Una dura lucha

Súper T: el héroe bahiense que le ganó a La Maldita Papa

26/3/2017 | 07:00 | Thiago Cornago tiene 6 años. Su pediatra le detectó un tumor: le explicó que tenía una "papa" en la panza y había que sacarla. Dio batalla en Buenos Aires y volvió convertido en un superhéroe.

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva. y gentileza familia Cornago.

   Anahí González
   agonzalez@lanueva.com 

   Nadie se convierte en superhéroe así nomás. Hay que ganárselo. Luchar contra la adversidad, ser valiente. El superhéroe puede caer pero siempre se levanta y sigue dando batalla. El coraje es su guía.

   Thiago Cornago lo sabe muy bien, no solo porque es fanático de los superhéroes -tiene tantos de ellos que su habitación parece un estudio cinematográfico- sino porque, con tan solo seis años, él mismo se convirtió en uno: Súper T.

   ¿Cómo llegó este pequeño bahiense a transformarse en un grande? A través de una experiencia que lo llevó a enfrentarse a una villana inesperada: La Maldita Papa, un neuroblastoma retroperitoneal (un tumor) que, de no ser extraído, podía afectar sus huesos y médula.

   El pediatra Mario Marzialetti fue el primero en explicárselo de un modo sencillo: “Tenés una papa en la panza y hay que sacarla”.

   La batalla se libró en Buenos Aires junto al equipo de Salud del Hospital Italiano y con el apoyo permanente de su familia: mamá Florencia Mazzuchelli, papá Sebastián Cornago y el pequeño Juanse, de tres años. Tíos, abuelos, cuñados, amigos y la comunidad educativa del Jardín La Inmaculada fueron una contención muy grande.

   Thiago -o Toto, como le dicen muchos- tuvo que hacerse fuerte y afrontar cuatro sesiones de quimioterapia (una cada 21 días),  internaciones, descomposturas, tomografías, anestesia.

   Pasó Navidad y Año Nuevo en tratamiento y hasta tuvo que pelarse como papá para que finalmente un día, le dieran la mejor noticia: ya no quedaba en su cuerpo ni un rastro de La Maldita Papa. ¡Le había ganado!

   Entonces su tía tuvo una idea brillante: "Ya que superaste todo esto ¿Te gustaría dibujarte a vos mismo como un superhéroe?"

   A Thiago le encantó. Se dibujó con una remera rayada blanca y roja -los colores de River Plate- una larga capa, antifaz y una estrella gris en el corazón. Era Súper T.

   La tía le regaló el traje -diseñado a medida- y le hizo un muñeco en porcelana fría. Thiago pidió una torta para tener su propia fiesta de Súper T. ¡Había mucho por celebrar!

   Durante el tratamiento escribió un diario personal en el que pegó fotos de las visitas que recibió, de los exámenes médicos y también de los paseos en familia por la Capital Federal. Hoy, muestra con orgullo su creación y también la cicatriz de su panza.

   La noticia inesperada

   “Nunca me pregunté ¿por qué a mí? No perdí tiempo en eso ¿Por qué no me podía pasar a mí?”, confió la mamá de Thiago, Florencia Mazuchelli, al recordar el momento en que se enteró de que su hijo tenía un tumor.

   Todo empezó una madrugada, en mayo del año pasado. Thiago se retorcía de dolor de panza. Le dolía el costado izquierdo y tenía vómitos. Ese día había festejado el cumpleaños de un amiguito. Pensaron que podía ser algo que había comido pero lo llevaron a la guardia del hospital para descartar una apendicitis o algo más grave. Con antinflamatorios el dolor pasó.

   Días después, el pediatra Mario Marzialetti le recetó una ecografía abdominal. Los resultados no fueron especialmente inquietantes. Se evidenciaba una adenitis -inflamación de ganglios- pero no se divisaban formaciones anómalas.

  

   Recién en agosto, días antes de su sexto cumpleaños Thiago volvió a sentir mucho dolor, esta vez sin vómitos. Volvieron a la guardia y a ver al pediatra. Se descartó una infección urinaria y la presencia de algún parásito. Luego del cumple todo volvió a la normalidad.

   En octubre, otra vez aparecieron síntomas. Esta vez, una nueva ecografía abdominal arrojó resultados diferentes. La cara de la ecógrafa fue el espejo a través del cual Florencia pudo leer que algo no andaba bien.

   “Veo una imagen rara pero estoy en duda. Tenemos que llamar al pediatra”, dijo.

   Su corazón se congeló. Se quedó sin aire. A los dos minutos el pediatra confirmaba que había que hacer una tomografía para arribar a un diagnóstico certero.

   Sebastián, el papá de Thiago, estaba en viaje y llegó a Bahía justo para recibir la noticia.

