Hinduismo y Budismo
Por Fernando Tola y Carmen Dragonetti
Iniciamos hoy la reproducción fragmentaria de interesantes aportes presentados la pasada semana en el congreso internacional de la Asociación Argentina de Filosofía, realizado en Córdoba.
La difusión de este material ha sido autorizada por la presidenta del organismo, señora Judith Botti. La presidencia honoraria de la entidad ha sido conferida a Víctor Massuh mientras que Sara Bereilh, de Bahía Blanca, ejerce la vicepresidencia.
Una de las características más impresionantes de la Cultura de la India es la prodigiosa variedad y número de las tradiciones que la conforman. Al lado de la tradición védica-brahmánica-hindú que se inicia por el año 1500 antes de Cristo, tenemos las tradiciones budista y jaina que hacen su aparición en la segunda mitad del siglo VI antes de Cristo; luego, la tradición musulmana que irrumpe a comienzos del siglo XIII con la invasión de turcos y afganos y que después es enriquecida y reafirmada a comienzos del siglo XVI por la invasión de los mogoles. Mencionemos también en un nivel mucho más modesto la tradición anglo-india. La tradición hindú, a su vez, adopta diversos idiomas para expresarse, constituyéndose así otras tantas subtradiciones. (...)
Es imposible, por no bastar el tiempo y las energías, abarcar todos los aspectos de la Cultura de la India; es necesario por eso limitarse, especializarse en un área prudentemente acotada y lúcidamente individualizada, aunque esta limitación y especialización nos haga perder la visión del grandioso conjunto, aunque nos permita una vivencia más rica y profunda de los valores del área elegida. Dentro de esta actitud nos limitaremos hoy a hablar sólo de dos aspectos de la sociedad en la India Antigua: la sociedad brahmánica y la sociedad budista.
El Brahmanismo y el Budismo dieron lugar a dos formas de sociedad marcadamente opuestas. Los principios filosóficos que ambos sostenían, sus concepciones del hombre y del destino del hombre fueron asimismo opuestas. El Budismo significó frente al Brahmanismo un cambio profundo, que podríamos calificar de revolucionario, si no fuera porque este término generalmente se asocia con la violencia, que fue por completo ajena al Budismo. En esta ocasión queremos señalar las más importantes oposiciones entre ambas corrientes filosófico-religiosas con especial referencia al tipo de sociedad a que dieron origen.
El Vedismo / Brahmanismo / Hinduismo
Cuando alrededor del año 500 a.C. surge el Budismo en la India, el Brahmanismo dominaba en ella como un grandioso y coherente sistema religioso, filosófico, social. El Brahmanismo es el continuador del Vedismo, la forma religiosa que los indo-europeos o arios trajeron a la India, cuando alrededor del año 1500 a.C. la invadieron y crearon la cultura india. El Brahmanismo es a su vez el antecesor del Hinduismo, que se configura tres o cuatro siglos antes de Cristo. Tenemos así un línea religiosa --Vedismo, Brahmanismo, Hinduismo-- con unos 35 siglos de existencia, que presenta desde luego los cambios y las transformaciones de todo fenómeno social, manteniendo sin embargo a través de ellos una unidad e identidad fundamentales.
La Shruti
El Brahmanismo tenía su fundamento en la Shruti, literalmente la "Audición". Podemos traducir esa palabra, aunque alejándonos de su sentido original, por la "Revelación". La Shruti está constituida por los Vedas (el Rig Veda, el Sama Veda, El Yajur Veda y el Atharva Veda), los Brahmaas, los Arayakas y los Upanishads. Ellos contienen el criterio último de Verdad, la respuesta a las preguntas que el hombre se plantea, la solución a los enigmas de la existencia, las normas que han de regular las relaciones entre los hombres y la organización de las comunidades en que ellos se agrupan, la descripción de las ceremonias y ritos con que los dioses han de ser venerados. Todo está en la Shruti y lo que no está en la Shruti no existe. Los textos que conforman la Shruti no han sido creados por ningún ser, humano, divino o trascendente. Existen desde una eternidad sin principio, absolutamente autónomos, no dependiendo de nadie ni de nada y sacando de esta independencia su absoluta validez. Por sí mismos se revelan a hombres predestinados, a los rishis, los sabios, videntes, poetas de la Antigua India, en cada nueva creación del universo dentro de la serie sin principio ni fin en que alternan las creaciones y las destrucciones universales. El fundamento del Brahmanismo, como del Vedismo y del Hinduismo, es un Texto, un Libro. Y el respeto a este Texto, la adhesión a él y el sometimiento a su autoridad definían la pertenencia al Brahmanismo.
