Otra vez entre la fantasía y la realidad

17/2/2019 | 06:30 |

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   La pregunta brotó con estupor de parte de un funcionario político de la segunda línea del gabinete que venía de escuchar al presidente pontificar sobre la baja de la inflación mientras ahora miraba, apenas 24 horas después, la pantalla de su celular donde el índice oficial del Indec plantaba un numero abrumador: casi 3 % de inflación en enero, y un 50 % de disparada de los precios anualizada esa cifra. ¿"Pero quién nos está asesorando?", fue la ironía que compartió el hombre.

   Sería para reírse -como el estrambótico emblema del beso de Romeo y Julieta en modo pancarta frente a la Casa Rosada por el día de los enamorados, con el que los memes en las redes se hicieron un picnic-, si no fuese porque de gracioso aquel exabrupto, uno más, del presidente anunciando la baja de la inflación que un día después su propio gobierno dijo que había subido, no tiene nada.

   Bien se preguntaron columnistas y observadores el día siguiente de este grueso error del Gobierno -que, otra vez, no mueve a risa porque detrás de esos yerros hay millones de personas que sufren la siempre demorada promesa de reactivación de la economía real- algo tan elemental como es si alguien le avisa al presidente que si va a hablar de la inflación, ya está la cifra del Indec que no da ni para descorchar un vaso de agua. Menos para anunciar que "por suerte la inflación está bajando".

   ¿Será que a Macri "lo mata la ansiedad", como sugieren objetores internos por el hecho de exponerlos ante la sociedad cuando directamente no hay manteca al techo que tirar? La inflación no sólo no bajó sino que subió contra diciembre, y los pronósticos oficiales, no los del cristinismo destituyente o de la oposición más racional, dicen que volverá a subir. Que se mantendrá en ese rango cercano al 3 % de aquí a mayo o junio, y que al finalizar 2019 es muy probable que supere el 30 %, según coinciden analistas y consultores económicos. ¿Qué números estaba mirando el equipo económico que pronosticó en el Presupuesto 2019 un techo de inflación para todo el año del 23 %?

   Veamos un detalle central que puede explicar, si aun sirviese para algo, aquel proceder errático del presidente, más allá de los que insisten en sostener que Macri y su mesa chica son presa una y otra vez del exacerbado optimismo que profesan según el cual cada día "vamos a estar un poquito mejor". Exultante estado de ánimo que cualquier dato de la economía de bolsillo, pero peor todavía de los trabajos que hurgan en el (mal)humor social, se encargan de desmentir.

   El presidente venia de acordar con aquella mesa, en rigor con Peña y Durán Barba, mas algunos de la primera hora como José Torello o Pablo Clusellas (esta vez, extrañamente, sin consultas a los otros dos socios fundadores, Vidal y Rodríguez Larreta) que la economía del día a día no da para revertir la mala imagen en las encuestas. Y que había que concentrarse durante la campaña en temas que pueden "vender" algo mas en el ciudadano de a pie como la pelea contra la inseguridad o batir el parche sobre cada nueva desventura judicial que aqueja al cristinismo-kirchnerismo y que profundiza el peso de la espada que pende sobre la cabeza de su propia jefa.

   Se dijo también entonces, y de algún modo esta semana comenzó a ponerse en práctica, que el gobierno, pero en especial el presidente, que por si alguien en la nube de cerebros amarillos no lo ha notado no tiene la reelección comprada ni muchísimo menos, debía dedicarse a dar "buenas noticias". Así de sencillo pero así de difícil cuando justamente lo que el gobierno no tiene, y aquí aplica aquel estupor del operador político, son buenas noticias que dar.

   A menos que el presidente, que bascula entre el fanatismo de la mesa chica y la realidad, haya escuchado en los últimos días más los edulcorados argumentos de Nicolás Dujovne relacionados con la macro economía, pero no con la de todos los días. Solo así se explicaría la metida de pata de esta semana.

   El ministro de Hacienda le pinta al presidente un panorama súper auspicioso que tiene más que ver con los grandes números que con el bolsillo de la gente. Un ejemplo es el anuncio sobre beneficios para las pymes, uno de los sectores más duramente castigados por las políticas del macrismo en estos tres años. "Sabor a poco", fue la síntesis del enorme arco de empresarios y dirigentes que opinaron sobre el alcance de esos anuncios.

   El problema, como reconocen referentes de Cambiemos, es que los porotos no sobran en esta partida en la que el presidente se juega su segundo mandato. "Con los tarifazos podemos perder la elección, no es solo esperar que Cristina se caiga", advierten. "Febrero va a venir tan complicado como enero por los aumentos de tarifas", refuerzan con datos que están en boca de observadores y analistas a ambos costados de la grieta.

   La decisión de anticipar el anuncio del aumento a los jubilados y beneficiarios de la AUH que recién cobrarán de marzo obedece a aquella estrategia, dudosa por donde se la mire, de dar "buenas noticias".

   Lo mismo que el apuro por llamar a paritarias que normalmente arrancan en abril o mayo. Otra vez el Gobierno pareciera meterse un balazo en el pie: los datos oficiales reconocen que en el mejor de los casos la clase pasiva y los trabajadores activos quedarán "empatados" con la inflación de 2019. No recuperarán un sólo punto de lo perdido en 2018. Nada para festejar...

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