   “En ese momento no pudimos manifestar nada porque estábamos con Thiago”, recordó la mamá.

   Al día siguiente, 20 de octubre, las imágenes fueron contundentes: era un neuroblastoma retroperitoneal que debía ser extirpado.

   "Es lo peor que le pueden decir a una madre. Se te pasan mil cosas por la cabeza. Por la noche lloraba. Y encima teníamos que decidir qué hacer. ¿Nos quedamos acá o vamos a Buenos Aires?", dijo.

   Dos días después de la noticia, los oncólogos Horacio Caferri y Brenda Kaltenbach observaron que el tumor estaba muy pegado a los vasos sanguíneos renales y a la arteria aorta pero no tocaba ningún órgano.

   Al día siguiente la familia tomó un vuelo a la Capital Federal para que Thiago fuera atendido por el equipo de Salud del Hospital Italiano.

   

   El neuroblastoma -les indicaron- estaba en un punto intermedio en la escala de la benignidad-malignidad.

   “Nos dijeron que a este tipo de tumor le gusta atacar la médula y los huesos. Justo después de la biopsia Thiago se empezó a quejar de que le dolía el hueso de la cadera. Las cosas que se pasaron por nuestra cabeza”, dijo Florencia.

   Por fortuna, los huesos y la médula no estaban afectados. Para reducir el tumor antes de operar -y evitar riesgos- Thiago debió pasar por cuatro ciclos de quimioterapia, uno cada 21 días.

   “Él estaba bárbaro se lo veía bien pero salía muy descompuesto de las quimios. No podía ni oler la comida”, contó mamá.

   Siempre preguntó lo justo y necesario. Todos hablaban de la papa con naturalidad.

  "La papa de acá, la papa de allá. Era una palabra que a él lo ayudaba a entender”, explicó.

   En los intervalos del tratamiento, la familia aprovechó para realizar salidas y despejar la cabeza: disfrutaron de paseos en bote por el Tigre, conocieron el Monumental y pasaron por varias jugueterías. También recibieron muchas visitas que Thiago esperaba con entusiasmo.

   Como un juego

   Florencia, quien es maestra en el Jardín Maternal de La Inmaculada siempre respondió las inquietudes de Thiago con naturalidad, sin dramatismo.

   "Quizás por mi trabajo como docente siempre traté de plantearle todo como un juego. Hacíamos videos graciosos sobre qué funciones podía tener el papagallo o la chata. El se mataba de la risa", contó.

   Un día le explicó: "Mirá Toto, el remedio que te va a achicar la papa y te va a curar también va a hacer que se te caiga el pelo". Cuando pasó, en el tercer ciclo de quimio, él ya estaba preparado. El peluquero del hospital lo peló y nunca usó gorra.

   La operación

   Fue el 9 de febrero pasado. La cirugía estuvo a cargo del equipo de los médicos Pablo Lobos y Patricio Cieri. En oncología lo atendieron Patricia Srteitenberger, Sebastián Antelo y Natalia Indulski.

   Durante la cirugía podía haber hemorragias en la aorta o salir afectado el riñón. Sin embargo, el riesgo de vida era mínimo.

   Siete horas después, llegó el parte médico.

   "Fue una operación difícil pero excelente. Se lo saqué todo", dijo uno de los especialistas.

   El alivio fue inmediato.

   Imborrable

   Florencia y Sebastián se tatuaron la frase "El amor todo lo puede" e imprimieron pulseras y remeras que repartieron entre amigos, docentes y familiares. No podían quedarse atrás: ¡son los papás de Súper T!

   Escribió día a día lo que fue viviendo

   Origen. El diario de Thiago surgió como una propuesta de la psicóloga de Thiago, Jordana Guinsburg. La mamá se lo planteó así: "Toto ¿qué te parece si vamos sacando fotos para que, cuando estemos otra vez en Bahía, en vez de contar todo lo que te pasó, le muestres a la gente tu libro?".

      

   La papa. En el inicio escribió de puño y letra: "El 20 de octubre en una eco me encontraron la maldita papa".

   Un día especial. También eligió contar el momento en que se quedó pelado como papá.Felicidad. En esta foto, la cara lo dice todo. "Me boi del hospi sin la papa" (sic). En la última página escribió: "Un super eroe se hace héroe al levantarse después de pelear" (sic).

   Sorpresa. El 10 de marzo la comunidad educativa del Jardín de Infantes La Inmaculada, familiares y amigos le dieron la bienvenida en la Estación de trenes con globos, cotillón y remeras con la frase: El amor todo lo puede.

   En el Club Estudiantes, donde juega básquet, lo recibieron con aplausos en la cancha grande. Estaban los amigos, los profes Pantera y Jano y dirigentes. Lo esperaron con un banner que decía: ¡¡¡Bienvenido Thiago!!! Te extrañamos. 

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