¿Cuales fueron los efectos del uno a uno en la economía local?

Todo vuelve

¿Cuales fueron los efectos del uno a uno en la economía local?

22/9/2018 | 08:21 |

Cuando la alternativa de dolarizar la economía nacional se discute por estos días, la ciudad vivió crudamente uno de sus antecedentes más cercanos. 

¿Cuales fueron los efectos del uno a uno en la economía local?

Francisco Rinaldi

frinaldi@lanueva.com

Dolarización ¿si o no? es la disyuntiva que dominó el debate económico de esta semana. Otra vez, la pista está en la historia. 
Es que la economía nacional tuvo una experiencia de dolarización "de facto". Y no fue hace tanto: se llamó Convertibilidad, por medio de la cual, un peso equivalía a un dólar estadounidense. 
¿Cuál fue el balance del "uno a uno" en Bahía? Con el auxilio del archivo y las crónicas de la época, intenteramos responder a esa pregunta que, por esos caprichos de una economía siempre cambiante, vuelve a estar vigente. 
Los inicios
Un 27 de marzo del año 1991, en una maratónica sesión de 13 horas, la ley de Convertibilidad fue aprobada por la Cámara de Diputados por 115 votos contra 64.  
"Con este respaldo parlamentario, el equipo económico obtuvo el aval legal necesario para poner en vigencia el próximo lunes 1 de abril, un audaz programa de estabilidad económica cuyos objetivos centrales son recuperar el valor de la depreciada moneda argentina, desindexando todas las variables y forzar el equilibrio de las cuentas fiscales", informaba La Nueva. en su edición del 28 de marzo de hace más de 27 años atrás. 
Los apoyos a la flamante iniciativa del ministro de Economía Domingo Cavallo provinieron del bloque menemista, con el agregado de la democracia progresista, la Democracia Cristiana y parte de la Unión del Centro Democrático, histórico partido que representó el ideario liberal en nuestro país. 
En contra votaron varios legisladores ucedeístas, el peronismo disidente, la democracia popular, el radicalismo y el socialismo. 
La Convertibilidad fue de 10.000 australes por cada unidad de dólar estadounidense, hasta la adopción definitiva del peso. Nacía así el "uno a uno".  
 

El vaso medio lleno
Si hubo algún aspecto positivo de la Convertibilidad, resaltado incluso por sus críticos más acérrimos, fueron los bajísimos niveles inflacionarios que supo mantener la Argentina y la ciudad durante su auge. 
Un informe del Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca-Argentina (CREEBBA) daba cuenta de que el nivel de inflación más alta del período marzo de 1995 a marzo de 1996 había sido del 1,2% (abril de 1995), registrándose incluso evoluciones negativas (es decir, baja de precios) de hasta el 0,8% en marzo de 1995 y del 0,7% en febrero de 1996. 
La enorme expansión del crédito fue otro de los aspectos positivos. 
El stock de préstamos en el sistema financiero bahiense -sin considerar los efectos de la inflación- se incrementó desde los 45 millones de dólares a los U$S 300 millones en 1994, uno de los picos "máximos" de toda la década. 
Los depósitos también crecían a muy buen ritmo, pero con una particularidad no menor: el 64% de las colocaciones a mayo-junio de 1996 era en billetes verdes. A nivel país era algo más baja (53%). 
"Si bien Economía niega que se tienda a dolarizar el sistema, el paquete de medidas otorga varias ventajas a los poseedores de la divisa norteamericana", informaba La Nueva. acerca de las características del nuevo modelo económico, que, claramente, no rompían con el clásico enamoramiento de los argentinos con el dólar. 
"¿Cómo es posible que la gente, tan apresurada en acudir al crédito, deje de advertir que se lo otorgan en dólares, no en australes?", se preguntaba, quizá premoritoriamente, un corresponsal suarense de este diario en aquel lejano 1991. 
La combinación de la estabilidad macroeconómica tras varios años de inflación descontrolada, junto con el reverdecimiendo del crédito se combinaron para que, en sus primeros cuatro años, el Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina se expandiera a una tasa del 5,5%. 
Sin embargo, en Bahía Blanca, la evolución era contraria, ya que datos del CREEBBA advertían que la proyección del PBI local era negativa y del 2,5%.  
Así, llamaba la atención este particular impacto negativo del “uno a uno” en Bahía Blanca, tanto que desde el Centro de Estudios bahiense sus economistas se preguntaban si no existían elementos de índole local que incidieran negativamente -o amplificaran los adversos-  sobre los efectos del modelo menemista. 
 

