Bahía Blanca | Domingo, 31 de agosto

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Un clamor mundial por el hambre

Nunca ha estado en discusión la enorme posibilidad de la Argentina de contribuir a atenuar el impacto del hambre en el mundo, a través de la exportación de sus productos, como granos y carne, que gozan de indudable prestigio en los mercados internacionales, pese a algunos desaciertos cometidos en la política oficial, en los últimos años. La realidad más cercana muestra a otros países (inclusive, limítrofes) disfrutando de interesantes negocios, debido a que la Argentina desaprovechó ocasiones y permitió el avance de sus competidores.




 NUNCA ha estado en discusión la enorme posibilidad de la Argentina de contribuir a atenuar el impacto del hambre en el mundo, a través de la exportación de sus productos, como granos y carne, que gozan de indudable prestigio en los mercados internacionales, pese a algunos desaciertos cometidos en la política oficial, en los últimos años. La realidad más cercana muestra a otros países (inclusive, limítrofes) disfrutando de interesantes negocios, debido a que la Argentina desaprovechó ocasiones y permitió el avance de sus competidores.




 ALREDEDOR de mil millones de personas sufren hambre en el planeta. En otros términos, una de cada seis no tiene posibilidad de alimentarse ni siquiera en forma elemental, pese a que hoy se produce el triple de alimentos que hace veinte años. Los analistas atribuyen el fenómeno a la profundización de la brecha socioeconómica entre los sectores más favorecidos y los de recursos prácticamente inexistentes. Podría agregarse que cada cinco segundos muere un niño menor de 6 años, a causa del hambre; este último provoca más decesos en el mundo que el sida, la malaria y la tuberculosis sumados.




 NO ES de menor relevancia el dato de que cerca de un tercio de los alimentos producidos en el mundo para consumo humano (1.300 millones de toneladas) se pierden o se desperdician, de acuerdo con un relevamiento efectuado tiempo atrás por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El documento enfatiza no sólo en las pérdidas registradas en las etapas de producción, recolección, poscosecha o procesado, sino que también subraya la actitud de comerciantes minoristas y consumidores que arrojan a la basura víveres todavía en condiciones de ser utilizados por los individuos. Los países industrializados y los que se encuentran en proceso de desarrollo dilapidan 670 y 630 millones de toneladas anuales, respectivamente. Un inadmisible despropósito, frente al cual los gobiernos debieran actuar con prontitud y firmeza.




 LA Argentina dispone hoy del doble de oportunidades favorables que el siglo anterior para abastecer al mundo de alimentos. Para ello, sería preciso combinar conocimientos, tecnología e inversión, a fin de aumentar la producción agropecuaria, vista la demanda de vastas regiones del mundo.
Fernando Vilella, ex decano de la facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), resaltó los atributos naturales de que dispone de nuestro país, pese a lo cual su aprovechamiento dista de ser el óptimo.





 EL USO de buenas prácticas agrícolas, el empleo de nuevas variedades resistentes a la sequía y una explotación racional del suelo serían, entre otras, herramientas eficaces en la búsqueda de aquel objetivo. Pocos países en el mundo tienen las posibilidades del nuestro de responder al desafío mundial en la lucha contra el hambre. Sólo resta saber actuar y delinear políticas de largo plazo que permitan alentar el auténtico aumento de la producción.