Se cruzaron en una página de citas

De Venezuela a Monte Hermoso: amor virtual, casamiento y tres hijos

13/10/2019 | 07:00 |

Facundo Ayala y Patricia Omaña se conocieron por internet hace 13 años. Ella vivía en Caracas y él en el balneario. Tres años después viajó a Argentina y se casaron. Hoy tienen a las gemelas Ámbar y Yésica y a Emanuel

   Anahí González
   agonzalez@gmail.com

   La vida de Facundo Ayala cambió rotundamente el día en que descubrió que un compañero de trabajo había dejado encendida la computadora. Tenía en pantalla una página de citas. Antes de cerrarla, miró bien cómo era.

   Poco después terminó abriendo su propio perfil. Se animó y subió un video en el que tocaba una canción de Silvio Rodríguez.  

   A 7 mil kilómetros, en Caracas, estaba ella, Patricia Omaña, también sola,   navegando. Estaba a punto de terminar su tesis universitaria y, en uno de sus ratos libres, entró en la página por sugerencia de una amiga. Vio el video de Facundo y lo invitó a chatear.

   “Nos enamoramos enseguida. Nos hicimos novios por internet ”, dijo él.

   “Patri es hermosa, pero más allá de eso me gustó su personalidad. No sé como explicar lo que me pasó con ella, esa conexión. Tenemos muchos gustos en común”, dijo Facundo, nacido en Buenos Aires y radicado en Monte hace más de 20 años.

   Después de ese primer contacto no dejaron de escribirse y de hacer videollamadas, ni un día. Horas de conversación sobre todos los temas durante tres años. Videos, Messenger, audios. La confianza y la atracción iban creciendo.

   Hasta la presentación de la familia fue a través de canales virtuales. Todo era válido para sostener un amor al que solo le faltaba el contacto físico para ratificar la elección.

   Hasta que el día llegó. Facundo sacó pasajes aéreos de ida y de vuelta para que Patricia viniera a la Argentina y pudiera quedarse tres meses. 

   Antes de sacar los pasajes, ya habían hablado de casarse. Lo tenían todo planeado. ¡Y ni siquiera se habían besado!

   El 23 de abril de 2010 Facundo la esperó en el aeropuerto de Ezeiza con un ramo de calas, las flores favoritas de la venezolana. 

   Él nunca había viajado en avión y la esperaba ansioso.

   "No sé qué pasó, pero ya habían bajado todos y ella no aparecía. ¡Y yo ahí parado con las flores! Hasta que apareció y volví a respirar”, recordó entre risas.

    “Fue muy especial. Nos dimos un beso, nos abrazamos y sentimos que nos conocíamos de toda la vida. Mi mamá, a quien hoy ya no tenemos con nosotros, lloraba como loca. Un lindo recuerdo”,  rememoró.

   Día en que se conocieron en Ezeiza. Él le llevó un ramo de calas. 

   Estaban en una nube. No paraban de mirarse. Tanto tiempo de verse solo por la pantalla que parecía raro poder tocarse. 

   Tres meses después, el 14 de julio, se casaron. No hubo dudas. En Monte tenían dónde vivir y Facundo tenía trabajo.

   Patricia es profesora de Artes Plásticas pero aún no revalidó su título para dar clases en Argentina.

Con las gemelas Ámbar y Yésica.   

   La pareja recién pudo viajar a Venezuela tres años después. Antes de eso, en marzo de 2011, nacieron las gemelas Ámbar y Yésica, ochomesinas.

   En 2013 decidieron probar suerte en Venezuela, que parecía estar mejor que Argentina. Facundo consiguió trabajo en Caracas y se lanzaron.

   Antes de viajar, le pasó algo de película. Encontró un maletín con 75 mil pesos y 30 mil dólares, en la vereda de una casa en Monte Hermoso -en Río Gallegos y Uruguay- y lo devolvió. El dueño, en agradecimiento, le regaló 4 mil pesos que destinó a los pasajes.

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   Vendieron todo lo que tenían y se fueron. Pero apenas estuvieron 8 meses en Venezuela, porque las cosas no se dieron como esperaban.

