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Jorge Fernández Díaz y un libro que busca quebrar el relato del peronismo

20/6/2021 | 06:30 |

El periodista acaba de presentar “Una historia argentina en tiempo real”, un libro que, según el autor, son “apuntes sobre la colonización populista y la resistencia republicana”.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   Si hay algo que no tiene Jorge Fernández Díaz es piedad ni consideración por quienes, piensa, están haciendo de la Argentina el peor de los mundos. La referencia es al relato que, señala, ha instalado el peronismo y su actualidad, el kirchnerismo, de la mano de su máxima representante, Cristina Fernández.

   Escritor antes que periodista, Fernández Díaz ha recalado desde hace tiempo en ser articulista de opinión, especialidad a la que define como “un verdadero suceso de las letras en la actualidad, protagonizado por las grandes plumas del idioma” y que quienes, como él, tiene a cargo una columna semanal en un diario lo transforma, sin quererlo, en ensayista, encargado de llevar adelante “una suerte de diario íntimo de viaje por la vida, la política, la cultura, la sociedad de sus tiempos”.

   Reconoce que en un artículo de opinión el autor busca persuadir, “no simplemente informar” y que las grandes plumas del periodismo argentino “eran hombres con proyectos políticos personales y que embellecían u opacaban los hechos desde su perspectiva de facción”.

   Ahora acaba de publicar una obra de 1.035 páginas que reúne diez años de sus publicaciones en “La Nación”, con un primer capítulo centrado entre 2010-2015, titulado La Pasionaria de Calafate, hasta una sexta parte titulada El año de la peste. 

   “Una historia argentina en tiempo real”, tal el título del libro de editorial Planeta, son, al decir de su autor, “apuntes sobre la colonización populista y la resistencia republicana” y busca ser el contrapeso del relato instalado por el peronismo en los últimos 50 años.

   En entrevista exclusiva con "La Nueva." refiere como concibió ese trabajo, repasa momentos trascendentes de nuestra historia y analiza un gobierno, el kirchnerista, que “viene a quedarse con todo, para siempre”.

El peor de los males

   Fernández Díaz es, a sus 60 años de vida, una persona que transitó durante 40 años distintos géneros y ocupaciones. Es columnista del diario “La Nación”, conductor de un programa en radio Mitre, autor de 14 libros, merecedor del Konex de Platino al mejor redactor de la década, nombrado Personalidad destacada de la Cultura porteña, recibió de la Cruz de la Orden Isabel la Católica y desde 2017 ocupante del sillón Juan Bautista Alberdi en la Academia Argentina de Letras.

   --¿Cuándo tomó forma la idea de reunir todos sus artículos en un libro?

   --El origen es de lo más singular. Estaba con mi mujer cenando en una pizzería de Palermo, hablando de política, de cine y de literatura y notaba como una mujer cercana a nuestra mesa me miraba con insistencia, de manera penetrante. Supuse que se trataba de una lectora. Cuando salgo del restaurante, esa mujer se me acerca y me entrega un papel. “Esto es para vos”, me dijo, amable. Se lo agradecí y luego leí la nota, que decía: “Es una pena que te hayamos perdido. Espero que tu sueldo como gorila te permita enriquecerte. Me apena no poder leerte más”. Fue un llamado a la reflexión, porque la realidad es que pasé mi vida leyendo y admirando a escritores que no coincidían ideológicamente conmigo. Pero llegamos a semejante neurosis que debemos cancelar al que no piensa como nosotros. Y me dije: ¿sabrán mis objetores que mis críticas al peronismo no las hago desde afuera? ¿Que viví todas y cada una de las experiencias que construyen el kirchnerismo y que me fui de ellas dolorosamente y a conciencia? Por eso este libro puede leerse también como una novela sin ficción, como un ensayo novelado, y que recorre mi análisis de la última década en el país para formar un contra relato contra el relato que instaló el kirchnerismo.

   --¿Es difícil ser articulista, con una columna semanal?

