El panorama de la exportación

“En términos de precio, la carne vacuna no puede estar más barata de lo que está”

13/10/2019 | 06:30 |

“La cuenta que no da es sobre el poder adquisitivo”, sostuvo el consultor de mercados Víctor Tonelli. El subsidio de los frigoríficos.

La carne vacuna es un producto sensible para la mesa de los argentinos. / Fotos: Pablo Presti y Emmanuel Briane-La Nueva.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   Se trata de un elemento icónico en la mesa de los argentinos. La percepción de que “siempre está cara” parece quedar atrás. Al menos, por ahora. Veamos.

   “En función de lo que cuesta producirla la carne vacuna es barata, pero cara respecto del poder adquisitivo de la gente. En términos de precio, no puede estar más barata de lo que está; y hasta diría que casi subsidiada por la exportación”, dijo Víctor Tonelli, licenciado en Ciencias Agrarias de la UCA y consultor privado en ganados y carne.

Víctor Tonelli, consultor de mercados cárnicos.

   “Hoy, los frigoríficos exportadores están bajando un volumen no menor de asado, de cortes para milanesa, y otros, a precios que en el mercado externo los cobrarían más altos. No lo hacen porque son buena gente, sino porque contribuyen a sostener un equilibrio básico para el futuro entre los mercados interno y externo”, agregó, en diálogo con La Nueva.

   —Lic. Tonelli, ¿sirve comparar el costo de un kilo de carne con un kilo de helado, o una pizza?

   —Sirve, aunque es relativo. Si comés fideo, o una pizza, o un plato de arroz en los mismos gramos de carne vacuna y, sin entrar en las cuestiones nutricionales donde el aporte es significativo, sino en términos de saciedad, hay una gran brecha. Nadie se comería un kilo de carne, porque no da, pero sí un kilo de fideo o una pizza.

Un kilo de asado, y hasta de vacío, se puede conseguir, en Bahía Blanca, desde los $ 169 hasta los $ 230. Un kilo de helado cuesta alrededor de $ 400. Y una pizza se compra por $ 300 y hasta $ 400.

   “Podemos hacer otra comparación. Hoy, una nalga para exportar a China vale 6.000 dólares por tonelada; es decir, 6 dólares el kilo. Tendría que estar a 360 pesos a salida de planta; es lo que pagan los chinos. Hoy, $ 360 te la pagan con IVA, el margen del supermercado con todos los costos, el flete y demás. Es decir, esa misma nalga, para que valga 260 o 300 pesos en la góndola, de planta debería salir a $ 180 o $ 200. Esto es, existe subsidio implícito de casi el 50 %”.

   —¿Estamos delante de la gran oportunidad histórica para la carne argentina?

   —Es puntualmente así. Y también tengo una frase: 'Si uno no es optimista, no podría ser ganadero'. Lo cierto es que, en mis 42 años de profesión, nunca vi una oportunidad igual. Y lo digo desde la demanda internacional, que ha superado cualquier tipo de previsión y expectativa.

   “Lo que está ocurriendo con China, con la fiebre porcina africana, sumado a lo que ha hecho Argentina para reinsertarse en el mundo, es un combo con resultados inesperados.

   “Si me decías hace cuatro años, cuando el gobierno le quitó las trabas a las exportaciones, que en 2019 íbamos a exportar 750.000 toneladas, no te hubiera creído. Pero si uno multiplica o proyecta el dato de este agosto, en que se exportaron 80.000 toneladas, llegamos a un millón de Tns. (NdR: anuales). Es una cifra inesperada, que muestra la capacidad que tiene la cadena para adaptarse a oportunidades impensadas”.

   —¿Esto se puede proyectar?

   —No. Requiere inversiones fuertes en la industria, cambios de actitud para mejorar eficiencia y peso de faena. El cambio estructural de la demanda y la capacidad que ha tenido la Argentina para aprovechar la oportunidad ha sido extraordinaria; de ahora en más, habrá que hacer un trabajo fuerte para seguir creciendo.

