De la esperanza a la decepción

17/11/2019 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Hay vocablos y conceptos que gozan de mayor marketing, influencia y hasta prestigio. Son empleados “casi automáticamente”, sin dudas las palabras tienen el poder de crear realidades, historias, relatos y hasta existencias.

   ¡Esperanza!

   Me llama poderosamente la atención el uso de dicha palabra; es utilizada cotidianamente hasta por gobernantes ante situaciones que suelen ser adversas para la mayoría de las personas.

   Dicen que “es lo último que se pierde” pero también “el que espera, desespera”.

   Ante una situación difícil, ante reveses económicos, inclemencias climáticas, exámenes, enfermedades, nos alientan a tener esperanzas, a esperar, a veces hasta un milagro.

   ¿Qué relación hay entre esperanza y deseo? ¿Aferrarse a la esperanza imposibilita futuras construcciones?

   Mi querido/a lector/a, pensá en aquello que no tenés y deseas mucho… Seguramente “esperás” que en algún momento llegue o se concrete; por eso para la Psicología, la esperanza es un anhelo que se origina a partir de la carencia.

   La génesis de esa “situación de espera” es la ausencia, la falta. Por lo tanto, como es imposible disfrutar de aquello que no se tiene, es evidente que mientras se espera hay “deseo” pero no hay posibilidad de disfrutar.

   Si bien la esperanza suele ser confundida y hasta “homologada” con el deseo no se trata de lo mismo, pues la esperanza es una forma de deseo, la más riesgosa, porque está ligada a la impotencia; generalmente aquello que esperamos no depende exclusivamente de nosotros sino que involucra elementos y situaciones externas y hasta personas y voluntades ajenas.

   ¿Y los tiempos de la esperanza?

   La esperanza está muy asociada, casi exclusivamente a hechos futuros, sin embrago también está ligada al presente: en este momento yo tengo la esperanza de que “estés leyendo esta columna”; también está ligada a hechos del pasado, siguiendo con el ejemplo de la lectura, en los próximos días tendré la esperanza de que el domingo “hayas leído los Temas Vitales”.

   De esta manera, aunque la esperanza está asociada a acontecimientos del pasado, el presente y el futuro, no es una cuestión de tiempo lo característico en ella, sino que está relacionada a lo desconocido, a desconocer algo, a si determinado deseo será o no logrado o al menos compensado; es el desconocimiento y hasta la ignorancia de aguardar, de desear sin saber.

   ¿Cuáles son los riesgos de la esperanza?

   Esperar por algo o por alguien remite a carencias, es prorrogar acciones propias a la espera del movimiento del otro. Cuando la satisfacción de un deseo, cuando lo que falta debe ser satisfecho por lo que está fuera de nuestra voluntad, de nuestros conocimientos y nuestros actos, la situación es peligrosa.

   Habitar en una especie de nebulosa esperando que algo acontezca tiene sus riesgos, es impotencia en estado pudo, pues se van dejando a un lado los proyectos posibles en pos de algo cuya satisfacción no depende de nosotros, cayendo en un pozo de tristeza y fracaso. Te aseguro que la posibilidad no está en la esperanza sino que siempre se esconde en la decepción.

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