   --Te obliga a estudiar, mucho. A leer mucha historia política. Es una tarea tan extenuante como subir el Himalaya. Pensarla me lleva buena parte de la semana; escribirla y pulirla con obsesión de prosista, más de diez horas. Porque además ser un “escritor público” nunca había figurado entre mis planes: me entrené desde los doce años en el cuento y la novela, y desde los diecinueve en el periodismo narrativo. Articular argumentos resulta mucho más difícil que narrar hechos, e infinitamente más complejo que entretejer análisis con información. Hacerlo cada siete días, lograr un estilo propio y una cierta originalidad y elocuencia, es más difícil que jugar ajedrez olímpico. 

   --¿En qué momento siente asumió pararse como crítico de los Kirchner?

   --Las verdades más hondas y dolorosas nos caminan silenciosamente por años y de pronto nos despiertan. En los epílogos del Bicentenario, Néstor Kirchner pronunció una frase decisiva: “Les ganamos la batalla cultural”. Dos años más tarde, en las celebraciones por los doscientos años de la creación de la bandera, Cristina arengó a sus “soldados” con un grito de guerra: “Vamos por todo. ¡Por todo!”. Se trata de dos jactancias famosas: habían logrado imponer una nueva historia oficial sobre el pasado y sobre el presente, y se disponían a avanzar con el Estado militante sobre todas las cosas. A partir de eso entendí que yo era parte de esa batalla cultural, pero en la dirección contraria y en tensión con el relato que ellos pretendían imponer. Este libro intenta probar qué el problema viene de muy lejos y que toca mi vida entera. Involucra a mi propia familia y viene del mismo sitio remoto de donde surgieron los abuelos de la Pasionaria del Calafate (por Cristina): las lejanas y verdes aldeas de Asturias.

   --Ser de familia de inmigrantes tuvo consecuencias en su vida.

   --Mis padres emigraron durante la posguerra civil española, y arribaron a la Argentina del primer peronismo. Yo me sentí durante mucho tiempo “distinto”, con una familia y unas costumbres “pobretonas” que no encajaban con la “normalidad”. El ansia por ser argentinos provocó en muchos inmigrantes una sucesión de operaciones inconscientes. La primera fue admitir que “descendíamos de los barcos”, así borraban nuestra vasta crónica en el Viejo Continente. Luego pretendimos integrarnos al “ser nacional” por el nacionalismo. Aquel peronismo reivindicaba presuntamente el “gusto y la conciencia del pueblo” y defendía todo lo que a mí me tenía fascinado.

   --¿El kirchnerismo tomó otro camino?

   --Yo fui criado, como Cristina, en un hogar donde se respiraba un cierto rencor contra quienes “no trabajaban porque no querían”, y bajo el concepto de que “los argentinos eran vagos”. Los inmigrantes trabajaban de sol a sol, sin ninguna ayuda ni protección. Los emigrantes internos, atraídos por la industrialización peronista, obtenían francos, vacaciones pagas, aguinaldos, defensa sindical y regalos del Estado. El encontronazo entre esos dos tipos de trabajadores generó un resentimiento. Se trató de una fatalidad de la historia del siglo XX. La obsesión de Cristina por su abuela Amparo, con quien discutía agriamente, se debe a que esa asturiana se ufanaba de haber llegado con una mano atrás y otra adelante, y de haber logrado el progreso sin el auxilio del Estado, algo imperdonable para quienes lo conseguirán todo merced a la administración pública y basarían su dinastía en el subsidio y en el clientelismo, sistema que fue minando la cultura del trabajo en la Argentina.

   --¿Cómo ve el actual momento del país?

   --Es muy impresionante lo que está pasando. Lo manifiestan los cronistas que hablan con fuentes seguras, que tiene interpretación dura: el gobierno ha fracasado en todo lo que se ha propuesto, con la compra de vacunas, la transparencia para darlas, con los test, con la inflación, con la cuarentena. Es una gestión destartalada, que combina negligencia con truchada. Pero no me sorprende. Por qué íbamos a pensar que iba a ser distinto un gobierno kirchnerista si es la misma praxis de siempre: negligencia e ineptitud de quienes deberían saber manejar el estado.