Brahman
El pensamiento metafísico del Brahmanismo se centra alrededor de una idea de grandiosas proyecciones: Brahman, lo Absoluto, la Verdad de la Verdad, el Ser único y sin segundo, la Sustancia de privilegiado status que existe en sí y por sí, como el ens realissimum, como el fundamento más profundo de la realidad, al margen de la razón y de la palabra y al cual se llega en el curso de una experiencia extraordinaria yóguica, es decir mística. Era un concepto abstracto, carente de toda connotación, característica o cualidad. Los pensadores brahmánicos se esforzaron por despojar a Brahman de todo aquello que de algún modo lo conectara con la realidad empírica o con cualquier creación de la mente humana, para hacer de él lo "Otro" en la máxima extensión y profundidad de este término; pero al mismo tiempo reconocieron que, para designarlo, sólo disponemos de nuestro lenguaje empírico, deformador e insuficiente y, para llegar a él, sólo podemos recurrir a los medios que nuestra débil y caduca condición humana nos ofrece.
El Atman
Como una expresión rotunda del humanismo filosófico, el Brahmanismo postulaba la existencia del Atman, el espíritu, el alma, la conciencia individual en toda su auténtica pureza, el "uno mismo" verdadero, el verdadero hombre, idéntico a Brahman en esencia y en misterio. Una formulación upanishádica famosa expresa esta identidad: tat tvam así: "Tú eres Aquello".
Sustancialismo y unidad
Por Brahman y por el Atman, el Brahmanismo es un sistema sustancialista y unitario. Por debajo de la siempre cambiante e impermanente realidad que nuestros sentidos y nuestra razón nos revelan, del fenomenismo en que esa realidad se esfuma, de la compleja trama de causas y efectos con que nuestro análisis se enfrenta, de la pluralidad y multiplicidad en que estamos inmersos, existe una Sustancia inalterable, única y una, origen, soporte y fin de todo.
Ser Brahman
La época védica fue una época vital, robusta y juvenil. El hombre esperaba vivir cien años, rodeado de progenie, en posesión de abundantes bienes materiales, que sus dioses generosamente le prodigaban cuando él sabía halagarlos con sus oraciones y ofrendas. Después de la muerte, el indio védico esperaba llegar al mundo de Yama, el Rey de los Muertos. Ese mundo era un paraíso magnífico en que el hombre recuperaba su cuerpo sano y sin heridas, con el cual podía gozar los placeres de que había disfrutado o querido disfrutar en la vida terrena: abundante comida, embriagadora bebida, caza, juego, mujeres, sin amos injustos, en inconcebible igualdad.
Con el Brahmanismo la inspiración cambió. La creencia en las reencarnaciones surgió y se instaló en el sistema brahmánico, como elemento esencial del mismo, y un sentimiento de negro pesimismo se apoderó de él. La existencia humana, se pensaba, transcurre bajo el signo del sufrimiento; este sufrimiento se reitera en las sucesivas, innumerables reexistencias por las que el hombre debe transitar. Y el tipo de cada existencia está condicionado por los méritos o deméritos acumulados en vidas anteriores. Es la doctrina del karman que atribuye a las acciones un poder propio y autónomo de surtir en esta vida o en vidas futuras efectos buenos o malos, según sea el carácter moral que esas acciones posean. La ley del karman ejerce así la función de la retribución moral de las acciones. Ya no se aspira a renacer en un paraíso, pues se piensa que la existencia en él será una mera etapa en la sucesión infinita de renacimientos y que a los paradisíacos placeres puede seguirles otra reencarnación en alguna forma inferior de vida o en circunstancias dolorosas. Ahora se aspira a la liberación, a liberarse del ciclo de las reencarnaciones y a absorberse en Brahman, identificándose con él, recuperando la unidad entre Brahman y el Atman (que siempre existió, pero fue desconocida y olvidada), perdiéndose en Brahman como una llama de fuego que se funde con otra.
Los dioses
Con el espíritu inclusivista que caracteriza a la India, el Brahmanismo no descartó a los dioses del Vedismo, a pesar de su nueva concepción de la existencia, contraria muchas veces a la del Vedismo. Los dioses quedaron integrados en el sistema, aunque el Brahmanismo limitó en múltiples formas sus privilegios, acotó sus funciones, los rebajó de nivel jerárquico. Y era ineludible que tal cambio ocurriera: en la época védica los dioses podían otorgar lo que el hombre deseaba y les pedía: larga vida, descendencia, riquezas; ahora la liberación de las reencarnaciones y llegar a Brahman, que es lo que se deseaba, no podía obtenerse por gracia divina, sólo podía ser logrado sometiéndose a una estricta disciplina intelectual y moral que de uno mismo, y sólo de uno mismo, dependía.