   —Más de una vez teníamos dudas sobre las promociones de la carne vacuna en otros países y sus resultados en caso de tener éxito. ¿Podríamos cumplir con la demanda? Hoy parece que no...

   —¡Claro! ¡Eso ya está ocurriendo! Si le pudiéramos vender el doble, hoy China lo compraría, pero no tenemos capacidad en la industria para procesarla, ni suficiente oferta desde la producción para abastecerla.

Campaña del IPCVA de difusión de la carne en China.

   “La pregunta del millón es: ¿Esto estará para siempre? Nadie lo puede asegurar, porque las situaciones exógenas cambian y lo que hoy es blanco mañana puede ser gris claro o gris oscuro.

   “De hecho, también estamos frente a un eventual cambio de gobierno y no sabemos cuáles van a ser las políticas de exportación. No tengo malas expectativas, pero no podría asegurar qué están pensando porque no lo han dicho explícitamente.

   “Lo mismo le podría suceder a China, que hoy cuenta con un déficit importante y una necesidad de importación, pero dentro de tres o cuatro años lo podría ir resolviendo de distintas maneras y lo que hoy es explosivo y se duplica, por ahí no replica".

   —¿Cuál es la realidad de los demás mercados de exportación?

   —Está la apertura a los Estados Unidos y Canadá, a quienes no se les ha vendido nada aún, pero están disponibles y existen 16 plantas habilitadas. También el avance hacia Japón desde la Patagonia, que se transmitirá al resto del país en uno o dos años y, asimismo, las negociaciones con Corea.

   “Es decir, lo que estamos viendo es que hay una demanda extraordinaria por factores exógenos fuera de nuestro control, aunque nadie garantiza que sea permanente, pero en paralelo se desarrollan otras alternativas de mercado que van a compensar parcial, o totalmente, una eventual caída de nuestro principal cliente, que es China.

“Una vez que alcancemos la meta de 70/75 % de marcación, que es una vara alta, recién ahí podríamos sumar 3/4 millones de cabezas”.

   “Esto, desde la demanda. Ahora, desde la capacidad de abastecer hay que hacer fuertes inversiones en plantas y en la producción para mejorar los índices de eficiencia y de competitividad. Y, desde el Estado, facilitar estas cuestiones, ya que hoy no hay herramientas financieras para hacerlo.

   —La reciente exportación de carne vacuna con hueso a Europa, después de 50 años, es otro factor que suma para el sur argentino...

   —Esta es la diferencia de tener un estatus libre de aftosa, sin vacunación, en la Patagonia, en las mismas condiciones que Chile o Australia.

Producción ganadera en el Valle Medio.

   “Lo que ocurre en la Patagonia es cierto, aunque el problema es que la capacidad de abastecimiento es muy limitada. Es decir, entrar a Israel, Japón y Europa es interesante, pero estamos hablando sólo del 3 % del stock nacional y la capacidad de darlo vuelta es muy compleja.

   —Pero la posibilidad está...

   —Es enorme. Y es la demostración de que la Argentina, cuando hace las cosas bien, los mercados le creen y le abren la puerta.

   —¿Hay un sobrestock de carne en el mercado interno?

   —No. Incluso, está faltando. Hay un tema de relación entre cantidad de cabezas y eficiencia en la producción. Uno de los problemas es que tenemos 54 millones de cabezas, pero solo producimos 14 millones de terneros. En realidad, deberíamos tener 54 M/C con 18 M/T.

   “La limitante de sumar animales pasa por esta pregunta: ¿estoy capacitado para darle de comer a esa mayor cantidad de stock para que tenga niveles de respuesta de eficiencia en la producción esperables?