   --¿Quién es quién hoy en el esquema de poder del gobierno?

   --Axel Kicillof, que fue un pésimo ministro de economía por cuya culpa todavía estamos pagando una herencia catastrófica, es hoy quien le calienta la cabeza a Cristina, le impone las cosas a Fernández y le da consistencia a La Cámpora. Cristina dijo que el gobernador fue bendecido con los votos, y tiene razón: aunque el último gobierno fue un desastre fue blanqueado por el voto del conurbado. Kicillof y La Cámpora usan plata del estado sin mirar y piden mayores poderes. 

   --¿Son todos parte de una misma mirada?

   --Buscan un populismo autoritario, quieren quedarse con todo y para siempre. Ese es el proyecto de estos muchachos. En mi libro hago una tomografía computada para concluir que el proyecto kirchnerista es gravísimo. El mundo no se divide entre derecha e izquierda, se divide entre democracia y autocracia, y ellos buscan instalar una autocracia.
“La Cámpora, por ejemplo, busca reemplazar a los barones del conurbano, quedarse con el estado y con los jueces, como un feudo, a partir de un gobierno totalitario y autoritario”.

   --¿Es tan grave lo que está ocurriendo?

   --Hay algunos que creen que no lo es. Pero hoy funciona el ministerio de la venganza. Tratan de meter preso a (Mauricio) Macri, intentan hacer un intercambio de prisioneros, de establecer una auto amnistía encubierta. Lo que está armando el peronismo es de una vergüenza absoluta. Están creando un nuevo relato. Yo he tratado de refutar sus argumentos, pero el kirchnerismo es una máquina de argumentos, algunos malos, otros muy sofisticados.

   --¿Qué piensa de Alberto Fernández?

   --Con Alberto durante más de ocho años hablábamos dos veces por semana, fue un interlocutor importante para entender cómo el peronismo se había convertido en una oligarquía estatal y porqué Cristina hacía lo que hacía. Más allá de pequeñas discrepancias pensábamos iguales. Luego aceptó la propuesta de Cristina.
“Pero para mí Alberto fue fundamental para entender y poder crear una épica republicana que se defienda de todas las mentiras, muy exitosas, que el kirchnerismo institucionalizó. Hoy ese relato se enseña en los colegios, en las facultades, en los medios. El kirchnerismo devastó a la Argentina. Hemos pasado cosas graves, desde la dictadura hasta la proscripción del peronismo, pero creíamos en la cultura del trabajo. A ese país lo devastaron. Es un relato que nos hundió.  Por eso escribí este libro de mil páginas, para refutarlos.

   --Su libro es entonces es algo más que un crítica al gobierno actual.

  --Claro, son diez años de análisis y además no soy un articulista cualquiera que critica al peronismo o al kirchnerismo. El libro es una tomografía a varias ideologías, considera todas las vertientes, que son de altísima complejidad. Muchos de esos lugares son lugares en los que he estado y de los cuales me he ido, no sin dolor, porque no es fácil cambiar, salvo para quienes lo hacen por un interés personal, como los saltimbanquis de la política actual.

   “Por eso es también algo profundamente personal. Intenta construir una historia argentina como hijo y nieto de inmigrantes, que nos sentíamos distintos y éramos pobretones y que muchos adherimos al peronismo, al nacionalismo. Pero ahora el peronismo se ha apoderado de la idea de que ellos son la patria. Pero la patria no son ellos. Somos todos”.

   “Escribí este libro en respuesta a ese gran relato que nos llevó a esta decadencia, lo hice tratando de crear una épica republicana en un país que está acercándose peligrosamente a un punto de no retorno. Desde el gobierno buscan convencer a la sociedad que hacer méritos es malo e intentar progresar es pecaminoso. Se apropian del Estado, van por la Justicia y arrinconan a los medios”, concluyó.

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