"La gente no tiene tiempo para ayudar y es triste"

Circuito inclusivo

"La gente no tiene tiempo para ayudar y es triste"

6/12/2018 | 08:32 |

"La gente no tiene tiempo para ayudar y es triste"

Por Sol Azcárate | sazcarate@lanueva.com

      Belén Uriarte | buriarte@lanueva.com

 

   Con motivo de la Semana de la Discapacidad, Cecilia Erbes se sumó ayer a un circuito inclusivo por el sector de bares y restaurantes de la avenida Alem. Y se volvió triste.

   Cecilia da clases en la carrera de Profesorado de Sordos e Hipoacúsicos del Instituto Avanza y participó de un simulacro, donde distintas personas manifestaron dificultad para oír y observaron la reacción de la gente. 

   "La mayoría de las personas te ignoran", lamentó al terminar la actividad. 

   Durante el circuito, muchos se pusieron en el lugar de los que no ven o no pueden caminar. El grupo de Cecilia, en cambio, visibilizó el conflicto de las personas que no escuchan. Pararon gente en la calle para pedir ayuda o asesoramiento, pero pocos se preocuparon por intentar entender.

   "Se hacen los que tienen que seguir, te desconocen, dicen que no pueden. Son muy pocos los que realmente paran a ver qué es lo que se necesita", contó Cecilia.

   "Pareciera que la gente no tiene tiempo para perder ayudando y eso es triste", agregó.

   Sin embargo, según observó, quienes se dedican a tareas de servicio, como policías o inspectores de tránsito, "tienen mayor predisposición e incluso preguntan dónde pueden aprender lenguaje de señas".

   "Eso hace ver que cuando encuentran una barrera, ellos también tienen que hacer algo para sortearla", concluyó.

"No podemos aceptar lo que no conocemos"

   Gustavo Barberón es deportista y vicepresidente de DUBa (Discapacitados Unidos Bahienses) e integrante del Observatorio de Discapacidad. Está en silla de ruedas, tiene una parálisis cerebral que le afecta los cuatro miembros y el habla.

   Él también participó del circuito inclusivo por la Semana de la Discapacidad: se sumó para mostrar los obstáculos que tiene enfrentar cuando sale a la calle.

   "Esta actividad fue muy buena para concientizar a la gente, porque la mayoría no elimina las barreras arquitectónicas por falta de conciencia. Antes de eliminar las barreras arquitectónicas, habría que eliminar las barreras psicológicas para que no tengan ningún prejuicio en preguntar 'qué te pasó'", analizó Gustavo.

   Dice que a las personas con discapacidad no les molesta que les pregunten y que es importante hacerlo porque "no podemos aceptar algo que no conocemos".

   "Es bueno que nosotros salgamos a la calle a hacernos notar. Sobre todo cuando la gente se encuentre con alguien que tenga dificultad para hablar como yo, que tenga un poquito de paciencia y que no se ponga incómoda si nos dicen que le tenemos que repetir".

   Gustavo siente que generalmente la gente lo "ayuda bien". Sin embargo, "hay algunos casos que me dicen 'no tengo plata' porque les parece que les pido plata y nada que ver".

   Es que Gustavo carga con los prejuicios de la gente por su discapacidad en el habla: "Una vez le pedí a una señora que me saque el casco y me dijo 'no, no te lo saco porque vos les pedís a las chicas que te lo saquen para después pedir un beso'".

   Pese a todas las barreras, Gustavo seguirá saliendo a la calle y seguirá pidiendo ayuda. Está convencido de que esa es la manera de vivir en un mundo más inclusivo.

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