Ya no se discute el ajuste, ahora hay que "militarlo"

29/12/2019 | 07:00 |

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   El peronismo, en todas sus formaciones a lo largo de la historia, ha dado muestras sobradas de su ubicuidad y pragmatismo a la hora de gestionar la cosa pública. Tal vez el ejemplo más reciente, que no le va en zaga a otras expresiones como las del menemismo que prometió populismo a cuatro nanos y terminó en una de las versiones más ortodoxas que se recuerden en el historial partidario, haya sido "el relato" que imperó durante los 12 años de gobiernos kirchneristas, aunque con mayor énfasis y desparpajo en los ocho de Cristina Fernández. 

   Cabría completar para reafirmar ese comportamiento saltimbanqui aquella frase que Néstor Kirchner solía repetir delante de los factores de poder que lo cuestionaban o se enojaban directamente por sus políticas. "No miren tanto lo que digo, miren lo que hago", síntesis perfecta de lo que aquí se busca expresar.

   Viene a cuento ese comportamiento del peronismo porque, de nuevo en el poder, el gobierno de Alberto Fernández logró en tiempo récord la sanción de la llamada “Ley de solidaridad y reactivación productiva”, que en su letra, y también en su espíritu, contiene nada más ni nada menos que un fortísimo ajuste que recaerá en modo especial en las capas medias y altas de la sociedad, y sobre actores vitales de la producción como el campo y la industria. 

   Todo esto sin que por ahora se sepa de algún intento serio de la administración recién llegada de aplicar el bisturí al elefantiásico gasto público que compromete ahora, y en los últimos 35 años, cualquier intento de volver a ser un país medianamente normal.

   El presidente, sus ministros, los exégetas del nuevo oficialismo y en general todos los que apoyan este regreso triunfal a la Casa Rosada se negaron desde un primer momento a siquiera escuchar, no ya mencionar, la palabra "ajuste". Pese a todas las probanzas a la vista no solo contenidas en el texto de la mega ley sino en las primeras decisiones adoptadas por la administración, por caso el encarecimiento del dólar, las retenciones al campo y los altísimos impuestos a industrias como la automotriz, como también y en abierta corresponsabilidad la suspensión del Pacto Fiscal macrista que le permitirá a los gobernadores volver a subir tributos locales que no solo pagan "los ricos" como Sellos o Ingresos Brutos.

   Tantas evidencias calaron hondo en los principales despachos, empezando por el que habita Fernández, de modo tal que hubo una primera conclusión: lo que se ha puesto en marcha es nomás un ajuste. La siguiente decisión vino una vez más, para ser fieles a aquella historia embadurnada de pragmatismo: hay que salir a "militar" ese ajuste. 

   Es decir, el discurso oficial y de todos los sectores que ahora cohabitan en la nueva administración tiene que sostener que efectivamente hay un ajuste. Pero no un "ajustazo" indiscriminado, como declaman opositores, empresarios medianos, productores agropecuarios y hasta los jubilados y pensionados que cobran por encima de $ 20.000.

   Para el cristinismo, "militar" supone exactamente eso: hay que ser "militantes" detrás de una idea o de una determinada política, en especial cuando, como al parecer ocurre en este caso, la mitad que no votó a los Fernández puso el grito en el cielo y alguna parte de los que los votaron se tapan la nariz. 

   Trae a la memoria aquellos "patios militantes" de La Cámpora que vivaban a Cristina en la Casa Rosada luego de sus mamotréticas cadenas nacionales. O del "Vatayón Militante" de presos comunes que dejaban salir de las cárceles para asistir a "eventos culturales" organizados por el kirchnerismo. "Estamos militando un proyecto que va a beneficiar a los que menos tienen", repiten ahora en despachos del primer piso de Balcarce 50.

   Saludablemente, porque se trata de poner blanco sobre negro esa nueva actitud, aunque no les guste a los de afuera y provoque también algunos ceños fruncidos en el propio patio interno, expresado en frases como "No vinimos a hacer lo mismo que Macri" en boca de un connotado dirigente piquetero, el propio presidente se puso el jueves a la cabeza de esa estrategia. "Si ajuste es trabajar para aliviar la situación de los más débiles, esto es un ajuste", dijo en tono militante.

   Fernández buscará ahora el respaldo a esa militancia que propicia de parte de factores de poder como las cámaras empresarias, los movimientos sociales, la CGT no moyanista y la CTA. 

   ¿"Militarán" también ellos el ajuste? Habrá que esperar para ver...

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