   Dos acontecimientos los hicieron regresar a nuestro país: por un lado, la muerte del presidente Hugo Chávez, la cual modificó el escenario político y económico de Venezuela y, por otro, se enteraron de que Patricia estaba embarazada. 

   Sin haber podido ahorrar dinero, y solo con deudas, regresaron a Monte Hermoso y se alojaron en un hospedaje por unos meses. Luego Facundo recuperó su trabajo en la Municipalidad y Patricia consiguió empleo en un hotel. Con el tiempo, pudieron comprar un taxi.

   Su tercer hijo, Emanuel, nació en Argentina. Hoy tiene 5 años.

   Emanuel, el último integrante de la familia.

   Patricia contó que una de las cosas que más le atrajo de Facundo fue que compartían intereses en el arte y en la música y su sentido del humor.

   “Cuando Facu agarra confianza te hace reír mucho. Siempre que hablábamos nos reíamos”, contó.  

 

  "La mejor foto de nuestra boda y lo que representa nuestro matrimonio: unión y apoyo", dijo Patricia.

   “No dudamos mucho en casarnos. Fueron tres años chateando y llamándonos todos los días. Cuando nos vimos teníamos mucha confianza”, recordó.

   Ella había tenido muy pocas experiencias amorosas. 

   “Siempre me costó conseguir novio, no perfecto, porque nadie lo es, pero que cubriera mis expectativas, que fuera tranquilo, no fiestero. Al venezolano le gusta tomar mucha cerveza, allá hace mucho calor”, contó.

   Facundo cubrió todos los requisitos que tenía en cuanto a una pareja.

   "No fumamos, no tomamos ¡ni nos gusta el reggaeton! Facu tenía una situación económica muy humilde pero muchísimo para dar: me dio tiempo y me hizo sentir valiosa", consideró.

   Patricia concluyó que en el amor no hay impedimentos y  cuando es de verdad no tiene fronteras.

   Dolor por su país: “No hay mal que dure mil años”

   “En Argentina me siento bien. Me encanta. Siempre me gustó. En la página de citas en la que conocí a Facundo daban la opción de elegir perfiles por país y elegí Argentina”, dijo.

   “Cuando dejé Venezuela en 2010 estaba mejor que Argentina en muchos sentidos. Cuando regresé en 2013, empecé a experimentar cosas que nunca había vivido. La muerte de Chávez y todos los cambios que trajo en lo social y político. Me chocó llegar  a un país que, siendo mi país, me resultó un poco desconocido”, confesó.

   Contó que ya había límites en la compra de comida, mucho desorden social y la gente salía a vender a la calle.

   “Eso me impactó y no me sentí en mi lugar” dijo.

"Mis hijos quieren conocer Venezuela. En el nombre de Dios, cuando mejore la situación, porque no hay mal dure mil años, esperemos podamos ir para que el chiquito conozca a la familia de allá", dijo Patricia Omaña.

   Monte Hermoso le fascina y le parece el lugar ideal para criar a sus hijos. Sin embargo, no se acostumbra a los inviernos y le costó mucho tener a su familia tan lejos.

  “He pasado momentos duros, es otro país y no es lo mismo tener a tu mamá cerca, a tus hermanos. Somos muy familieros y de apoyarnos en lo bueno y en lo malo. Me influyó mucho no poder ejercer mi carrera, a nivel emocional, al inicio, ahora ya no me afecta al mismo nivel”, comentó.

   Uno de los peores momentos que vivió a la distancia fue la enfermedad y fallecimiento de una hermana, en Venezuela.

   La pareja y sus hijas en su estadía en Venezuela.

   “Murió por metástasis en 2017, con muchos dolores por la falta de medicamentos. Yo no podía mandárselos porque desde la aduana podían retenerlo y no llegar a destino. Sentí mucha impotencia”, recalcó.

   "No veo noticias  porque no puedo hacer mucho y soy de querer solucionar. Me entero de lo poco que me cuentan mis papás y mis hermanos", contó.

   Dijo que a su familia no le ha afectado 100 por ciento la situación del país porque todos trabajan.

   "Allá nos rodea una montaña y tienen acceso a agua natural, van todos los días a buscar agua. A otras personas les está costando mucho más sobrellevar la situación", advirtió.
 

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