El rito
Hubo otra circunstancia que recortó y mejor decir anuló los poderes de los dioses. En el Vedismo, con el halago de las ofrendas y de las oraciones, que conformaban el rito, el hombre podía ganarse la voluntad de los dioses, inclinarlos a que le concedieran lo que él les estaba pidiendo. Los dioses eran en última instancia los que otorgaban la gracia por la que se les invocaba; el rito era un simple medio para congraciarse con ellos y despertar su generosidad.
Pero los brahmanes, los "sacerdotes", los encargados de realizar el rito, habían reflexionado sobre él, y, a la par que establecían las normas rigurosas e ineludibles a las que cada rito debía someterse, habían también indagado sobre los límites y las fuentes de su poder. Potenciando una creencia de inspiración mágica, concluyeron que la eficacia del rito, si es realizado acatándose rigurosamente las prescripciones que debe ser sometido, no depende de nada ni de nadie. Esa eficacia tiene su origen en el propio rito; no deriva de ninguna voluntad extraña a él. Los dioses quedaban así relegados a un segundo plano, rebajados al mismo nivel que los implementos y fórmulas rituales, convertidos en simples elementos constitutivos del rito, que por sí mismo actuaba y por sí mismo obtenía los fines para los que el rito había sido creado y para los cuales había sido puesto en movimiento por los sacerdotes, los expertos en la acción ritual. (...)
La sociedad brahmánica
Los logros del Brahmanismo fueron notables en el plano metafísico y religioso, pero su obra maestra fue la sociedad que construyó. No emitimos sobre esta sociedad un juicio de valor; sólo nos estamos refiriendo a lo que representó como construcción intelectual y como creación social. Fue una sociedad monolítica, con sus elementos fuertemente engarzados, indisolublemente trabados entre sí, encerrada en sí misma dentro de infranqueables límites. Fue una sociedad jerarquizada, de privilegios, de éticas de grupo. Produjo injusticias y provocó inmensos sufrimientos, pero ha durado más de 25 siglos y le dio a la India una cohesión que le permitió resistir los embates de violentas invasiones y conquistas, sin perder su identidad cultural. Nos referiremos brevemente a las principales características de la indicada sociedad.
Las castas
La sociedad brahmánica está rígidamente dividida en castas, escalonadas jerárquicamente. Teóricamente ellas son cuatro, que señalamos a continuación, empezando por la más alta en la jerarquía social: 1) casta de los brahmanes (impropiamente llamados sacerdotes); 2) casta de los kshatriyas (guerreros y gobernantes); 3) casta de los vaishyas (comerciantes, banqueros, agricultores) y 4) casta de los shudras.
No se pertenece a una casta por voluntad propia o elección de los otros; uno pertenece a una determinada casta sólo y únicamente por nacimiento: haber nacido de un padre y una madre pertenecientes a esa casta. No hay movilidad social de una casta a otra casta: hasta la muerte uno pertenece a la casta en que nació. Los miembros de una casta deben comer y contraer matrimonio con otros miembros de la misma casta. Son las normas de la conmensalidad y connubalidad, destinadas a mantener las castas encerradas en sí y evitar la temida "mezcla de castas".
No faltaron, sin embargo, hombres y mujeres a quienes su desordenada conducta sexual llevó a uniones ilícitas con miembros de otras castas, inferiores o superiores. Los hijos que nacieron pasaron a integrar alguna de las innumerables subcastas que, en el curso del tiempo y en razón de ese proceso, se fueron creando. Estas subcastas se ubicaban entre las cuatro mencionadas castas o por debajo de la más baja de ellas. La cuádruple división originaria cedió el lugar a un complicado sistema de castas y subcastas, que pugnaban entre sí por la preeminencia jerárquica en el sistema. (...)
Sociedad jerarquizada
La sociedad brahmánica fue, como consecuencia de su sistema de castas, una sociedad jerarquizada. Cada uno de sus miembros estaba ubicado en la escala social en un determinado lugar, que no podía jamás abandonar. Según el sistema, era inferior a los que ocupaban niveles más altos y superior a los que ocupaban niveles más bajos. La ubicación en cada determinado lugar de la jerarquía daba derechos y privilegios, a la par desde luego que imponía deberes y limitaciones. La conducta de cada miembro frente a los miembros superiores o inferiores a él debía estar de acuerdo con la relación jerárquica que los unía. Más aún: así como el superior tenía el sentimiento de superioridad, así el inferior lo tenía de su inferioridad y, de este modo, gracias a esta internalización del sistema social, éste funcionaba con notable eficacia, sin mayor necesidad de coacción externa.
Todos en la sociedad brahmánica tenían a alguien superior a ellos, todos menos el brahmán. Por encima de él no había nadie.
(Próximo domingo, segunda y última parte)
Fernando Tola y Carmen Dragonetti integran la Fundación Instituto de Estudios Budistas, FIEB. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CONICET/Argentina.