El vaso medio vacío
El desempleo local fue el principal corolario negativo del uno a uno en nuestra ciudad.
Octubre de 1996 no fue una fecha más para la historia bahiense. 
En aquel mes y año, datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) Puntual, que se difundía dos veces por año, arrojó una elevadísima tasa de desempleo local: un   22% de los trabajadores no podía encontrar empleo, pese a buscarlo de forma activa.
Por apenas unas pocas décimas no fue la más alta de toda la serie estadística desde 1990 a la fecha, ya que en mayo de 2002, llegó al 22,3%. Pero allí, la Convertibilidad ya era historia. 
Vale aclarar que en 2003 la metodología de la EPH se modificó desde la Puntual a la Contínua, de modo que en lugar de dos mediciones anuales se pasó a cuatro, entre otros cambios, tal como ocurre aún hoy.  
Incluso, entre 1991 y 1994, en pleno auge del Plan Cavallo, el desempleo en Bahía Blanca pasó del 10% a 15,9%, de acuerdo con un trabajo que lleva la firma de las economistas de la UNS Silvia Gorenstein, Liliana Cerioni y Mariela Scudelati. 
Al igual que sus colegas del CREEBBA, las académicas se preguntaban si, en rigor, factores propios del ambiente local no hacían más complejo el escenario. A la luz de los datos, todo hacía pensar que sí. 
Es que la estrategia de reconversión productiva que forzó a los 3.830 bahienses que perdieron sus puestos de trabajo tras las privatizaciones de las empresas públicas (CAP, Indupa, Polisur, Entel, Gas del Estado, etcétera) de los noventa no fue la adecuada como para que los cesanteados pudieran iniciar una nueva actividad laboral en forma independiente, abandonando el desempleo.  
De hecho, según Gorenstein, Cerioni y Scudelati, los 35 millones de pesos/dólares correspondientes a las indemnizaciones cobradas en nuestro medio tras las privatizaciones se orientaron a actividades refugio (kioscos, pequeños comercios, taxis, remises, etcétera), lo que "agregó una sobreoferta de actividades terciarias, lo cual, a poco de andar, deriva en su agotamiento y la pérdida del capital invertido por falta de orientación", decían las economistas en una nota con este diario. 
Resultado: la tasa de desocupación mantuvo en un elevado nivel en todo el uno a uno, en buena parte porque los trabajadores despedidos de las empresas privatizadas no podían insertarse en forma exitosa en el mercado laboral de nuestra ciudad, amén de los problemas de las firmas bahienses (especialmente pymes), resultado del uno a uno, y que les impedía generar nuevos puestos. 
De hecho, el promedio simple de la tasa de desempleo que medía el INDEC en la ciudad para el lapso 1991-2001 fue del 15,36%, con un valor máximo del 22% y uno mínimo del 7,2%. 
 

El balance final
No hay discusión. El balance final para la Convertibilidad dio negativo en nuestra ciudad. 
Aunque la cuestión no fue mucho mejor en el resto de las regiones argentinas -y el desenlace fue peor aún-, llamaba la atención por aquellos tiempos el notorio impacto adverso que se generó en Bahía Blanca. 
A punto tal que desde un pormenorizado análisis del CREEBBA se planteaba que si bien los factores que afectaban a toda la economía nacional eran imposibles de revertir por las decisiones de los representantes bahienses, cuestiones relacionadas con su efectividad para defender los intereses locales (por ejemplo, el eterno problema por la vigencia de los reembolsos patagónicos)  no obraban para profundizar los problemas asociados al modelo de Cavallo, que, para la entidad, tenían más que ver con su incapacidad para domar el déficit fiscal. 
El resto es historia conocida, y la Convertibilidad pasó a mejor vida en 2002. 

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