tener en cuenta que hay mucha duplicación de beneficios. De hecho, la mitad del gasto previsional surge de mínimas se obtuvieron a través de moratorias, sin aportes o con aportes parciales". 

   "Además, hay un 25% de mínimas que están duplicadas,  es decir, son cobradas por gente que recibe otro beneficio, por lo cual, sería deseable que quien está en esa situación, opte por uno". 

   "Un claro ejemplo son las erogaciones que el Estado hace en las pensiones por viudez, que llegan al 3% del PBI, cuando los países desarrollados gastan sólo un punto del PBI", dijo Colina para finalizar. 

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