   “Hoy hay un 62 % de terneros para esas 54 millones de cabezas. Con esa misma cantidad, si en lugar de darle de comer como le doy, cada tanto y si me acuerdo, le doy como corresponde siguiendo el ciclo nutricional y la exigencia de la vaca para producir mejor, tendría el 80 % de terneros, como Australia o cualquier país que se precie de tener buenas condiciones mediombientales y adecuada calidad de personal para trabajar”.

   —¿Así se resuelve la discusión entre stock y eficiencia?

   —Claramente. La decisión es ser más eficiente y, una vez que alcancemos la meta de 70/75 % de marcación, que es una vara alta, recién ahí podríamos sumar 3 o 4 millones de cabezas.

   —Si existe un diagnóstico más o menos consensuado, ¿por que producción ganadera y eficiencia no se terminan de dar la mano?

   —Por algún motivo, este tema en la Argentina siempre es suma cero. Hoy, cuando se le pregunta al productor cuáles son sus principales limitantes para crecer en eficiencia o en volumen lo primero que responde es que no tiene financiación acorde con la realidad de su actividad. No puede pagar tasas al 80 %, cuando su negocio tendrá, en el mejor de los casos, un retorno del 25 %.

   “Hoy es el tema financiero. Ayer fueron las limitaciones de exportación que no estimulaban a generar un mayor peso, porque si vendía pesado me pagaban menos al no haber un demandante internacional”.

   —A los efectos de apoyar el desarrollo de la actividad, Ud. elige a la industria por encima de los productores. ¿Por qué?

   —La cantidad de dinero que hoy tiene la Argentina es muy limitada y si hubiera que incentivar y dar apoyo financiero a un sector sería a la industria, en un monto no muy grande y accesible. Las 27 plantas habilitadas de hoy tienen una baja capacidad de compra y, frente a la oferta, no está derramando el precio que debería derramar.

“Respecto de la ganadería, no puedo imaginar que haya alguien, en la política pública, que diga que este no es el camino”. 

   “Pero si duplico la cantidad de plantas y la cantidad de demandantes y de ganado, inmediatamente voy a generar una competencia que haga que la ganancia, que hoy está excesiva en la cabeza del frigorífico, sea más equitativa y que esos precios lleguen al productor.

   “Será entonces cuando tenga un incentivo de más precio, ya en volúmenes más significativos, y así podrá hacer su plan estratégico. Al final de la película, el precio define el estímulo y es lo que hace que el productor invierta o no invierta”.

   —¿Cómo imagina el futuro de la ganadería?

   —Lo más importante para la Argentina, venga quien venga a partir del 10 de diciembre, donde todos suponemos que será el Frente de Todos de acuerdo con lo sucedido en las PASO, aunque nadie lo puede asegurar, es que no podemos dejar de lado políticas de Estado que están más allá de las políticas públicas coyunturales.

   “Ya probamos que 10 años de cierre de mercados nos hizo perder 10 millones de cabezas y casi fundir al agro argentino. Y cuatro años de apertura nos permitió crecer en volumen y generar una expectativa mucho más grande aún”.

   —¿Sin importar quién asuma el 10 de diciembre?

   —No debería importar. Hay que seguir abriendo mercados y apuntalando a la exportación, porque ya probamos que el otro remedio era malo. Ahora, así como esto, hay otros temas de agenda  que son centrales y, en cualquier caso, lo que hay que hacer, como nosotros que somos actores centrales de la cadena, como los funcionarios públicos, es generar políticas de Estado de largo plazo.

   “Cuatro años en la vida de un país es nada y no avanzaremos si en ese período vamos para un lado y en otros vamos para otro. No puedo imaginar que haya alguien, en la política pública, que diga que este no es el camino.

   —No deberíamos pensar entonces en el retorno de carne barata, que no lo era, para la mesa de los argentinos...

   —A ver: si sucedió puede volver a pasar. Lo que digo es que se probó que esto fue malo y se probó que lo de hoy es bueno. Sin ningún tipo de mala fe, no me imagino otra política 2006/2012 como la de (Guillermo, secretario de Comercio Interior) Moreno. Insisto: no la imagino.

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