Confidentes y consejeros

7/11/2021 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Abogados, psicólogos, psicopedagogos, sacerdotes, médicos, asesores en temáticas específicas, son algunas de las profesiones en las que alguien con ciertos conocimientos y expertise aconsejan y brindan opiniones calificadas como parte de su servicio.

   Una persona ante cierta necesidad recurre a un profesional en busca de asesoramiento. En líneas generales, el vínculo se inicia cuando quien tiene un problema habla y se expresa en una mezcla de exposición y también de catarsis.

   Peluqueros, taxistas, mozos, son también algunos de los rubros en lo que coincidentemente se escucha. ¿Quién no se sentó en el sillón de la peluquería y confesó sus penas? ¿Quién no se desparramó en el asiento trasero de un auto, cual diván, y le contó sus problemas al “tachero”? ¿Cuántas confidencias se inscriben en la mesa o en la barra de un bar?

   No es un mito y tal vez por rutina pero también por necesidad distintos escenarios y distintas profesiones se convierten en una especie de “oreja perfecta” dispuesta a escuchar, en ocasiones también a opinar y contener.

   Vivencias que tal vez la pareja o la propia familia desconoce son reveladas en una sesión de manicura, pero ¿qué es lo que lleva a que una persona se confiese con un extraño?

   Generalmente quien es cliente de determinado lugar superó esa etapa en la que el otro es un extraño, lo que facilita cierta confianza para hablar. A su vez lugares como spa y peluquerías, se caracterizan por ser espacios en los que la persona acude por un servicio y ante la posibilidad de relajarse y distenderse emergen las palabras.

   Algo similar sucede con un trayecto en taxi, al ser conducido, máxime si el trayecto es extenso, el pasajero se relaja y comienza a hablar.

   El bar tiene una nota distintiva ya que si se consume alcohol este tiene una incidencia a nivel cerebral y la persona afloja sus tensiones; distinto es en caso de embriaguez en los que además de hablar surge la verborragia, el llanto y hasta la violencia.

   La informalidad del locutor y un estilo de escucha en el que los juicios de valor quedan a un lado generan las condiciones para buscar apoyo, desahogarse y hacer revelaciones ante desconocidos.

   Peluqueros, masajistas, manicuras y mozos se limitan a escuchar porque también está en juego la posibilidad de perder a un cliente si se emite un juicio desafortunado, por ende se convierte en una especie de espejo que refleja una imagen o escucha en silencio.

   Cuando una situación duele, cuando el enojo se apodera, cuando las emociones parecieran desbordarse es momento de hacer una pausa e intentar poner en palabras esa madeja de sensaciones.

   Así como amistades, familiares, compañeros de trabajo suelen ser muy buenos oyentes lo mismo sucede en el taxi o el bar. Pero lo cierto es que cuando un dolor se torna insoportable, cuando la ansiedad parece gobernarlo todo, cuando la impotencia obtura toda posibilidad de salida se requiere ayuda especializada.

   A veces es un nudo pequeño, otras el enredo es mayor y solo quien se preparó para esa tarea puede ayudar en desanudar un conflicto, los otros espacios tal vez contribuyen a reforzar un síntoma.

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